De capa caída

Pese al éxito de Sastre en el Tour, el ciclismo de la región está en horas bajas y se echa de menos un recambio a los profesionales actuales

SERGIO ÁLVAREZ| VALLADOLID
El pelotón de la Vuelta Ciclista a Castilla y León se dispone a comenzar en Segovia una etapa de la pasada edición de la carrera. / GABRIEL VILLAMIL/
El pelotón de la Vuelta Ciclista a Castilla y León se dispone a comenzar en Segovia una etapa de la pasada edición de la carrera. / GABRIEL VILLAMIL

Quedan lejos los tiempos en que los Delgado, Arroyo o Cubino llenaban las portadas de los periódicos deportivos con sus gestas. Hoy, veinte años después, esos privilegios quedan reservados a españoles, sí, pero de distinta geografía. No se puede obviar la fabulosa victoria de Carlos Sastre en el Tour de Francia, pero lo cierto es que cada día salen menos corredores profesionales de Castilla y León.

Además del ciclista del CSC, Íñigo Cuesta, Ricardo Serrano y Moisés Dueñas, pendiente de su sanción por el positivo de la ronda gala, conforman la escasa terna de corredores de la región en el pelotón mundial. Relegados al anonimato quedan viejas glorias como Paco Mancebo o Eladio Jiménez, mientras otros como David Navas se han visto obligados a colgar la bicicleta ante la falta de ofertas.

Un problema de base

Tanto José Luis López Cerrón como Javier Mínguez, antiguos directores, coinciden en que el problema principal se encuentra en el ciclismo de base. «Para que haya gente arriba tiene que haber una buena organización por abajo. Ahora no hay equipos amateur organizados, como sí que había en mi época», asegura Mínguez, que llevó a lo más alto del panorama internacional a Vitalicio y Amaya en los años 90. «Lo que habría que analizar para explicar el problema es el ciclismo de base. Hace 20 años había menos alternativas y los niños siempre tenían una bici, por lo que, o jugaban con el balon, o andaban en bicicleta», comenta López Cerrón, inseparable de Javier a lo largo de su carrera.

También antiguos ciclistas como Lale Cubino o Juan Carlos Domínguez sostienen esa teoría. «Ha bajado el número de jóvenes que practican el deporte y hay mucha diversidad en las actividades que pueden elegir los más pequeños. Hoy en día están los videojuegos y los ordenadores, que han pegado fuerte, y los niños sólo hacen eso», señala apesadumbrado Domínguez. Lale, con el que el de Íscar coincidió en el Kelme, tiene un punto de vista similar. «Antes había muchos más niños, pero ahora prefieren dedicarse a otras cosas». Se ha pasado de una generación plagada de pequeños Induráin a otra que tiene por referentes a Nadal y Alonso.

Lo cierto es que cada día hay menos pequeños que tienen el ciclismo en la cabeza. La explosión que produjo el 'efecto Perico' aficionó a muchos niños al ciclismo. Esos chavales son los profesionales de la actualidad, pero para ellos no hay recambio pese a la buena cantera que aún existe en Ávila y Salamanca. Jesús González, ayudante del padre del último ganador del Tour, Victor Sastre, en la Fundación que este dirige en El Barraco, cree que es necesaria más gente que se implique en ese ciclismo. «Los que formamos parte de la base lo hacemos de manera altruista, por eso cada vez hay menos gente. Si colaborasen más personas, habría más niños que se interesarían por este deporte». Habla desde la experiencia que ha adquirido después de trabajar durante muchos años con los niños.

Demasiadas muertes

Tampoco el reguero de muertes en la carretera ha beneficiado la aparición de nuevos profesionales de la bicicleta. Todo comenzó el 11 de febrero de 1994. En plena era Induráin. Su sucesor, Antonio Martín, flamante fichaje de Banesto después del portentoso Tour que realizó en el año 1993, nos dejó en la carretera. Después vinieron Mariano Rojas y Saúl Morales, entre otros, también atropellados. Sin embargo, la imagen que más pervive en las retinas de los aficionados es la del accidente de los hermanos Otxoa el 15 de febrero de 2001, prácticamente 7 años después de la muerte de Martín. Por su cercanía, pero también por el impacto que generó en el público. Todos habíamos empujado a Javier Otxoa cuando el año anterior conseguía vencer en Hautacam por delante de un desatado Lance Armstrong. Las secuelas que dejó en el corredor pero, sobre todo, la muerte de su hermano Ricardo, calaron en el gran público. La palabra ciclismo pasó de reflejar la imagen de Perico entrando de amarillo en París, a la del accidente de los Otxoa.

Es un miedo que también tienen presente los propios corredores. «La peligrosidad del propio deporte supone una amenaza para los niños. Hay muchos atropellos y tragedias y los padres no quieren que sus hijos practiquen el ciclismo, por lo que salen menos corredores», afirma Cubino. Domínguez, que también padeció este problema cuando entrenaba, añade que cada vez hay más jóvenes que se pasan al ciclismo de montaña «por el riesgo que supone practicarlo en carretera».

El veneno del dopaje

Otro aspecto muy importante, casi tabú en el ciclismo, es el del dopaje. Nada parece haber cambiado pese al escándalo Festina del Tour de 1998. Al contrario, la famosa Operación Puerto de hace dos años ha acrecentado la mala imagen de los ciclistas, que repercute en los más pequeños a la hora de escoger un deporte u otro. «Parece que los ciclistas no han entendido nada de lo que ha pasado en estos diez años», sentencia, al respecto, Mínguez.

Diez años de charlas entre corredores, equipos, directores, médicos y patrocinadores que no han resuelto nada. Al contrario. «Antes había una sanción de seis meses que no tenía apenas repercusión en el público y que se podía cumplir cuando al ciclista le viniera bien, pero ahora es una falta grave y muy mal vista» señala Cubino, que añade que «no se entiende que los corredores sigan tomando esos riesgos».

Para Domínguez, las leyes son desmesuradas y están excesivamente centradas en el ciclismo. «El dopaje no es un tema único del ciclismo. En la Operación Puerto había otros deportes y Eufemiano Fuentes lo reconoció, pero no interesó investigarlo». Juan Carlos reclama la misma limpieza que se exige a los ciclistas y avisa que el dopaje no fabrica campeones. «No hay una pócima secreta. Está el ejemplo de Miguel y Prudencio Induráin. Uno era un súper clase y el otro un buen profesional que, por mucho que hubiera tomado, no habría llegado a ser como Miguel».

El desastre Pro Tour

Dopaje al margen, la creación del circuito Pro Tour acabó por destrozar el pelotón. Los equipos pequeños tuvieron que desaparecer. Las grandes vueltas no aseguraban la presencia de sus equipos nacionales en la prueba y, al no garantizar esa importante fuente de ingresos, las empresas dejaron de invertir en ciclismo.

En este sentido, López Cerrón, que también es organizador de la Vuelta Ciclista a Castilla y León, cree que este es uno de los principales problemas del ciclismo actual. «Antes, los equipos pequeños corrían todo el calendario nacional, algo que ahora no se puede garantizar». En relación, Ricardo Serrano, corredor profesional vallisoletano, afirma que la creación del circuito Pro Tour «es el gran error del ciclismo», pues «mueve muchos intereses que a la larga han generado todos los problemas actuales».

El anticipado final del Pro Tour permitirá el relanzamiento de los equipos profesionales españoles y abrirá la puerta a los ciclistas de la región que pretenden pasar a profesionales. Tal vez, entonces, sea el momento de que Castilla y León invierta en un equipo regional a la imagen del Euskaltel, el Karpin Galicia o el Andalucía Caja Sur. Tal vez, así, volverán a llegar a profesionales corredores que alimenten el recuerdo de los Pipe Gómez, Ángel Castresana o Carmelo Miranda. Que se han quedado en eso, en recuerdo.