Inicio con chasco

El Real Valladolid se deja en casa las virtudes mostradas en una pretemporada impecable y acaba derrotado en un partido con poco juego y menos ocasiones

A. G. ENCINAS| ENVIADO ESPECIAL A BARCELONA
Marcos trata de ganar la acción al espanyolista Valdo. / RAMÓN GÓMEZ/
Marcos trata de ganar la acción al espanyolista Valdo. / RAMÓN GÓMEZ

El Real Valladolid debía saber que su partido no se veía por televisión y decidió guardarse la mejor versión de sí mismo para otro día. Así se explica que ayer en Montjuic no apareciera ni una sola de las virtudes que ha exhibido en el tramo final de la pretemporada, y sí todos los defectos de un conjunto en plena preparación estival. No se puede achacar, además, a la falta de cohesión, puesto que en el once inicial sólo había dos novedades, las de Prieto y Goitom. Ni tampoco al desconocimiento del sistema táctico, por mucho que Mendilibar pusiera en liza tres centrocampistas, Álvaro Rubio, Borja y Vivar Dorado. Ya lo hizo en Villarreal y ante el Athletic. Así que el petardazo de ayer debe ser más una de esas cosas que pasan en las jornadas iniciales de los campeonatos.

No es que el Valladolid llegara como favorito al encuentro, faltaría más. Pero sí había cierta confianza por lo visto últimamente. Por el contrario, el Espanyol vivía las horas previas al debut más pendiente del mercado que del rival, y con unos resultados más discretos. El mundo al revés.Llega la Liga, lo de verdad, lo serio, lo que demuestra que los resultados de pretemporada no valen de nada, y confirma la regla.

Lo más chocante es que al Real Valladolid le va a venir bien el absurdo parón liguero que ha deparado este calendario. No habrá segunda jornada hasta dentro de dos semanas. Tiempo para pensar. Para aclarar ideas. Pero sobre todo tiempo para recuperar el espíritu. No del golpe moral, que es lo de menos en la primera jornada, sino el toque guerrero y batallador que tenía el equipo.

El juego del Valladolid se basa en la presión, en robar y en salir al ataque con rapidez. Y el del Espanyol, en De la Peña. En la primera parte, el tándem Borja-Vivar, con Álvaro Rubio por detrás, colapsó a De la Peña. Bien por ese lado. Pero tuvo una contraindicación. Nadie era capaz de iniciar el ataque con fluidez cuando se robaba el balón. Cuando por fin se abría hacia una banda, principalmente la de Jonathan Sesma, los centrocampistas no llegaban a posiciones de remate a tiempo. Una vez que lo hizo Borja, acabó por los suelos y con Ayza Gámez pasando por alto un penalti clamoroso. La presencia de Goitom, al mismo tiempo, parece servir de excusa perfecta para los centrocampistas. Como no se puede construir, se le deja el balón al central o a Pedro López para que pegue un pelotazo hacia Goitom, que saltó siempre en inferioridad de condiciones, contra dos o tres rivales y sin ningún compañero que acudiera en su ayuda.

Precisamente Goitom protagonizó alguna de esas jugadas estrambóticas que suceden cuando un partido te sale al revés. Por ejemplo en una falta botada hacia el área españolista. Iba a la frontal del área pequeña, y Goitom se colocó en posición de ¡bajar la pelota! Como si le fueran a dejar. No fue el único. Con el partido ya en contra, en la segunda parte, Luis García corre a por un balón que se va a ir de banda. Vivar Dorado, al trote, sigue la jugada sin mucho ánimo. Tal es así que Luis García se lanza al suelo, rebaña el balón, lo mantiene dentro del campo, se levanta y tiene tiempo de sortear la entrada tardía -excesivamente tardía- de Vivar Dorado.

Para colmo de males, el cambio de Borja dejó todo el espacio a De la Peña, que fue en definitiva quien rompió el encuentro. El cántabro aprovechó que Vivar se olvidó de él mientras veía a Álvaro Rubio presionar a Román. Cuando el argentino sacó el balón hacia De la Peña, Vivar ya estaba a un mundo de distancia. Abrió a Luis García, éste recortó en el área y marcó.

El Real Valladolid sólo apretó al final, por corazón y por genio, pero también porque Kike, Víctor y Ogbeche dieron otro aire al ataque. Entre que salieron tarde y que la noche estaba torcida desde el principio, no pudo ser. El próximo día será otra cosa. No puede ser de otra forma.