El obrero que dejó su sueño incompleto

J. S.

El chalé inacabado que domina la ladera sur de Parquesol representa el símbolo de una época urbanística de la ciudad en la que florecieron constructores surgidos literalmente del andamio como Antonio Alfonso. Éste fue el primer impulsor de la barriada en la que hoy viven 26.368 vecinos a pesar de que su proyecto de plan parcial, aprobado por el Ministerio de la Vivienda el 31 de marzo de 1977, fue un sonado fracaso que acabó paralizando el primer equipo de Gobierno de la democracia, presidido por Tomás Rodríguez Bolaños, al comprobar que «no desarrollaba los viales -fue la primera vez que se obligó a urbanizar antes de construir-».

La figura de Antonio Alfonso surgió en la década de los sesenta -llegó a ser presidente del Real Valladolid entre 1967 y 1970- después de unos inicios modestos como obrero que le llevaron a promover bloques de viviendas humildes en Delicias. Allí consiguió reunir un «importante capital» con el que comenzó a invertir en la compra del suelo del monte que hoy ocupan decenas de bloques de viviendas y que entonces copaban gallineros particulares. Para él se reservó la parcela 63, un vasto terreno con las mejores vistas de la ciudad de 7.530 metros cuadrados, en la que en 1978 comenzó a construir la que, en apariencia, estaba a llamar a ser la mansión más lujosa de la ciudad.

El proyecto no fue bien y los siete años de paralización del plan parcial -cuando decenas de vecinos ya habían adelantado dinero para los futuros pisos- le llevó a vender el plan a la sociedad Parquesol presidida por Marcos Fernández. Él desapareció luego de la escena pública.