El CD Benavente fue su peor enemigo ante un Cerecedo más ordenado y voluntarioso

El conjunto que dirige Adolfo Redondo se hundió al verse con un 0-2 en contra en tan sólo 13 minutos de juego

JUANMA DE SAÁ
Amavisca empuja al rival para que pierda el control del esférico. / SUSANA M. MADRID/
Amavisca empuja al rival para que pierda el control del esférico. / SUSANA M. MADRID

Aquel viejo adagio puesto de moda hace casi una década por Adolfo Redondo, cuando decía que 'el Benavente es el Benavente', volvió a sonar ayer con fuerza en Los Salados, aunque sin sonrisas en los labios. Y es que, después de contemplar el dislate balompédico que el Benavente desgranó ante un Cerecedo netamente inferior, el único comentario posible era ése, completando el vehemente «todavía no puedo creer el partido que he visto» que el técnico pronunció antes de la rueda de prensa.

El empate del Astorga ante el Guijuelo dejaba la cabeza de la tabla a un solo punto para el Benavente contando, eso sí, la victoria cantada frente a un Cerecedo que sólo había logrado marcar un gol al colista para sumar un único punto en seis jornadas. Y, precisamente, la valoración de la debilidad del rival -rubricada por el hecho de que acudía sin portero suplente y con sólo tres jugadores en el banquillo- fue el germen de la derrota para los de Adolfo Redondo, sabedores de su fortaleza.

Los jugadores de Marcelino Santos eran conscientes de que sus posibilidades pasaban por marcar pronto y replegarse cuanto antes ante uno de los gallitos del grupo. Así lo intentó desde el principio, aplicando presión para intentar sorprender a Merino, con Sergio robando balones en primera línea y cediendo pases a Pipe, que corría por la banda derecha. En este contexto, Luis Gallego no logra aprovechar una aproximación al área visitante y lo que parecía peligro claro a favor se convirtió en peligro claro en contra. Gorka pierde un balón en el centro del campo y Pipe consigue adelantar al Cerecedo cuando sólo habían transcurrido ocho minutos de juego.

El delirio para los visitantes y la cara de funeral para los locales coincidieron cinco minutos después, cuando Merino ve llegar un balón sencillo, lo pide en voz alta y Amavisca lo toca con intención de acercárselo, con tan mala fortuna que se cuela en al portería. En sólo trece minutos, el Cerecedo contabilizaba a costa del Benavente el doble de goles que había registrado en las seis primeras jornadas.

Caos

A partir de ahí, se puede decir que se acabó el partido. Los 'tomateros' se hundieron sin remedio y ni siquiera el tanto de Alijas tras un córner sacado por Jesús sirvió para asentar los ánimos. Tras el descanso, el juego del Benavente fue peor todavía, marcado por la precipitación, el desorden absoluto, la falta de mordiente y la práctica inexistencia de ocasiones claras de gol. De hecho, el Cerecedo dispuso de tres oportunidades para ampliar su cuenta, aunque el 1-2 ya sería definitivo y no experimentaría variaciones.