Un elenco excepcional

EMILIANO ALLENDE

I domeneo es la primera ópera en la que Mozart anuncia su talento dramático que reafirmaría poco después. La rotundidad de sus personajes fue mostrada con altísimo nivel por un elenco de excepción, bajo la dirección efectiva y flexible de René Jacobs. La talla de los solistas contribuyó a completar una versión en la que la mayor virtud fue el equilibrio. Para ello, Jacobs dio merecida importancia no sólo a las arias, sino a los recitativos que compitieron en expresión con ellas.

Entre los solistas, la soprano Alexandrina Pendatchanska hizo una 'Electra' de gran peso. Su voz densa y rica en todo el registro desplegó el vigor del personaje, alcanzando el cenit en el aria final 'Doreste, Daiace', de endiabladas agilidades. Las voces de Robert Croft y Bernarda Fink fueron lecciones de perfección técnica. Bella desde el registro grave en el tenor, que resolvió con maestría los dificilísimos adornos en 'Fuor del mar', y elegante la mezzo en 'Il padre adorato', con una parte dulcísima. La soprano coreana Sunhae Im lució envidiable frescura dentro de un timbre limpio, nítido y ágil en 'Se il padre perdei', e incluso el 'Arbace' del tenor Kenneth Tarver fue convincente en sus arriesgados ornamentos.

La orquesta sonó con exquisita flexibilidad y afinación, formando un compacto conjunto con un excepcional coro de voces maduras, que plasmó la atmósfera dramática de modo magistral en 'O voto tremendo' y en los números de voces divididas. Excelente resultado para una obra de una talla humana conmovedora.

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