Cuenta atrás para la romería de La Hiniesta

El alcalde de Zamora, Francisco Guarido, y el de La Hiniesta, Eugenio Gregorio Prieto, intercambian sus bastones en la rogativa de San Marcos. /El Norte
El alcalde de Zamora, Francisco Guarido, y el de La Hiniesta, Eugenio Gregorio Prieto, intercambian sus bastones en la rogativa de San Marcos. / El Norte

Los alcaldes de Zamora y de la localidad vecina intercambian sus bastones en la tradicional rogativa de San Marcos

ALICIA PÉREZZAMORA

Cumpliendo con la tradición y el hermanamiento entre Zamora y La Hiniesta, una comitiva integrada por representantes municipales y vecinos de esta localidad ha peregrinado esta mañana hasta la capital zamorana en la tradicional rogativa de San Marcos.

A su llegada a la ciudad, han sido recibidos por el alcalde, Francisco Guarido, junto con diversos concejales de la Corporación Municipal y miembros de la Cofradía de la Virgen de la Concha.

El encuentro ha tenido lugar en la plaza de San Lázaro y tras el saludo de los pendones de ambas cofradías, el alcalde de Zamora, Francisco Guarido, y el alcalde de La Hiniesta, Eugenio Gregorio Prieto, procedieron al intercambio de bastones municipales, un gesto que simboliza el hermanamiento entre ambos municipios.

El regidor de La Hiniesta ha invitado a Guarido y a todos los zamoranos a acudir el próximo 21 de mayo a la localidad, coincidiendo con la tradicional romería que la Cofradía de la Concha realiza el lunes de Pentecostés.

El alcalde de la capital ha aceptado el ofrecimiento y el intercambio de bastones entre ambos ediles volverá a producirse el lunes 21 de mayo, precedido por el baile de los pendones a la entrada de la localidad de La Hiniesta.

Desde el Ayuntamiento de Zamora han explicado que el alcalde respalda esta tradición secular, que simboliza la confraternización entre dos localidades vecinas con vinculaciones patronales.

Sin embargo, no ha participado en los actos religiosos anteriores y posteriores, ya que considera que entran dentro de las creencias personales.

Guarido entiende que se trata de un «símbolo de hermandad» en el que dos ayuntamientos y sus respectivos alcaldes protagonizan históricamente un acto institucional de intercambio de bastones, «una tradición que debe mantenerse ya que se trata de un acto civil, independientemente de la participación en los actos estrictamente religiosos organizados por la Cofradía de La Virgen de la Concha, que entran dentro de las creencias personales».

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