Una huella de 42 años

Los vecinos de Pilarica recuerdan el papel dinamizador ejercido por los jesuitas, que acaban de abandonar el barrio

ALMA RAMOS| VALLADOLID
Una de las manifestaciones reivindicativas de los vecinos de Pilarica, donde piden viviendas sociales en el barrio./ EL     NORTE/
Una de las manifestaciones reivindicativas de los vecinos de Pilarica, donde piden viviendas sociales en el barrio./ EL NORTE

Cuando la Compañía de Jesús se asentó en el barrio de Pilarica, en 1968, la realidad social y de infraestructuras que existía era muy distinta a la de hoy en día. Además, llegaron en unos años de una gran intensidad, en la que se vislumbraba un cierto cambio cultural, político, económico y, en cierta medida, teológico.

En un primer momento, el barrio recibió a los jesuitas con una cierta desconfianza por las maneras tan diferentes de actuar de los religiosos. Así lo recuerdan varios miembros de la Asociación de Vecinos Pilarica como Alfonso Peña, Auri Bernardo, Pilar Díaz, Federico 'Fede' Albilla y su presidente, José Luis Alcalde. «Fue una revolución. Estamos hablando de que en los años franquistas llegan unos curas con barba, vestidos de paisano, que viven en casas molineras de las más pobres y humildes, hablan de una transformación política y, desde el primer momento, se insertan en la realidad social. Les costó ganarse la confianza de la gente», explican.

El cambio no se produjo de la noche a la mañana. Los jesuitas fueron «uno más de sus impulsores» que, como constata Albilla, «consiguieron aglutinar y unir a la gente en diferentes asociaciones con el fin de superar los problemas existentes. Crearon una conciencia colectiva, supieron inculcar a los vecinos el compromiso del movimiento social». De esta forma, paulatinamente fueron apareciendo colectivos en los diversos estratos de la vida: el grupo de jotas, el de teatro, el de catequesis, el de visitadores de enfermos, el de acción social, el de tiempo libre, el club juvenil El Olmo, el hogar del jubilado, el colectivo de educación para adultos y, entre otros, la propia asociación de vecinos, que está compuesta por 210 socios.

Como dice Alfonso, los religiosos «fueron muy comprometidos y se la jugaron en más de una ocasión». Uno de los episodio que recuerda es que siempre tenían la iglesia abierta a los universitarios, a los maestros y a los obreros, «fuesen creyentes o no». Por ejemplo, continúa, «cuando se produjo la revolución de los claveles de Portugal el 25 de abril de 1974, la iglesia abrió sus puertas para acoger a toda la gente que vino a celebrarlo. Aprendimos a ser críticos y a ver la realidad de otra forma». Este tipo de actuaciones -como la de celebrar reuniones clandestinas con la Biblia en mano por si entraba la policía en la iglesia- provocaron el rechazo de alguna que otra congregación de la ciudad y de las autoridades, quienes recluyeron al primer jesuita que llegó al barrio, Buenaventura Alonso 'Ventura', en el Henar.

Los jesuitas, según Pilar, «supieron implicarse en todos los estratos de la vida, desde los más pequeños, hasta los mayores, y nunca descuidaron su acción religiosa». Celebraron catequesis, campamentos, scouts y convivencias y, también, colaboraron con las Hermanas Auxiliadoras, más conocidas como 'Las Templas', quienes al igual que los jesuitas se introdujeron en el mundo laboral y obrero. «Unos y otros se integraron en el barrio como si fueran unos vecinos más. Si había que limpiar el Esgueva, lo limpiaban con nosotros», recuerda Albilla.

Los 28 religiosos de la Compañía de Jesús que han pasado por Pilarica en los últimos 42 años han dejado su particular huella. Como dice Auri, «yo he ido despertando una fe deliberada desde el punto de vista religioso». Después de tanto tiempo, los tres jesuitas que quedaban en el barrio se marchan. Dos de ellos permanecerán en la ciudad y al tercero lo trasladan a la iglesia del Pozo del Tío Raimundo de Madrid. La razón del cambio de residencia es la falta de personal que se dedica a la vida religiosa, ya que entre los tres no pueden atender a toda la demanda y sólo les queda abandonar parte de sus obras. La decisión provocó diversas reacciones entre los vecinos de Pilarica. Según recordó Auri, «se desembocaron sentimientos de rabia, de tristeza, de pataleta, hasta canalizarlo poco a poco en una postura de decir: tenemos que seguir trabajando».

Agradecimiento

Como muestra de agradecimiento, el barrio despidió a los tres jesuitas con una misa, organizada por casi todos los grupos de la parroquia y una reunión con carácter más festivo, en el que se recordaron -mediante fotografías y diapositivas- todas esas actividades que han realizado a lo largo de estos 42 años. A pesar de que los jesuitas ya no están, la Asociación de Vecinos Pilarica tiene claro que van a seguir reivindicando -como hasta ahora- más mejoras y progreso para su barrio. De momento, piden que las instituciones inviertan en el este y en el norte de la ciudad lo mismo que en el resto de la capital. «Existe un desequilibrio en el desarrollo de Valladolid. El Museo de la Ciencia, las Cortes, el auditorio, el estadio de fútbol... todos estos proyectos se han construido en el sur y el oeste. En cambio, en Pajarillos, San Isidro, Las Flores, Belén y Pilarica estamos más abandonados. Seguiremos reivindicando que la Ciudad de la Justicia se cree aquí. Por fin hemos conseguido que soterren la vía, una petición que hicimos en 1982», admite Alcalde.

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