Chantatachán... sí quiero

El célebre mago Juan Tamariz se casa en el Ayuntamiento de Segovia con la colombiana Consuelo Lorgia

CARLOS ÁLVARO| SEGOVIA
Juan Tamariz y Consuelo Lorgia se besan tras darse el 'sí quiero', ayer, en Segovia. / ANTONIO DE TORRE/
Juan Tamariz y Consuelo Lorgia se besan tras darse el 'sí quiero', ayer, en Segovia. / ANTONIO DE TORRE

Juan Tamariz entonó ayer su cuarto 'sí quiero' en el Ayuntamiento de Segovia. Lo hizo en privado, ante un puñado de buenos amigos y con su hija Ana como madrina de bodas. Fue una ceremonia corta, pero íntima y cálida, a pesar del hielo que estaba cayendo sobre la ciudad del Acueducto, que ayer amaneció completamente cubierta por la nieve.

El célebre prestidigitador contrajo ayer matrimonio con la colombiana Consuelo Lorgia, maga como él. Tamariz eligió como escenario de su cuarta boda la romántica Segovia. «Más mágico que Segovia no lo hay», dijo el mago en la puerta del Ayuntamiento, durante los largos veinte minutos que estuvo esperando a la novia.

Tamariz llegó al Ayuntamiento a pie, ya de noche. Venía contento, como es él, tocado con un sombrero negro y en pantalones vaqueros. Sonriente, despachó besos a diestro y siniestro, y el padrino, Alfredo, hijo de la novia, trató de colocarle sin mucho éxito un adorno en la solapa: «Creo que no me he traído el ojal», bromeó el famoso mago. El artista reconoció sentirse feliz de estar en Segovia. «Es bellísima --dijo-. He venido muchísimo y estoy encantado de la vida de estar en ella. Todo un deseo».

Por fin llegó la novia. E iba vestida como tal, de blanco radiante, aunque bien abrigada con un chaquetón. La hija de Juan, Ana Tamariz, fue la primera que se abrazó a ella para darle la enhorabuena. Ya dentro del Ayuntamiento estaba su futuro marido, que no dudó en cogerla del brazo. Ya juntos, subieron en pareja la escalinata que conduce al antiguo salón de plenos. Allí, ante el alcalde de Segovia, Pedro Arahuetes, se dieron el sí quiero. Dicen quienes estuvieron presentes que fue una ceremonia diferente y divertida, como cabía esperar por otra parte. La sesión fotográfica tuvo lugar después en la Sala Blanca, donde cuelgan dos retratos de la reina Isabel II y su esposo, Francisco de Asís.

La fiesta terminó en el restaurante La Floresta, muy cerca del Ayuntamiento, donde se celebró el banquete y los recién casados pudieron brindar por su felicidad con los más allegados.

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