Otra goleada antes de la Liga

El Athletic de Caparrós apenas presentó oposición ante un Real Valladolid que volvió a ver puerta con mucha facilidad

A. G. ENCINAS| VALLADOLID
Sesma felicita a Kike tras el primer gol blanquivioleta. / REPORTAJE GRÁFICO DE GABRIEL VILLAMIL/
Sesma felicita a Kike tras el primer gol blanquivioleta. / REPORTAJE GRÁFICO DE GABRIEL VILLAMIL

Los partidos de pretemporada invitan a la siesta. Aunque se jueguen de noche. Y el Athletic de Bilbao le puso al Valladolid en bandeja la almohada y la sábana. Delante de Vicente del Bosque, toda la zaga presuntamente aguerrida de Caparrós se convirtió en una alfombra roja. Mal día para ver a Amorebieta, desde luego.

El Valladolid se limitó a aprovechar esas facilidades en dos jugadas a balón parado que remacharon Kike y Vivar Dorado. Pocos minutos después, el centrocampista repetía tras un fallo en cadena de toda la defensa rojiblanca, que dejó pasar un centro raso de Sesma por entre un barullo de piernas. Era el minuto 20 y el partido ya estaba 3-0.

Esta fue la invitación del Athletic a la siesta. El Valladolid la aceptó y se la echó durante lo que quedaba del primer tiempo y parte del segundo. A ello colaboró, por supuesto, el habitual carrusel de cambios de estos partidos. Mendilibar puso en liza un 4-3-3 similar al que empleó en Villarreal, con Jesús Rueda por detrás de Vivar y Borja. El equipo lo interpretó mal, cedió el balón al Athletic y tardó en acoplarse, y los rojiblancos lo agradecieron con dos goles a balón parado. Uno en un saque de esquina y el otro en una falta tocada por Yeste que no llegó a rozar nadie. Si lo hubieran hecho, habría sido fuera de juego, pero es que ningún jugador del Athletic rozó la pelota. El sorprendido Valladolid veía cómo los de Caparrós recortaban en unos minutos una distancia que parecía insalvable.

Mendilibar puso remedio con un solo cambio. Quitó a Borja y puso a Álvaro Rubio. Una cuestión de disciplina táctica. Rubio es más certero que Borja a la hora de decidir si debe jugar unos metros más hacia adelante o hacia atrás. Puso algo más de orden, y con eso bastó.

El Valladolid jugó entonces con el balón y sin él. Siguió con su sempiterna presión sobre el rival, sin dejar demasiados huecos, y volvió a encontrar la fluidez de medio de campo hacia arriba. El 4-2, para colmo, lo remachó Vivar Dorado tras una jugada perfecta. Toque de Ogbeche hacia Sesma, centro al segundo palo y el madrileño tiene tiempo de controlar el balón, verlo botar, armar la pierna y fusilar a placer. Lo del 5-2 fue un adorno, un penalti de ésos que jamás le pitarán al Valladolid en la Liga y que transformó Javi Baraja en un rotundo 5-2.

Golear en pretemporada no quiere decir nada. Y menos contra un rival adormilado. Pero lo cierto es que el Valladolid ha conseguido marcar cinco goles al Villarreal y cinco al Athletic en apenas una semana. Suficiente como para armar de moral al equipo y llegar al inicio de Liga con la autoestima alta.

Esto no debe tapar, sin embargo, algunas de las carencias que Mendilibar ha observado en los últimos encuentros. Entre ellas, esta facilidad para encajar goles a balón parado. Uno en Villarreal y dos ayer. El Valladolid no se puede permitir encajar goles porque no va a poder marcar siempre cinco tantos para ganar los encuentros. Y ayer Fernando Llorente cabeceó a placer el primero -cierto es que tiene una e nvergadura superior al resto- y Yeste marcó por puro churro una de esas faltas frontales en las que el Valladolid acostumbra a tirar el fuera de juego. El caso es que nadie tocó el balón, Asenjo se quedó bajo los palos y cuando quiso reaccionar el esférico estaba dentro.

Al técnico blanquivioleta tampoco le debe gustar demasiado esa forma de perder el sitio que se vio en la segunda mitad. Por mucho que los cambios obligaran a cosas tan estrambóticas como ver a Óscar Sánchez como interior diestro, lo cierto es que uno de los puntos fuertes de este equipo es la disciplina táctica. La presión, los movimientos del equipo sin balón y la colocación en el campo. Y eso ayer se perdió en algunos momentos.

Invictos

Por el lado positivo está el hecho de que se ha superado la pretemporada sin perder ni un solo encuentro. Que se han marcado diez goles en los dos últimos encuentros. Que los aficionados han vibrado con su equipo y con las buenas actuaciones de jugadores como Aguirre, que ha regresado con el punto de forma idóneo, o de Escudero y Goitom. Esta semana servirá para trabajar tranquilos, pulir los detalles de los últimos fichajes y llegar al partido del Espanyol con la moral a tope. Y para saber que a partir del domingo las siestas, aun con ventaja en el marcador, se pagan.