«Perdemos el 40% de las energías en conflictos que tienen solución previa»

Una jornada nacional sobre inteligencia emocional defenderá su aplicación desde la escuela

A. CORBILLÓN A. C.
Jesús Gallego, en uno de sus cursos de formación. / EL NORTE/
Jesús Gallego, en uno de sus cursos de formación. / EL NORTE

Aseguran los expertos en conducta que el 80% del éxito social y laboral depende del manejo 'inteligente' de las emociones. Un dato que se puede extender al resto de aspectos vitales: vida social, amor, amistad... España sigue siendo epidérmica y visceral, sin que el mayor o menor nivel intelectual determine muchos comportamientos. Jesús Gallego (Valladolid, 1972) dirige este fin de semana en Valladolid las IV Jornadas Nacionales de Inteligencia Emocional en la Educación Infantil. Especializado en asesorar a las empresas en la gestión de su 'capital emocional', considera que el aprendizaje en la tierna infancia evitaría muchos conflictos futuros.

-Inteligencia y emocional parecen antítesis. Aunque ahora usted me confirmará que los sentimientos también están en el cerebro y no en el corazón.

-Efectivamente. Cada vez se están publicando más cosas sobre el cerebro y las emociones y qué referencias hay. Es un error de la mente olvidar la otra 'pata' del ser humano que son las emociones. Estamos acostumbrados a que nos evalúen el coeficiente intelectual desde niños, pero no la inteligencia emocional, aunque ya hay métodos fiables para ello.

Una encuesta el pasado año de la Universidad Carlos III sobre qué pedían las empresas a los jóvenes concluyó que, en el 95% de los casos, incluían las competencias emocionales, que tienen que ver con trabajo en equipo, espíritu de colaboración, comunicación, etc.

-¿Hasta qué punto saber gestionar nuestras emociones condiciona los éxitos o fracasos vitales?

-En alta dirección, los estudios aseguran que el 90% de las decisiones son intuitivas, tienen que ver con ese proceso no racional, más emotivo, y que lleva a tomar las decisiones no tanto por hechos sino por sentimientos o evaluaciones automáticas. La gente necesita pararse a reflexionar un poco sobre cómo es su comportamiento. Y, por otro, analizar esos momentos en los que se puede gestar un conflicto y tener esa paz interior para saber prevenir ese problema.

-Vivimos en una sociedad conflictiva, pero ¿no le parece que muchos problemas son artificiales, que los creamos sólo para justificarnos?

-Perdemos hasta un 40% de nuestro tiempo gestionando conflictos que se podían haber resuelto de otra manera, previa. Está bastante demostrado que, con altos coeficientes intelectuales, la gente puede no saber comportarse y fracasar en las relaciones sociales, que es más importante a la hora de colaborar con los demás que tener ese coeficiente mental.

-Creemos vivir en una sociedad con conceptos muy democráticos, con libertad de todo tipo. ¿No tiene la sensación de que cada vez las relaciones de las organizaciones son más piramidales, con esquemas cercanos al organigrama militar?

-Eso está muy implantado en la empresa española, pero es peor en la administración, que va incluso unos pasos por detrás. La educación que hemos tenido nos ha llevado a mantener ese liderazgo del que habla. Desde el punto de vista emocional, la autoridad significa separación y soledad. Y esa efectividad inicial del ordeno y mando, deviene en un liderazgo poco efectivo y muy distante.

Técnica o comunicación

-¿Cómo están influyendo las nuevas comunicaciones, que ahorran el contacto físico entre personas?

-Nos está despistando bastante. Acabamos comprometiéndonos menos con los demás, lo que al final es poner menos emocionalidad en la relación con el otro. Ahora, al hablar de las diferencias entre unas organizaciones y otras, se tiene más claro que esa distinción no está tanto en la técnica como en el capital humano.

-El psiquiatra de cabecera español, Jose Antonio Marina, publicó hace unos años 'La inteligencia fracasada'. Destacaba como el descontrol de las emociones acaba con cerebros privilegiados y también lo contrario: personas muy sencillas que saben manejar ambos planos.

-Por eso encontramos personas sin estudios con un altísimo nivel de inteligencia emocional y otros de gran nivel que se saben relacionar muy poco. He participado hace poco en el Congreso Internacional de Inteligencia Emocional en Johanesburgo (Sudáfrica) y me sorprendió el gran nivel de muchos africanos al relacionarse con los demás. No importaba que no tuvieran el mismo idioma. Con toda su corporeidad, sus gestos, te hacían sentir que estabas en tu casa. Te sentías mucho mejor que algunas invitaciones de aparente corrección del alto 'staff' del congreso sin ninguna implicación emocional.

-Pero también dependerá de lugar. No es lo mismo en Finlandia que en una sociedad tan epidérmica como la mediterránea.

-Claro, es contextual. Pero los expertos insisten en que hay seis emociones básicas que toda la humanidad expresa y siente de la misma manera. Pero cada sociedad las oculta de una forma u otra. Se parte de una creencia que es que mostrar las emociones nos hace vulnerables. La cuestión es si no somos igual de vulnerables no mostrándolas.-Estas jornadas en Valladolid se centran en la educación infantil.

-Tratamos de dar a los padres y educadores las herramientas para que ellos sepan manejarse inteligentemente desde el punto de vista emocional. Ellos son los espejos a los que los niños copian. Y trataremos de volcar todos esos mecanismos potenciales de padres y maestros para que sepan usarlos. Y alguna herramienta para que los niños, ya desde pequeños, sepan cómo expresarse emocionalmente. Y, sobre todo, manejar su vocabulario. El lenguaje es cada vez más pobre y las emociones las expresamos a través de la palabra.

- ¿Habría que integrar estos conceptos en los esquemas educativos?

-Después de dar muchos cursos y conferencias de formación en colegios, pero también en empresas, me estoy acordando de un ingeniero aeronáutico que fue el número uno en el colegio y la universidad, era director general, pero nadie le había enseñado nada de todo esto en 40 años de vida laboral. Es frustrante para una sociedad en la que tratamos de vivir muy deprisa y se nos olvida lo importante. Por eso sería fundamental que se incluyera en los libros de texto.

-La UE le encargó un informe a Jacques Delors hace diez años y concluyó que había que enseñar a regular las emociones para mejorar las relaciones sociales. ¿Hemos avanzado algo en este tiempo?

-Muy poco. Estamos demasiado condicionados por lo que nos ha sucedido antes y reaccionamos a sucesos en lugar de elegir oportunidades. Hace solo 15 años que los expertos se han puesto de acuerdo para definir el término 'inteligencia', después de 100 años de discusión.