Tertulias de café

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'Tertulia de La Suiza', pintado por Luis Martí Alonso en 1914. De izquierda a derecha, Remigio García, Tomás González, Campomanes (sentado), Luis Martí (de uniforme), Sindulfo de la Fuente (sentado), Julián María Otero, señor Ibáñez (sentado), Francisco Martín Pajares, Julio Juan Blanquer (sentado), Luis Rincón Lazcano, Julián Blanc (sentado), Andrés Marcos Callejo, Julián Polo, Miguel Rodríguez Redondo (sentado), Jorge Zurdo (sentado), Isaac Jimeno, Alejandro Barba (sentado) y Andrés Reguera. / ESTUDIOS SEGOVIANOS/
'Tertulia de La Suiza', pintado por Luis Martí Alonso en 1914. De izquierda a derecha, Remigio García, Tomás González, Campomanes (sentado), Luis Martí (de uniforme), Sindulfo de la Fuente (sentado), Julián María Otero, señor Ibáñez (sentado), Francisco Martín Pajares, Julio Juan Blanquer (sentado), Luis Rincón Lazcano, Julián Blanc (sentado), Andrés Marcos Callejo, Julián Polo, Miguel Rodríguez Redondo (sentado), Jorge Zurdo (sentado), Isaac Jimeno, Alejandro Barba (sentado) y Andrés Reguera. / ESTUDIOS SEGOVIANOS

Hablar de tertulias en los viejos cafés segovianos es imaginarse a Antonio Machado sentado en el velador, tocado con un sombrero y las dos manos apoyadas sobre su bastón. Esa fotografía que está en la cabeza de todos es obra de Alfonso, pero no está tirada en Segovia, sino en el madrileño café de Las Salesas. Pero la pose del poeta no dista mucho de la que solía mostrar en los cafés segovianos que tanto marcaron la vida provinciana de las primeras décadas del siglo XX. Los cafés de la Unión, Juan Bravo o Castilla fueron los preferidos de don Antonio para pasar las tardes del crudo invierno.

Las tertulias en Segovia son anteriores a la llegada de Antonio Machado en diciembre de 1919. El Casino de la Unión, el café La Suiza y el 'Diario de Avisos' aglutinaron en los primeros años del nuevo siglo las principales charlas de café. En la primera tomaban parte los socios de una institución que llevaba existiendo desde 1835. Por lo general, se trataba de personas hacendadas, propietarios, industriales, militares, docentes y profesionales liberales que encontraron en los salones del viejo Casino de la Unión -ubicado en la calle Juan Bravo, muy cerca de la plazuela del Corpus- un lugar ideal para la conversación cultivada y el recreo. Los periodistas José Rodao y Vicente Fernández Berzal; los médicos Sebastián Borreguero y Lucas de Andrés; el corredor de comercio y concejal Antonio Well; el jefe municipal de Arbolado, Marcelo Laínez Ortiz de Paz; el ferretero Andrés Arana; el notario Ángel de Arce, etcétera, eran asiduos del Casino. La política, con las guerras de Cuba y África de fondo, acaparaba la conversación.

El café La Suiza, ubicado en plena Plaza Mayor, también acogió 'distinguidas' charlas vespertinas en las que participaban empleados de la administración, artilleros, docentes, industriales y comerciantes. La Suiza era el lugar de reunión predilecto de la clase adinerada, que ocupaba los reservados a salvo de miradas indiscretas.

Los dibujantes Manuel y Luis Martí Alonso dejaron testimonio gráfico de ambas tertulias, caricaturas de personajes que en su día tuvieron verdadero peso en la vida política y social de la ciudad.

Carlos Martín Crespo, impresor y periodista, recuerda en sus 'Crónicas del Segovia viejo' (1952) los antiguos cafés segovianos, tan distintos de los «modernizados y bulliciosos» establecimientos del momento en que escribe, mediado el siglo XX. Martín habla de «aquellas salas, solitarias y tristes, oscuras y somnolientas, con sus espejos de molduras doradas, sus columnas de color indefinido y al fondo el laberíntico mostrador, en el que se colocaban con estudiada simetría las botellas de licores de las marcas más conocidas por entonces». Sólo las personas de cierta categoría social y los graves señores frecuentaban esos cafés, lugares ideales para la lectura y el intercambio de impresiones.

El 'Diario de Avisos'

El 'Diario de Avisos' ha sido uno de los mejores periódicos que se han editado en Segovia. Lo fundó Gregorio Bernabé Pedrazuela en 1899 y salió a la calle durante diecisiete años, hasta 1916. Su redacción, ubicada en la plaza de Guevara, albergó durante años una singular tertulia que tenía lugar al caer la tarde y en torno a los asuntos que vertebraban la actualidad del día. Daniel Zuloaga, el ceramista, tuvo la genial idea de dibujar con un carboncillo en una pared los rostros de los integrantes de aquel encuentro casi nocturno. Era el año 1900 y allí estaban, además del propio Zuloaga, Vicente Maeso, José de Zárraga, Ezequiel del Olmo, José Quevedo, Félix Gila, Sebastián Borreguero, Rufino Cano de Rueda, Gregorio Bernabé Pedrazuela, José Rodao, Ángel Arce, Juan Gavilán, Mariano Sáez Romero, Silverio de Ochoa o José García Quiza, es decir, periodistas, abogados, médicos y escritores que a diario diseccionaban la vida provinciana y nacional.

La tertulia en la que participó Machado no nació con él ni en torno a él, contra lo que pudiera pensarse, sino antes de que el poeta llegara a Segovia en diciembre de 1919. Don Antonio se encontró la tertulia hecha y abierta, en palabras de Pablo de Andrés Cobos, integrante de aquellas sesiones que protagonizaron los jóvenes intelectuales 'zurdos' (o sea, de izquierdas), impregnados ya del espíritu renovador y regeneracionista. Machado era mayor que todos ellos -había nacido en 1875- pero se integró a la perfección en la tertulia que hacia 1916 fundaron los jovencísimos Mariano Quintanilla, Juan José Llovet y Julián María Otero. En ese grupo inicial también estuvieron Marceliano Álvarez Cerón, Juanito Cáceres e Ignacio Carral, amigos todos de Blas José Zambrano, profesor en Segovia desde 1910.

«Aunque mis recuerdos han situado la tertulia en el café asotabancado de la Unión, en la Calle Real -recuerda Cobos-, acaso no tuviera domicilio cuando don Antonio llegó y tampoco lo tuvo nunca exclusivo, con asientos circunstanciales en otros cafés, y con otro muy significativo en el taller de Fernando Arranz, el ceramista, compartido con Emiliano Barral el escultor».

Talentos

Son años de sueños y proyectos, de apasionadas discusiones de arte y literatura, de profundas ansias de renovación, y las tertulias constituyen el elemento canalizador de toda esa fuerza joven que irradia de los talentos que a ellas acuden. Machado lo pasaba en grande. Lo cuenta Mariano Grau, entonces un poeta que empezaba. «Por las tardes, algunas veces, (Machado) solía concurrir a una tertulia literaria que, primero en el café Juan Bravo y después en el de la Unión, habíamos constituido el grupo de amigos que entonces nos adiestrábamos en el martirio de la pluma, víctimas del morbo literario. Machado gustaba de escuchar a todos y reía de buena gana las ocurrencias o los donaires de los más agudos, si bien su risa nunca fue estridente ni ruidosa (...) Invariablemente, el gotear de la taza del café en sus ropas y la adherencia de la ceniza al cigarro, iban añadiendo nuevas manchas en sus trajes, precio de su innata distracción».

La tertulia en el taller que Fernando Arranz tenía en la antigua capilla de San Gregorio, junto al antiguo matadero de la Casa del Sol, marcó toda una época en los primeros años de la década de 1920. El diario 'La Tierra de Segovia', de tendencia liberal, fundado a iniciativa de Feliciano Burgos, se alimentó de aquellas charlas. José Tudela, también amigo de Machado, dirá que 'La Tierra de Segovia', que se publicó entre 1919 y 1922, fue el mejor periódico de provincias de su tiempo. Blas Zambrano fue su redactor jefe. También nutrió la tertulia la emergente Universidad Popular, que tan brillante labor hizo en aquellos años en favor de la instrucción de las clases proletarias. El semanario 'Segovia', fundado en 1923 por Ignacio Carral, dio cabida a casi todos los intelectuales y artistas de la tertulia de Fernando Arranz, así como la revista literaria y cultural 'Manantial' (1928), dirigida por Marceliano Álvarez Cerón y Julián María Otero.

«Al menos en mi recuerdo -prosigue Cobos-, junto a don Blas y don Antonio, en la cabecera de la tertulia, aparecen, y como maestros, Julián María Otero, por su sensibilidad, y Mariano Quintanilla, por su sapiencia». En torno a ellos se sientan los todavía más jóvenes Juan Zuloaga, Juan de Contreras, Luis Martín García-Marcos, Jesús Unturbe, Mariano Grau, Eugenio de la Torre Agero, etcétera. La mayoría reanudó los contactos tras la guerra civil y siguió asistiendo a las tertulias, aunque Segovia, bajo el franquismo, ya no era ni su sombra.

Machado frecuentó el café de la Unión hasta el final de sus días en la ciudad. Rubén Landa, amigo personal y profesor del instituto General y Técnico, revela en unas memorias que sobre los veladores de este establecimiento se confeccionó la candidatura republicana que saldría triunfadora de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Como hombre de su tiempo, don Antonio asimila la cultura de los cafés como ámbitos para la lectura, la escritura, la reunión y la conversación amena. En una carta que envía a su amigo Miguel de Unamuno en 1922, el poeta le confiesa que sólo en los viejos cafés de Segovia logra «un poco de aislamiento para la lectura y el trabajo».

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