La fábrica de paños de Segovia

La Diputación vitalicia de la Fábrica de Paños, supuso uno de los intento de modernizar la industria textil segoviana

ALFONSO DE CEBALLOS-ESCALERA Y GILA HISTORIADOR

E L 7 de julio de 2008 se cumplirá el tercer centenario del establecimiento de la Diputación de la Fábrica de Paños, una institución que tuvo una gran importancia en la historia segoviana.

Es sabido que hubo una circunstancia histórica que hizo peculiar a Segovia respecto de otras capitales castellanas: la industria textil, que la convirtió en la primera ciudad fabril de todos los reinos de Castilla y León, y que extendió su nombre por todo el orbe. Por eso a la Segovia de los siglos XV al XVIII los historiadores hemos dado en llamarla la Segovia de los paños: porque fue en la ciudad de Segovia en donde por vez primera durante el periodo medieval castellano se documenta la actividad de la industria textil, una actividad industrial que ya había alcanzado fama en todo el Reino durante el siglo XIII. Esta industria pañera segoviana alcanzó un auge notabilísimo entre 1480 y 1550 -las primeras ordenanzas generales del obraje de paños se promulgarían en Sevilla el 1 de junio de 1511-, y se sustentaba sobre una inmensa cabaña de ovejas merinas trashumantes que, tras su paso por los numerosos esquileos de la zona, producían una lana finísima que alcanzó justa fama en toda Europa. Además, al éxito de la propia industria de la fabricación de paños -realizada por una masa laboral de tejedores, apartadores, cardadores, pelaires, tintoreros, tundidores...- se sumó la aparición de una verdadera nobleza urbana basada en el comercio, que difundió los productos segovianos desde la América hispana hasta los mercados de Flandes e Italia: eran los mercaderes o hacedores de paños, a los que el cronista barroco Diego de Colmenares llamaba señores de los paños.

Hacia 1580, casi el sesenta por ciento de la población segoviana -3279 vecinos- dependía de la industria textil. La ciudad contaba con unos seiscientos telares y quince batanes, y producía aproximadamente más de 16.000 piezas de paño de a 40 varas de longitud (33,4 metros) en cada año, nada menos. Son los días que crearían la imagen del segoviano como un hombre económico, esto es, como un gran empresario.

Pero, tras una época de auge más o menos constante, que concluye aproximadamente en 1598 -coincidiendo con una gran peste que asoló la ciudad-, la industria pañera segoviana comenzó, a partir de 1610-1627, un lento declive que no dejó de preocupar a gobernantes y a fabricantes, sucediéndose los intentos por hallar remedios. Pronunciada ya la crisis industrial, será durante el denostado reinado de Don Carlos II -la ciudad aún mantenía la cuarta parte de los que funcionaban un siglo antes- cuando se lleven a la práctica importantes reformas, iniciadas en 1680 con la creación de la Junta de Comercio, y continuadas mediante la real provisión por la cual quedó establecido el Sello Real de Paños, una entidad pública dependiente de la Corona, pero controlada por la denominada Fábrica de Paños de Segovia, que no era más que un gremio o sindicato de fabricantes.

Ya en la siguiente centuria, los monarcas de la Casa de Borbón se distinguirán por su reformismo mercantilista -eliminación de barreras internas, reformas tributarias y monetarias, fomento del comercio-, cuyas manifestaciones en la industria textil de Segovia serán la institución de la Diputación vitalicia del Sello Real de Paños el 7 de julio de 1708, y nuevas ordenanzas que se van sucediendo hasta 1789, en que se publican las últimas ordenanzas textiles.

La aludida real cédula de 7 de julio de 1708 estableció el gobierno de la Fábrica segoviana mediante una Diputación compuesta por doce diputados vitalicios nombrados por el Rey, que bajo la supervisión del corregidor y del propio Ayuntamiento asistían a las labores de control de calidad y de sellado esos doce fabricantes, según el turno mensual establecido que se sorteaba entre ellos. A consecuencia de esa real cédula, y durante todo el siglo XVIII, en la Casa del Sello se reunieron las juntas y asambleas de la Fábrica de Paños segoviana, es decir el colegio de los fabricantes de paños, presidida por sus doce diputados vitalicios, para decidir y acordar sobre las cuestiones de su interés. Yo creo que no se ha prestado la suficiente atención, por parte de los estudiosos de la industria pañera segoviana, al hecho de que el Rey nombrase en 1708, al tiempo de instituir la Fábrica como una especie de sindicato patronal, a doce fabricantes como Diputados vitalicios de esa institución, lo que suponía de iure y de facto entregarles el control absoluto de la producción segoviana.

Durante el siglo XVIII la industria textil segoviana se había recuperado ya y era sin duda próspera, pues se estima la producción media anual en algo menos de la mitad de la alcanzada a finales del siglo XVI, su época de mayor auge. La instalación de industrias fabriles modernas -la Real Compañía en 1763, la Real Fábrica de Ortiz de Paz en 1779- supuso una notable innovación tecnológica basada en el maquinismo. Pero quizá la novedad llegaba ya tarde a Segovia: apenas existían en la ciudad ya los gruesos capitales necesarios para construir e instalar las máquinas, y tampoco trabajadores especializados para manejar esas máquinas.

A partir de la francesada de 1808, y de la terrible guerra que la siguió, la producción pañera fue decayendo, sin que alcanzasen ya a recuperarla los intentos de varios fabricantes, pues las máquinas que introdujeron para mejorar la industria sufrieron sucesivos incendios (1817, 1820 y 1827), seguramente intencionados. Tampoco dieron el resultado apetecido las uniones de varios fabricantes, en 1836 y en 1842, para fundar nuevas industrias de hilar, cardar, tundir, perchar y abatanar, aprovechando la fuerza hidráulica del río Eresma. Se pasó así de una producción que todavía era digna en 1815 (4271 paños), a una producción meramente testimonial en 1849 (50 paños). La crisis era ya insuperable, y por fin en 1862 se extinguió definitivamente la antiquísima Fábrica segoviana, siendo enajenados sus bienes -casas, industrias, batanes y retinas- al conocido financiero segoviano residente en Madrid don Melitón Martín.

La Diputación vitalicia de la Fábrica de Paños segoviana, creada por decisión regia el 7 de julio de 1708 con sede en la Casa del Sello de Paños, supuso uno de los principales intentos realizados por la Corona y los fabricantes de paños para modernizar la entonces decadente industria textil segoviana, y fue en buena medida un intento logrado, ya que propició el auge industrial segoviano durante los siguientes cien años. Merece, pues, el recuerdo de su conmemoración.

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