La herida del Lunes Santo

La procesión de las Cinco Llagas dedica una oración a los cuatro muertos por la intoxicación de gas en el Ave María

J. OLANO| PALENCIA
Una joven de la Vera Cruz se dispone a colocarse el capirote./
Una joven de la Vera Cruz se dispone a colocarse el capirote.

Era una procesión vivida con entusiasmo. Porque aunque el termómetro bajó, el tiempo respetó ayer la procesión de las Cinco Llagas, más después de que el año pasado tuviera que suspenderse por la lluvia y obligara a trasladar el acto a San Francisco. Además, la procesión cobraba un significado especial en un día trágico como el que vivió Palencia por la muerte de cuatro personas de una misma familia en una intoxicación de gas en el barrio del Ave María.

La procesión comenzó en la Plaza Mayor con el acto del revestimiento, que ha consolidado el interés del público por ver cómo se visten los cofrades y qué significa cada parte del hábito, que se va explicando para divulgar entre los palentinos el sentido de cada prenda. Así, la túnica se corresponde con el cuerpo oculto; el cíngulo, las ataduras de Cristo en la columna; la capa, el manto con el que la Virgen sufrió la muerte de su hijo; la cruz o medalla, el distintivo de cada cofradía; el capirote, la discreción para hacer el bien, y los guantes, la protección de las manos de los duros trabajos.

La procesión de las Cinco Llagas es una invitación a la orientación sobre las cinco heridas que Cristo sufrió en la cruz. Pero el bullicio que se vivía en los soportales de los tres lados de la plaza que acompañan al Ayuntamiento no invitaba precisamente al recogimiento que se corresponde con el sufrimiento de Jesús en el Calvario. Tras la escena en las escalinatas del Ayuntamiento, con el 'Cristo crucificado' del siglo XIV de Alejo de Vahía -una de las tallas más importantes y valiosas de la Semana Santa de Palencia- presidiendo la escena, comenzó la procesión por las calles de la ciudad.

Hacia la Calle Mayor

Abriendo paso hacia la Calle Mayor salieron por la travesía del Secretario Vázquez los cofrades del Cristo Crucificado y Nuestra Madre Dolorosa, organizadores de la procesión de las Cinco Llagas. Les seguía en la comitiva la banda del Cristo de la Misericordia, y cuando el sonido de sus baquetas contra los tambores se acercaba a Villandrando comenzaba a oírse a los cofrades de la Vera Cruz, precedidos en el desfile por la Hermandad Franciscana y por el Cristo de Medinaceli.

Después salían las hermandades de la Soledad y los Nazarenos, muchos de ellos descalzos y con la cruz a cuestas, que también era portada a pocos pasos por los del Santo Sepulcro, también con antorchas. Clausuraba el desfile la música de la Banda del Padre Nuestro y los nazarenos, que abrían camino a la excepcional talla del 'Cristo crucificado' de Alejo de Vahía.

Otros muchos cofrades de unas y otras hermandades, la Banda Municipal de Música y representantes de las instituciones despedían la salida de la Plaza Mayor, que se prolongó media hora, mientras la cabeza del desfile ya estaba en la Plaza de León, donde camino de San Pablo se tuvo un especial recuerdo hacia la herida que dolió ayer con más fuerza a Palencia: las cuatro víctimas por la intoxicación de gas.

Allí, mientras los autobuses urbanos se veían obligados a desviar su recorrido en torno a la Plaza de León, la imagen del cristo crucificado se paró y fue girada hacia el norte de la ciudad, mirando a ese punto trágico del Lunes Santo en Palencia, hacia el Paseo de Victorio Macho, en el Ave María.

El hermano mayor de la cofradía de Jesús Crucificado, Emilio Díaz Ariño, hizo un alto en el recorrido que finalmente les llevaría hasta San Francisco, se retiró el capirote de la cabeza y dedicó una oración a los fallecidos, que hicieron ayer más amarga la herida del Lunes Santo de la Semana Santa de Palencia.

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