La separada de Autillo

La iglesia de Santa Eufemia, neoclásica del siglo XVIII, tiene una torre exenta de cuatro cuerpos

GONZALO ALCALDE CRESPO| AUTILLO DE CAMPOS
El puente, uno de los más atractivos de la cuenca del río Valdeginate./
El puente, uno de los más atractivos de la cuenca del río Valdeginate.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el vocablo isla como porción de tierra rodeada de agua por todas partes. Para describir la villa palentina de Autillo de Campos, lo más correcto sería decir que es un pueblo de la comarca de Campos rodeado de tierra por todas sus partes, menos por dos pequeñas por las que discurren el río Valdeginate y el Canal de Castilla.

Como soy curioso y quería ver por dónde pasaba el Valdeginate en Autillo, entré en el pueblo por el puente que lo traspone, que por cierto es uno de los más atractivos de los muchos que este autóctono río terracampino aguanta sobre su dilatada cuenca. Está claro que el ingeniero que lo trazó puso su mejor hacer en ello, pues diseñó un puente donde se mezclan formas romanas (tajamares, arcos de medio punto) con elementos medievales, como su perfil en lomo de asno, lo que le convierte en toda una maqueta del buen arte pontonero de los profesionales del siglo pasado.

Sin alejarnos mucho de este puente, veremos que a su vera se localiza la que fuera ermita del Cristo del Humilladero, que fue vendida a un particular para poder construir la casa parroquial. Aunque hay quien nos asevera que el mencionado Cristo perdió las simpatías del pueblo porque al ser sacado en rogativa un año de sequía no sólo no trajo la lluvia sino que apedreó los campos, dando al traste con la menguada cosecha que ese año había.

Otelo, un hito

Para saber si todo esto era cierto o no, recurrí a dos amigos que trabajan y residen en Autillo, dos buenos ejemplos de agricultores jóvenes -aunque ellos dicen que ya no lo son tanto-, Jesús Enríquez Castro y Ángel Castro. Les interrumpí en sus faenas agrícolas, llegando a venir directamente del campo con su tractor para compartir conmigo lo mucho y curioso que puede contemplarse en esta agradable y acogedora villa terracampina.

Aunque a alguien le pueda parecer mentira, Otelo -como se denominaba al lugar en 1230- es un hito histórico de Castilla y de León. En este pequeño rincón de la Tierra de Campos palentina se forjó la unión histórica y definitiva de los entonces reinos de Castilla y León, al ser coronado allí monarca de ambos reinos Fernando III el Santo, hijo de la reina doña Berenguela, que había encontrado refugio en esta villa cuando fue acosada por un sector de la nobleza que no estaba muy de acuerdo.

Mas hay quien asegura que la pequeña imagen románica de la Virgen de las Batallas o del Castillo que se venera en su iglesia parroquial -cuyo cincuenta aniversario de su coronación se celebrará este año- es la imagen que el mencionado monarca transportaba en el arzón de su silla de montar. Por otro lado, los restos de un macizo edificio que se conserva en un extremo de la Plaza Mayor del pueblo son del palacio que la reina ocupara.

Pero la obra de arte por excelencia de Autillo es su iglesia parroquial de Santa Eufemia, un curioso edificio neoclásico del siglo XVIII que tiene una torre exenta de cuatro cuerpos, que algunos llaman la separada de Autillo y que se ha pretendido que ejerciese como mirador sobre esta parte de la Tierra de Campos, pero por ahora no se ha conseguido.

El templo aloja un imponente retablo mayor barroco, una sillería de coro en madera de nogal con bellas tallas, y otras obras de arte de gran valor, como un retrato de Francisco de Reinoso, abad de Husillos y obispo de Córdoba -del que no guardan muy buen recuerdo en la ciudad andaluza-, que nació en esta villa en 1534 y que llegó a ser Camarero y Maestresala (otros dicen que secretario secreto) del Papa Pío V.

Todo un personaje histórico que tuvo una azarosa vida, a la que se une la de un gallego -segador para más señas- que pasó por Autillo, y sobre quien gira una leyenda. Si quieres conocerla, no te quedará otro remedio, viajero, que pasarte por Autillo para que te la cuenten.

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