Una vecina escultora

JOAQUÍN MARTÍN DE UÑA
Una vecina escultora

E n tiempos en que el márquetin y algunos seudocríticos promocionan como arte ciertos lienzos pintarrajeados, acuarelas, fotografías y grabados producto de programas informáticos, así como llaman esculturas a deshechos de viejos trasteros, más o menos alterados, para comunicar mensajes que no conocen ni sus propios autores, resulta alentador visitar una exposición de escultura en que están presentes la creatividad, el trabajo bien hecho y la sensibilidad estética, en la que el tratamiento de materiales clásicos de las esculturas que pueblan la Historia del Arte en el mundo, lejos de algunos de los materiales utilizados en nuestros días (como la producción en serie de piezas moldeadas en plástico), une al disfrute de las piezas expuestas, la pervivencia de una forma auténtica de entender la verdadera vocación a través del trabajo constantemente superado de su autora. Carmen Tablada es una escultora asturiana, de Oviedo, que hace años vino a Valladolid destinada a la Magistratura de Trabajo establecida en la plaza del Poniente. Forma parte de una familia conocida por la actividad artística de varios de sus miembros que destacan y han destacado como excelentes pintores. Contrajo matrimonio en nuestra ciudad, con un vallisoletano, residiendo desde entonces en ella al igual que sus tres hijos y tres nietos. Parte de su abundante obra se expone estos días en una sala de la plaza de España.

Frente a las grandes moles de hierro y cemento que caracterizan a muchos escultores actuales, Carmen Tablada realiza su obra en bronce patinado de pequeño tamaño, en alguna de las cuales integra geodas, (piedras semipreciosas que tapizan el hueco de una roca), concebidas para poner en los domicilios de sus poseedores lo agradable y lo bello del realismo artístico, enmarcado dentro del concepto surrealista, como define la autora su estilo.

Otras notas del trabajo de Carmen Tablada, creadora de personas y animales (preferentemente mujeres enjoyadas y adornadas, así como toros), algunas de cuyas composiciones aparecen montadas en sencillas carretas. La autora deja a la imaginación del espectador el título de sus obras. Producen especial admiración las obras que su autora define como 'Inspiración', 'Mujer caracol' y 'Rey Midas' (incorporada a una geoda de amatistas). De entre las obras instaladas en carrozas se puede destacar la 'Carreta folclórica', en la que varios toros mansos tañen diversos instrumentos y que pone la nota de humor en la serie dedicada a los toros de lidia. La obra de esta escultora ha sido reconocida por la ciudad de su vecindad al colocar una de sus obras dedicadas a los toros en el coso taurino del Paseo de Zorrilla, y titular con su nombre una calle, que se inicia en la antigua carretera de Rueda y finalizará en el referido paseo. Jubilada en su actividad profesional y limitadas, por la edad, sus posibilidades escultóricas, Carmen ha canalizado su actividad artística hacia la pintura procediendo a su formación en un estudio vallisoletano.

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