Pioneros de la espada

El Valladolid Club de Esgrima cumple su vigésimo aniversario, después de consolidar un deporte desconocido

ALFREDO J. GÓMEZ| VALLADOLID
Los componentes de los equipos masculino y femenino del Valladolid Club de Esgrima posan juntando sus espadas todos a una, antes de uno de sus entrenamientos diarios en el Módulo           Cubierto del Río Esgueva./ REPORTAJE GRÁFICO RICARDO OTAZO/
Los componentes de los equipos masculino y femenino del Valladolid Club de Esgrima posan juntando sus espadas todos a una, antes de uno de sus entrenamientos diarios en el Módulo Cubierto del Río Esgueva./ REPORTAJE GRÁFICO RICARDO OTAZO

Para algunos nostálgicos de Gardel, veinte años no es nada. Para los sacrificados y anónimos integrantes del Valladolid Club de Esgrima, dos décadas han servido para acumular infinidad de anécdotas, para sentir la soledad de los primeros días, la alegría de la compañía de amigos de los años intermedios y la felicidad de saber que han cumplido uno de sus mayores objetivos, consolidar un deporte desconocido y formar una impresionante cantera de tiradores que les ha convertido en la envidia del resto de clubes de España. Como suele ser habitual en los deportes minoritarios, sólo una fe inquebrantable en sus ideas y un trabajo infinito con niños y mayores han podido llevar a este club vallisoletano a celebrar el próximo miércoles día 1 de abril su vigésimo aniversario.

«Durante los primeros cursos de iniciación, la gente pensaba desde que la espada daba descargas eléctricas hasta que era una especie de baile, pero que no se hacía ejercicio físico. Cuando la gente viene, se pone el traje y la careta, se da cuenta de que no tiene nada que ver con lo que piensa al principio. De todas formas la anécdota más repetida es que, como van conectados para que el tocado se refleje en el marcador, piensan que la espada les va a dar un calambrazo», manifiesta Juan Ramón Merino Bocos, el presidente del club y el alma mater, junto a Moncho Alarcia y Cruz Alonso.

«Como una actividad desconocida, la gente preguntaba por el florín, el florete, no saben lo que es la esgrima. A la gente le suenan campanas sin saber dónde».

Esfuerzo divulgativo

«Gracias a la divulgación y al esfuerzo hecho en Valladolid ya se ha podido dar a conocer este deporte. Aunque todavía hay gente en Valladolid que desconoce que ha un club de esgrima, eso después de 20 años y con campeones de España en casi todas las categorías -añade Moncho Alarcia- a veces ya no sabemos qué hacer para que la gente se entere».

El camino comenzó con cursos de iniciación en colaboración con la FMD y el interés de Alberto Labajos, técnico de la misma, al ponerse en contacto con Moncho Alarcia para darle a la ciudad de Valladolid una nueva posibilidad deportiva. El material se consiguió de la Real Federación española de Esgrima, que acogió la idea con entusiasmo y cedió el material básico para comenzar a andar. Todavía hoy en los armarios del VCE sobrevive parte de ese material, vivo recuerdo de esos años.

«Las salas polivalentes del polideportivo Pisuerga fueron el primer escenario de los fondos de esos primeros aventureros que quisieron iniciarse en la esgrima, algo nuevo, original y diferente. Y la cosecha no pudo ser mejor, puesto que el hoy en día presidente de la Federación de Castilla y León, descubrió su nueva pasión en esas salas y todavía continúa plenamente integrado en la esgrima de la ciudad y de la región».

Varios cursos más tarde y con aproximadamente 20 personas con la ilusión de aprender más, empujaron a los responsables de esa locura a ir un paso más allá y con la incorporación de Isabel Torres y Cruz J. Alonso, ambos con su título de Maestro de Armas bajo el brazo, alumbraron a la criatura un frío 15 de noviembre de 1988.

Nacía así el Valladolid Club de Esgrima, que no afirmó su actividad hasta la temporada 88-89 con 2 grupos estables, uno de adultos y otros de niños que seguían trabajando dos días a la semana en el Polideportivo Pisuerga. Fueron años de ideas, trabajo, reuniones, y trasiego de material, exhibiciones en el Campo Grande y la mirada sorprendida de los que veían a esos 'raros' de las espadas.

Llegó Juan Ramón Merino, también con su título de Maestro de Armas y se cerró el círculo, ya estaba completo el plantel, que hoy sigue dejándose la piel en la pista, para llevar al VCE a lo más alto.

«Fuimos el primer club de España en tener patrocinador. Le agradecimos mucho a Helios que nos ayudara económicamente y nosotros llevábamos su nombre en el traje. Era la primera vez que se veía publicidad en los impolutos trajes blancos de los tiradores. Y nos preguntaban qué era eso de Helios, si el nombre del club, alguna cosa rara. Ahora, también gracias a Dismeva podemos seguir compitiendo y asumir retos que de otra manera sería absolutamente imposible. Y seguimos siendo de los pocos clubes que tenemos publicidad. Y somos pioneros en España en el tema de la publicidad y la esponsorización de los equipos».

El Polideportivo Canterac fue su nueva casa. «Las imágenes de nuestros niños, los primeros que apostaron por este arte, todavía permanecen en nuestra memoria y en las fotos: José Miguel, Dani, Rafa, Curro, Cristina, etc. La gente no se puede hacer una idea de los que era entrar en los antiguos vestuarios de Canterac que las cabinas eran de ladrillo y tener que tirar todo para hacer nosotros mismos la instalación adecuada. Tirando tabiques, pintar, poner la moqueta, todo. Hay que estar para un roto y para un descosido».

Comenzaron los viajes a Madrid en el tren de las 5.30 horas para competir a las 9.00 y competición, bocata y después de la paliza , vuelta a casa. «Nuestros esforzados Dani, Elena, Patricia Camille, Julio, Roberto , etc, siempre con la misma ilusión, empezaban a dejarse ver y oir en la esgrima nacional». Con las primeras Copas del Mundo, el nombre de Valladolid sonó por toda Europa.