¿Quintanilla volverá a ser de Abajo?

Multitud de pueblos y templos de la provincia acumulan decenas de vestigios de la dictadura

C. CATALINA R. RUANO
Placa a los caídos en la iglesia de Matapozuelos. / FRAN JIMÉNEZ/
Placa a los caídos en la iglesia de Matapozuelos. / FRAN JIMÉNEZ

Pocos son los municipios de la provincia que no conservan en su entramado de calles algún símbolo franquista. En el caso de Quintanilla de Onésimo incluso el propio nombre de la localidad recuerda esa etapa de la historia de España. Su alcalde, Juan Moreno, no quiere ni oír hablar de un proyecto de ley, el de la Memoria Histórica, que en su opinión sólo conseguirá «levantar ampollas, abrir heridas y desenterrar un pasado que estaba ya casi olvidado».

Será difícil entonces que el municipio en el que nació el dirigente nacionalsindicalista Onésimo Redondo (1905-1936) recupere su nombre originario, así se llamaba cuando él nació, de Quintanilla de Abajo (o de Yuso).

Dice el regidor de Candidatura Independiente que nadie en Quintanilla de Onésimo ha manifestado sentirse ofendido por esas referencias que marcan, en definitiva, una pequeña parte de la historia de una localidad que vio nacer a Onésimo Redondo. «Para el Ayuntamiento no es una prioridad remover conciencias y sacar a relucir aquello que el noventa por ciento de la población ha olvidado. Considero que es un desacierto, es una polémica artificial que corre el riesgo de convertirse en una confrontación real», considera Moreno.

Ni mucho menos se plantean los representantes municipales la posibilidad de cambiar el nombre al pueblo porque, añade el alcalde, «sería una 'absurdez' que daría lugar a una confusión entre quienes nos visitan. Quintanilla es de Onésimo desde hace mucho tiempo y no tiene sentido modificarlo porque nadie sabría como localizar Quintanilla de Abajo en el mapa. De no mantenerse tal y cómo está el pueblo perderá su identidad».

Del mismo modo asegura que los vecinos de la localidad consideran a Onésimo Redondo alguien más del pueblo, sin analizar en ningún momento su trayectoria a otros niveles. Juan Moreno critica el proyecto de ley del Gobierno por considerar que está fuera de lugar, «que es una pérdida de tiempo». Cree que el dinero que se tendrá que gastar en la aplicación de la norma en pueblos y ciudades estaría mejor invertido en otros proyectos.

Lo mismo opina el regidor de Íscar, Alejandro García (PP), para quien la nueva ley lejos «no hará mas que enturbiar y levantar viejas ampollas y rencillas. Y si no que me digan cómo explicó yo a los familiares de las personas que figuran ahí, con nombres y apellidos, en el monolito (cruz) levantado en su memoria por haber tenido la desgracia de haber muerto en esa cruenta Guerra Civil entre hermanos, que hay que desmontarlo y que sus nombres no deben aparecer por ninguna parte».

La postura contraria la representa el regidor de Pedrajas de San Esteban, Sergio Ledo (PSOE), un municipio que cuenta con cuatro calles de denominación franquista, como la avenida del General Franco y las calles Onésimo Redondo, José Antonio Girón y Cuatro de Marzo, así como al monolito en memoria de los caídos. Ledo recuerda que si bien el tema era algo que ya se habían planteado, «ahora, con la ley en la mano, tenemos una mayor razón para hacerlo». El político socialista anuncia, eso sí, que la cuestión «se abordará tratando de lograr el máximo consenso posible, si bien precisa que no debería haber mayor complicación porque los nombres de la calles son de personas sin ningún tipo de vinculación familiar con gente del pueblo, algo que pudiera ser objeto de rechazo o de malestar».

Donde no afectará la Ley de la Memoria Histórica en ninguna de sus vertientes será en Cigales. Allí, el ex alcalde socialista PEdro Misiego recuerda que cambiaron en la legislatura de 1999 al 2003 el nombre de calles como Onésimo Redondo (Las Armas) o Julián Ruiz (El Campillo), además de sustituir la tradicional placa a los caídos de la iglesia por otra genérica que reza 'a todos los caídos por España'.

Fuentes de la Diputación anticipan que «nosotros no vamos a forzar cambios en los que pueden entrar en juego los sentimientos de muchos municipios».

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