Tranvías belgas

MARIANO CAÑAS

Eduardo Barral traspasa en agosto de 1889 la concesión del servicio de tranvías a una sociedad belga -los belgas llevan casi todas las concesiones de Europa-, constituyéndose la Sociedad Anónima de Tranvías de Valladolid. La nueva sociedad inicia la instalación de carriles y nuevos tramos entran en funcionamiento, tales como el eje plaza de toros a Puente Mayor; el paso por las diferentes zonas es origen de intensos debates entre la compañía y el Ayuntamiento, la tracción continúa siendo de sangre. Las cocheras de los tranvías se establecieron en el llamado Corralón de San Pablo, propiedad de la Diputación desde 1868, procedente de la desamortización, por 125 pesetas al año. Cuando Alba entra en la Compañía de Tranvías continua arrendado por 500 pesetas, pagaderas por trimestres adelantados, por cuatro años. En 1902 se ordena su desalojo, al ser cedido el solar por la Diputación para construir el actual instituto de enseñanza José Zorrilla.

En las Ordenanzas Municipales de Valladolid de 1886, se reglamenta el funcionamiento de los tranvías -que acaban de instalarse- fijándose que todas las obras a ejecutar en los tranvías deberán ser autorizadas por el Ayuntamiento. Los tranvías deberán conducir gratis a los carteros y agentes de la Autoridad, aun cuando el coche esté lleno, siempre que el servicio público lo exija.

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