La democracia municipal cumple 30 años

Los segovianos acudieron a las urnas el 3 de abril de 1979 para elegir a su alcalde después de muchos años de regidores elegidos a dedo durante el franquismo

FERNANDO ARANGUREN| SEGOVIA

La prolija historia democrática del Ayuntamiento de Segovia está trufada de una y mil batallas, traiciones y componendas. El primer alcalde de la democracia, de Unión de Centro Democrático (UCD), José Antonio López Arranz (1979-1983), acabó apuntalado en el cargo por los ediles socialistas y comunistas tras ser abandonado por buena parte de sus concejales. Su sucesor, Miguel Ángel Trapero, del PSOE (1983-1985), fue apeado a la mitad del mandato por una moción de censura con gato encerrado en la urna, cuya identidad aún no ha sido desentrañada. Similar experiencia vivió Luciano Sánchez Reus (1987-1989), del Centro Democrático y Social (CDS) , al que tumbaron de la Alcaldía sus propios compañeros para instalar en ella al también centrista Juan Antonio Perteguer (1989-1991). Incluso hubo un alcalde entre uno y otro, Félix Navajo, que apenas duró ocho días en el cargo. Años más tarde, López Arranz regresó a la Alcaldía (1999-2003) con apenas 2.005 votos y dos ediles gracias a un pacto con el PP que saltó por los aires en los últimos meses de aquella Corporación. Y entre tanta provisionalidad sólo tres mayorías absolutas, la primera de UCD, la de Ramón Escobar (PP) entre 1995 y 1999 -después de cuatro años en el cargo, de 1991 a 1995, con el apoyo de tres ediles del CDS, y la actual de Pedro Arahuetes (PSOE), tras cuatro años de pacto de gobierno con Izquierda Unida entre el 2003 y el 2007.

Tal que un martes

Pues bien, toda esta enjundiosa historia repleta de episodios estrambóticos e intrigas ignotas comenzó un martes, sí un día laborable, de hace justo treinta años. El 3 de abril de 1979 se celebraron en España las primeras elecciones municipales tras la instauración de la democracia. Para entonces los españoles habían participado, desde la muerte de Franco en noviembre de 1975, en dos elecciones generales, las de junio de 1977 y, apenas un mes antes, en las del 1 de marzo de ese mismo año. También en dos referéndum, el de diciembre de 1976, para validar la Ley para la Reforma Política que supuso la liquidación del régimen franquista y el del 6 de diciembre de 1978 que ratificó la actual Constitución Española alumbrada por el primer Parlamento democrático, surgido de los comicios del 77.

Aquellas elecciones locales de hace ahora 30 años eran las primeras que se celebraban por sufragio universal desde las del 12 de abril de 1931, las que trajeron, sin proponérselo, la II República Española. Atrás quedaban años de nombramientos a dedo y de mordaza para la gestión pública de lo cotidiano, de lo más cercano a los ciudadanos, del devenir de ciudades y pueblos.

Como señalan Mariano González Clavero y Pablo Pérez López en 'La transición en Segovia' (Colección Apuntes de Historia, editorial Cálamo, 2007) a la altura de 1979 la situación de los entes locales «era precaria, existía la sensación de estar trabajando en funciones». Y ello era así porque en octubre de 1976 el primer Gobierno de Adolfo Suárez había decidido aplazar las elecciones locales y la prórroga de los mandatos de concejales y diputados provinciales y no fue hasta el 17 de julio de 1978 cuando se aprobó la ley de elecciones locales pactada con la oposición, que introducía el sistema proporcional de la ley DHont para la distribución de concejales, instauraba los concejos abiertos en los pequeños municipios, restringía las alcaldías a los cabezas de lista e introducía un sistema indirecto de elección para las diputaciones entre los concejales electos de cada partido judicial.

El 12 de marzo del 79, sólo doce días después de las segundas elecciones generales de la democracia, dio comienzo la campaña electoral de las municipales, que los partidos afrontaban exhaustos de ánimos y de dinero. Debían encontrar candidatos para los 212 municipios y las diez entidades locales menores que entonces había en la provincia y el número de candidaturas por municipio fue muy limitado. Clavero y Pérez recuerdan que en Segovia capital sólo concurrieron cuatro formaciones -UCD, PSOE, Partido Comunista de España (PCE) y Movimiento Comunista (MC)--, y en Cuéllar, segunda población segoviana, tres, al no presentarse el PCE.

En general no hubo más de dos candidaturas en los municipios de más de mil habitantes, y en casi todos se presentó UCD, que hubo de enfrentarse a 50 de carácter independiente, algunas de claro signo izquierdista como en Cantalejo y San Ildefonso. En 77 municipios sólo hubo una lista, incluidos dos importantes como Sepúlveda y Santa María la Real de Nieva. En total los centristas presentaron 1.242 candidatos y los socialistas 369 en 49 ayuntamientos, en aquellos donde mejores resultados habían obtenido en las generales de unos días antes.

En la capital el candidato a la Alcaldía de la UCD era el médico odontólogo José Antonio López Arranz, que no había participado activamente en política hasta la llegada de la democracia, aunque para entonces formaba parte de la ejecutiva provincial del partido de Suárez, aquella amalgama de centro-derecha o centro y derecha que se hizo añicos tres años más tarde.

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