Un año para cambiar el mundo

La burgalesa Guillermina Manchado, misionera permanente de Misevi en Angola. /El Norte
La burgalesa Guillermina Manchado, misionera permanente de Misevi en Angola. / El Norte

Cuatro jóvenes zamoranas y un sacerdote dedicaron sus vacaciones a colaborar con la ONG Misevi en Angola y Bolivia

ALICIA PÉREZZAMORA

La Navidad siempre es época de solidaridad, pero no la única del año. Cuatro jóvenes zamoranas, un sacerdote también de Zamora y la misionera estable burgalesa Guillermina Manchado son los seis castellanos y leoneses que trabajaron y colaboraron en 2017 en proyectos de cooperación internacional con la ONG Misevi, de Misioneros Seglares Vicencianos.

Las cuatro jóvenes zamoranas tienen entre 25 y 30 años y forman, junto al sacerdote de Zamora Jesús Campos, el grupo de castellanos y leoneses que colaboró con la entidad el pasado verano. Viajaron a Angola y Bolivia y allí pasaron sus vacaciones en una experiencia de dos meses.

Sheila Jiménez es estudiante de Magisterio y Laura Navarro es profesora del Colegio María Inmaculada de Zamora. Desarrollaron su labor en Bolivia. Sheila Jiménez, en el centro Sigamos, de atención especializada a niños y jóvenes con discapacidad; Laura Navarro, en el Centro de Atención a la Mujer (CAM), el centro de referencia en el país con más violencia machista del mundo según los estudios de la ONU. En él, se atiende a mujeres que sufren situaciones de «mucha violencia». En las instalaciones de acogida se realiza el proceso para que se reintegren en el mundo laboral y puedan trabajar.

Marta Ferrero y Lara Calvo son estudiantes de Enfermería y de Magisterio, respectivamente. Junto al sacerdote Jesús Campos, estuvieron en la ciudad de Lobito, en Angola. Marta Ferrero desarrolló su labor en un dispensario médico o centro de salud y Lara Calvo, en las 'escolinhas', centros de educación infantil informal.

La zamorana Marta Ferrero, en la ciudad de Lobito, en Angola.
La zamorana Marta Ferrero, en la ciudad de Lobito, en Angola. / El Norte

La labor del sacerdote zamorano Jesús Campos en Angola consistió en la visita a las familias y acompañamiento, además de trabajo pastoral como la celebración de la eucaristía del domingo y la visita a los enfermos. «La gente de allí valora mucho la presencia física del misionero de entrar en sus casas, comer con ellos, visitar a los enfermos», explica Israel Peralta, también zamorano y presidente de Misevi España desde el año 2008.

El presidente de la ONG de misioneros laicos, que tiene presencia en Bolivia, Honduras y Angola, destaca la iniciativa del grupo zamorano, el único que ha ido de Castilla y León el pasado verano. Otros años también han participado personas de Burgos. «No es que no sea fácil encontrar a gente que quiera ir, sino que no son unas vacaciones ideales», explica sobre «el compromiso con la realidad y con las personas con las que te vas a encontrar» que considera que se necesita.

Los motivos que llevan a los jóvenes a dedicar sus vacaciones a participar en estas misiones son muchos, entre ellos «la insatisfacción por la vida consumista y la sociedad en la que nos movemos, que muchas veces se rige simplemente por parámetros del tener». También la búsqueda de la justicia y el reconocer que el mundo «está completamente desequilibrado y que el lugar de nacimiento determina tu posición vital y tu suerte en la vida».

Es, según Israel Peralta, una decisión altruista de responder a una llamada de cambiar las cosas y también una decisión de búsqueda personal de satisfacción y de encontrarse con uno mismo.

Se necesita, según señala, una formación previa potente para apartar la visión eurocentrista de las cosas y comprender que «vamos a colaborar en una realidad donde los protagonistas principales son la gente de allí».

La zamorana Lara Calvo, en la ciudad de Lobito, en Angola.
La zamorana Lara Calvo, en la ciudad de Lobito, en Angola. / El Norte

Profesor de Educación Secundaria, participó en misiones en Honduras y en Mozambique, en esta última durante cinco años. Por experiencia, Israel Peralta asegura que la formación es todavía más necesaria al volver por el desconcierto que se siente. «Las primeras vueltas desconciertan porque cuando viajas a uno de estos países, tu lugar central o hermenéutico se transforma. Empiezas a pensar con otros parámetros, con otras formas de visión. No entiendes cómo las grandes preocupaciones de aquí se han volcado en ciertos asuntos que son nimios o banales».

En estos viajes se pone nombre y cara a la pobreza. «Hablamos de 800 millones de personas pasando hambre, pero tienen nombre y cuando estás allí, les conoces y te acarician, te besan, te miran y te piden pan», recuerda y lamenta que de los amigos que hizo en Mozambique, con los que trabajó, codo con codo, en una escuela hace ocho años, el 50% ya han fallecido por enfermedades como la malaria o el cólera.

Misevi cuenta con diez misioneros estables de toda España, entre ellos la burgalesa Guillermina Manchado, quien lleva 20 años en Lobito (Angola). Son la base de la misión, los que desarrollan los proyectos y los que son «realmente necesarios» para llevar a cabo la labor de la ONG. La burgalesa Guillermina Manchado ha trabajado en San Pedro Sula (Honduras) en un centro de alcohólicos anónimos, en la cárcel y en el centro Amigos para Siempre para evitar que niños se unieran a las maras, que son pandillas juveniles muy violentas.

En Mozambique ha desarrollado un proyecto de alfabetización con niños y mujeres, y actualmente trabaja en Angola la problemática del alcoholismo y en las 'escolinhas' con niños de edad infantil.

De estas acciones de la ONG Misevi se benefician 3.000 personas. Para los beneficiarios directos supone transformar su vida y una segunda oportunidad, según explican desde la entidad. Son desde mujeres maltratadas que llegan al Centro de Atención a la Mujer con hijos pequeños magullados a niños discapacitados a los que se lleva al centro Sigamus. «Tienen fisioterapia, logopeda, gente trabajando con ellos día a día y que dan una vida digna a una persona que si no estaría encadenada en su casa», explica Israel Peralta.

La filosofía de Misevi es transformar la realidad, que la persona tenga la oportunidad de volver a vivir una vida digna en la que la pobreza sea un recuerdo del pasado.

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