Memoria y Justicia recuerda a Atilano Coco, pastor protestante de Salamanca fusilado en la Guerra Civil

Fue detenido en agosto de 1936 y asesinado en diciembre en el monte de La Orbada, aunque «se desconoce el paradero de sus restos»

F. GÓMEZ| SALAMANCA
Atilano Coco./ EL NORTE/
Atilano Coco./ EL NORTE

La Asociación Salamanca Memoria y Justicia realizó ayer el primer homenaje a la figura de Atilano Coco Martín, el único pastor protestante que se encontraba en la ciudad salmantina al comienzo de la Guerra Civil y que fue fusilado por las tropas franquistas a los pocos meses de contienda.

El acto, que contó con la presencia de representantes de la Iglesia Española Reformada Episcopal -la comunidad anglicana en España-, a la que pertenecía Atilano Coco, incluyó un recuerdo a sus aportaciones al mundo «de la democracia y la tolerancia en España», según el historiador Ricardo Robledo.

El historiador, vicepresidente de la Asociación Memoria y Justicia, recordó que Atilano Coco «era un hombre comprometido con una España laica desde su visión de cristiano, un problema que todavía tenemos pendiente». Esa condición, sumada a su cargo de dirigente de Unión Republicana y de venerable maestro de la Logia Helmántica, colectivo masón, «lo convirtieron en un claro objetivo de los franquistas».

En el homenaje, Robledo recordó que Atilano Coco fue detenido en agosto de 1936 por los militares y llevado a la Prisión Provincial de Salamanca, donde fue condenado a muerte.

Según consta históricamente, la carta que la esposa del pastor protestante envió a Miguel de Unamuno notificando que a pesar de las gestiones que había realizado el pensando con el propio Franco, Atilano Coco iba a ser ejecutado, provocó la ira del rector en su célebre enfrentamiento con Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca.

Robledo recordó que la famosa proclama «venceréis pero no convenceréis» fue escrita por Unamuno antes de ser pronunciada aquel 12 de octubre de 1936 precisamente en el sobre de la carta que le había enviado la mujer del clérigo.

Después de aquel acto, Atilano Coco, fue sacado de la cárcel el 9 de diciembre por orden del Comandante Militar de Salamanca y fusilado en el monte de La Orbada «sin formación de causa y sin ser sometido a juicio», señaló Robledo, que insistió en que «se desconoce el paradero de sus restos mortales».