Mitad cielo, mitad tierra

La iglesia de San Cristóbal domina el pueblo de Lomas, que responde al modelo de paisaje palentino

GONZALO ALCALDE CRESPO| LOMAS
El casco urbano de Lomas, desde el mirador de la iglesia. /FOTOS DE GONZALO ALCALDE CRESPO/
El casco urbano de Lomas, desde el mirador de la iglesia. /FOTOS DE GONZALO ALCALDE CRESPO

El termómetro exterior del coche marcaba 31 grados cuando llegué a Lomas, la que antes era de Campos. Y está claro que lo sigue siendo, pues nada más hay que dar un vistazo alrededor para percibirse de que estamos otra vez metidos de lleno en el modelo más simple de paisaje palentino: mitad cielo y mitad tierra. Por allí no se veía ni a un perro, pues ya se sabe que son los primeros en buscar la sombra. Aunque esto que digo no es del todo cierto, pues en una de las eras del pueblo, cerca del singular y alineado barrio de bodegas que se localizan a la entrada, vi a un vecino que vestido con el traje tradicional de esta tierra en verano -playeras, camiseta y bermudas- daba vueltas en círculo casi sobre sí mismo.

En un principio pensé que al paisano le había cogido una pájara con el calor, y que se había vuelto loco. Pero no, era que estaba hablando con un teléfono móvil, y sólo había cobertura en ese pequeño espacio rural de toda la inmensidad que le rodeaba. ¿Se acuerdan ustedes, cuando nos vendieron la telefonía móvil, que nos decían que habrá cobertura total, pues las conversaciones serán por satélite...? Toma cobertura total y toma satélite.

Pues prepárense, que lo de la TDT va a ser lo mismo, un cuento para hacernos pagar la televisión. Bueno, esperemos que dentro de todo lo malo, no tengamos que irnos a la era para verla.

Como digo, y con lo que estaba cayendo del cielo, temí que en Lomas no iba a ver a nadie. Pero tuve suerte, pues de pronto apareció la furgoneta de Pepín, el panadero de San Cebrián de Campos, que haciendo sonar broncamente la bocina de su furgoneta, reclamaba a los pocos vecinos de Lomas para poder cumplir a rajatabla con aquello del padrenuestro de «danos hoy, nuestro pan de cada día», y parece ser que Pepín se lo dio, supongo que pagando.

Como ninguno de los vecinos que habían salido a por el pan, hizo intención de invitarme a comer, y eso que ya se acercaba la hora, me armé de valor y a pesar de la calorina me fui andando hasta la iglesia de San Cristóbal, que desde un alto, una loma, domina el caserío del pueblo, por la que recibe el nombre el lugar.

Puedo asegurarles que el paseo es de lo más agradable, pues unos bien desarrollados enebros proyectan algo de sombra, a la vez que te regalan su benefactor y hasta casi refrescante aroma.

Recuerdo que esta iglesia parroquial de Lomas, por muchos años estuvo en ruinas, y que la fui a visitar con mi buen amigo Javier Cortes, el que será mil veces mentado y recordado descubridor de la villa romana de la Olmeda.

Por allí solo había cuatro paredones caídos y su gran pila bautismal. Hoy, este templo ha sido totalmente rehabilitado, y eso que todavía allí se ve algún andamio. Conserva gran parte de su cabecera original gótica, la cual se cubre con bóvedas de crucería. Si entramos dentro del templo, podemos admirar un buen Cristo crucificado, un grupo de Santa Ana y la Virgen, y un San Cristóbal, que como ya decíamos ejerce como patrón del pueblo.

Ya fuera de él, y habiéndome instalado en el atrio rodeado de adelfas en flor, puedo hacerme una idea más clara del horizontal paisaje que me rodea y de lo que aloja el casco urbano de Lomas. Por allí veo varios palomares, buenas casas rehabilitadas y una ermita moderna que ejerció de iglesia durante los años que la parroquia estuvo en ruinas, y que está dedicada a Santa Ana. Y a la vez recuerdo que cerca de Lomas existió otro pueblo, que respondía al nombre de Fuentemuñón, que quedó yermo a principios del siglo XV.

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