«Tuve la posibilidad de ser secretario de Estado con Isabel Tocino y lo rechacé»

El político hace balance de casi treinta años dedicados a la política al pasar a la jubilación como jefe del Servicio de Industria de la Junta

FERNANDO CABALLERO| PALENCIA
Jambrina observa la fotografía del primer gobierno de la Junta al que perteneció, en la exposición de los 25 años de autonomía. / J. RUIZ/
Jambrina observa la fotografía del primer gobierno de la Junta al que perteneció, en la exposición de los 25 años de autonomía. / J. RUIZ

Francisco Jambrina Sastre ha sido un político querido en Palencia. Fue el primer alcalde de la democracia y en esos años alcanzó una gran popularidad, que mantiene en una ciudad pequeña donde la relación humana es muy importante para los políticos. Jubilado desde el 1 de enero pasado, ahora hace balance de su vida política. La entrevista se realiza coincidiendo con la exposición sobre los 25 años de autonomía en Castilla y León, cinco lustros en los que él ha ocupado cargos relevantes en la administración regional.

-¿Con qué impresión salió de la exposición el día que la visitó?

-Me sirvió para recordar una historia muy reciente, aunque 25 años ya suponen una cifra importante. Te vienen a la cabeza historias muy curiosas, como la del castillo de Monzón, donde se reunieron aquellos procuradores de la pre-autonomía, donde se juntaban partidos que no llegaban a un acuerdo porque las fuerzas entre el PSOE y AP estaban entonces muy equilibradas. Pero fue una etapa donde la ilusión se derrochaba por todos los poros y sin ello no hubiéramos llegado a donde estábamos. En España también se estaba empujando en esa línea y no podíamos quedarnos atrás en Castilla y León. Fue una época apasionante y bonita. Yo entonces era alcalde y quizás no era consciente de lo que estaban haciendo en aquel momento. Ahora vemos cómo se ha llevado adelante la descentralización. Vemos cómo se gobierna desde un punto de vista más cercano, en el que lo lógico es acertar más en los problemas que tienen los ciudadanos. En definitiva, fue una etapa en la que hubo luces, sombras y muchas dificultades. Dificultades, sobre todo al principio, porque se estaba luchando contra el propio sentimiento que los ciudadanos tenían sobre lo que era la tierra suya de Castilla y León. Había un sentimiento de pueblo, de España y de la provincia, pero no había un sentimiento de comunidad y la verdad es que está costando que llegue a haber un sentimiento arraigado de comunidad.

-¿Una vez que se ha jubilado, qué balance hace de su vida política?

-Mi conclusión es que en todos los cargos que he tenido el denominador común ha sido la ilusión. Todo lo que he hecho me ha gustado hacerlo, y con ilusión de hacerlo lo mejor que podía. Para mí, que provengo del medio rural, me gusta el medio rural y siempre que puedo voy en el medio rural, resultó una paradoja ser alcalde de Palencia porque quisieron los palentinos. Sin embargo, nos implicamos con la ciudad de Palencia con una ilusión que derrochábamos. Éramos novatos todos, iniciábamos una etapa con los primeros ayuntamientos democráticos y aquello era, como decía Machado, hacer camino al andar todos los días. No sabíamos lo que iba a pasar al día siguiente porque no conocíamos los entresijos de la vida municipal, pero creo que se hizo una gran labor en Palencia, y sobre todo con los palentinos, lo que para mí es un motivo de orgullo especial.

-¿Ha tomado alguna decisión política de la que se ha arrepentido?

-No soy consciente de ninguna de carácter importante. Siempre las cosas se pueden hacer mejor, pero creo que yo necesito darle muchas vueltas a los asuntos, no me gusta improvisar, y cuando tomo una decisión es inamovible y la llevo adelante. En política, gobernar es decidir y no recuerdo que ninguna de esas decisiones haya traído consigo una consecuencia adversa. Fue muy dura, por ejemplo, la decisión de llevar adelante el centro de residuos tóxicos en Santovenia, en Valladolid, cuando era consejero de Medio Ambiente. Dudé muchísimo con aquella idea, con una oposición tremenda de los ecologistas y de los vecinos del pueblo, y yo tuve que apechugar con esa decisión desagradable, pero hubo que hacerlo. La prueba de que al final fue acertada es que ahora piden más centros de residuos, porque salva a las empresas de muchas cosas.

-¿Qué recuerda más de su época como consejero?

-También nos tocó ir haciendo camino, porque cuando yo llegué, la Consejería de Medio Ambiente tenía sólo un año de vida y entonces empezaba a ponerse de moda. Conseguir poner al medio ambiente como el condimento de todas las actividades humanas era el gran reto, y se llegó a lograr. Hoy ya nadie habla de nada sin tener en cuenta el medio ambiente. Abrimos el diálogo a la sociedad para meternos todos en el mismo saco de defender el entorno. Los había que se oponían a todo y otros que defendían todo, y se trataba de buscar un equilibrio. Hoy hablar de desarrollo sostenible es algo común.

-Siempre ha tenido oposición, en el Ayuntamiento al PSOE y en la Junta a los ecologistas. ¿Cómo se ha llevado con la oposición?

-En el Ayuntamiento yo era un poco ingenuo. Yo gobernaba con trece concejales, dos de Coalición Democrática y los UCD, y el resto eran socialistas y comunistas. Los palentinos quisieron que el Ayuntamiento de Palencia estuviera compuesto así y yo repartí las comisiones de gobierno y las concejalías en la misma proporción que el resultado que había salido de las urnas. La oposición tuvo responsabilidades de área. Después las dejaron, no porque el alcalde se lo impusiera, sino porque se dieron cuenta que eso era colaborar con el grupo que gobernaba. Organicé las cosas de otra manera, de forma que la UCD llevó casi todas las responsabilidades. Era mi manera de entender la democracia y el gran error que se ha cometido muchas veces es criticar sistemáticamente lo que dice el de otro partido. La oposición era muy dura, no teníamos experiencia y hubo que soportar situaciones delicadas. No puedo pasar por alto la comprensión de los palentinos y mi eterno agradecimiento. Que una ciudad te elija alcalde y te apoye en los momentos más duros no merece más que gratitud permanente, durante toda la vida.

-¿Cómo fue su relación con los ecologistas?

-Había de todo, pero la relación no fue mala, porque sabíamos en qué campo jugaba cada uno, y porque tenía como estrecho colaborador a una persona que se entendía con ellos y me servía de intermediario. Exceptuando la planta de tratamiento de residuos tóxicos de santovenia, el resto entraba dentro de la normalidad. Teníamos más argumentos a favor que en contra con ellos para llevar las políticas que estábamos haciendo. Si un espacio natural ha llegado hasta una determinada situación no es por casualidad, sino porque había vivido allí gente que lo había conservado. Esa política nos dio muy buen resultado. No ha habido tensiones importantes en la declaración de los espacios naturales protegidos.

Sin espinas de rencor

-¿Hay alguna espina clavada de no haber logrado en política algo que hubiera deseado?

-He tenido la gran suerte de no perder la ilusión en las cosas que iba asumiendo, de rodearme de equipos muy buenos y de no tener ambiciones desorbitadas. Tuve la oportunidad de irme a Madrid y dije que no. He trabajado por Palencia primero y por Castilla y León después, con total entrega y convencimiento, creyendo que aquí yo podía aportar algo y que en Madrid no se me había perdido nada. Estoy satisfecho de las etapas en las que he ido pasando, contento porque he hecho lo que me gustaba en cada momento y no tengo espinas de rencor, porque es una flor que se marchita rápido.

-¿Qué posibilidad tuvo de ir a Madrid?

-Cuando a Isabel Tocino la nombraron ministra de Medio Ambiente, quiso que yo le acompañara como secretario de Estado.

-¿Habría ahora alguna oferta que le cautivara para volver a la política?

-Ninguna. Estoy encantado como estoy ahora.

-¿El espíritu que hubo en los años en que se fraguaron los ayuntamientos y las autonomías sería necesario ahora?

-Quizás por la prudencia de los gobernantes de entonces y porque se reconocía que nadie estaba en disposición de la verdad absoluta, en aquella época había más disposición al diálogo y a la colaboración. Eso lo pusieron de manifiesto en situaciones críticas, como los Pactos de Moncloa. En un país con problemas graves fueron capaces de ponerse de acuerdo partidos tan distantes como el Partido Comunista con Alianza Popular o con la UCD de Suárez, que era el hombre moderador, dialogante. Esto lo echo de menos.

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