'Youtubers' y fantasmas en el viejo sanatorio de Boecillo

Uno de los largos pasillos en el antiguo sanatorio de Boecillo. / Rodrigo Ucero

El antiguo recinto para tuberculosos, abandonado actualmente, se ha convertido en un lugar de peregrinación paranormal

Arturo Posada
ARTURO POSADAValladolid

El paso del tiempo ha bombardeado el antiguo sanatorio de Boecillo hasta reducirlo a un laberinto de cascotes, grafitis y vidrios rotos. Lo que en 1954 aparecía como un majestuoso edificio de 18.000 metros cuadrados, seis plantas y 350 camas, destinado a tratar a los enfermos de tuberculosis, languidece ahora como un dinosaurio varado entre pinos. Sin duda, el recinto vivió tiempos mejores, pero la mole ha experimentado un extraño resurgimiento en los últimos años, impulsado por cazadores de expedientes X y 'youtubers' ávidos de terrores psicofónicos.

De este interés por lo esotérico da fe un folio claveteado en una de las incontables salas, obra de un «grupo de investigación 'paranormal'» que solicita a los visitantes compartir sus experiencias en una dirección de Gmail. En la red hay igualmente sobradas muestras del interés que suscita el también conocido como 'sanatorio de Viana', al estar ubicado más cerca del núcleo urbano de esta localidad que de Boecillo, a cuyo término pertenece. Jóvenes con linternas acampan en el interior mientras retroalimentan sus relatos con vivencias preternaturales y registran planos-secuencia con la 'GoPro'. En tiempos de la hiperexposición narcisista, el escenario ofrece el magnetismo suficiente para atraer visitas a YouTube y 'likes' en Instagram. La idea pasa por restringir los accesos, pero, hasta la fecha, todos los intentos por poner puertas al pinar han resultado baldíos.

Fachada principal del antiguo sanatorio entre Viana y Boecillo, y detalles de las instalaciones en el interior. / Rodrigo Ucero

«En su momento intentamos vallarlo, pero a medida que lo hacíamos nos robaban las vallas», relata María Ángeles Rincón, alcaldesa de Boecillo. «Ahora acometeremos una nueva intervención para tapiar con ladrillo todas las ventanas de las dos primeras plantas. Para nosotros es una inversión importante, en torno a los 28.000 euros, pero no sabemos cuánto durará. La gente que entra allí lo puede volver a destrozar», presagia la regidora.

El sanatorio se inauguró el 17 de mayo de 1954, en terrenos cedidos por el Ayuntamiento de Boecillo al Patronato Antituberculoso, dependiente del estado. Durante casi una década fue un lugar de referencia, pero en noviembre de 1963 cerró apresuradamente sin dar explicaciones. A partir de 1969, Asprona lo utilizó como 'Centro para la Enseñanza y Recuperación de Niños Subnormales', según la terminología de la época, hoy chirriante. En los años noventa, ya con el edificio vacío, se planteó reconvertirlo en una residencia de ancianos, aunque el proyecto nunca cuajó. El declive se ha ido acentuando en las últimas tres décadas hasta llegar a la situación actual. En los últimos años, nuevas propuestas se han puesto sobre la mesa, de momento sin éxito.

Proyectos futuros

«Hemos estado con empresas sociosanitarias a nivel nacional para ofrecerles el espacio», expone María Ángeles Rincón. «Tuvimos un par de empresas que vinieron a visitar el centro, pero finalmente ninguna aceptó. Lo interesante sería un multiproyecto, con apartamentos tutelados para mayores y para personas que necesiten asistencia. O, incluso, una residencia de enfermos terminales, con otra zona dedicada a estudiantes en prácticas de enfermería. Se podía agregar un hotel y espacio de restauración para las familias que estuvieran allí ingresadas... Sería un proyecto de colaboración en el que formarían parte la Universidad, por un lado y Educación de la Junta por otro. Esa podía ser una idea», agrega la alcaldesa de Boecillo.

El problema radica en la fuerte inversión necesaria para revitalizar una zona que ahora dominan la fantasmagoría y el abandono, y donde se acumulan los grafitis más insospechados (pitufos bajo el influjo de setas alucinógenas, inscripciones de brebajes leguminosos, figuras apocalípticas...), dentro de un entorno donde es posible tropezarse, por ejemplo, con un viejo televisor desventrado junto al muro de entrada.

«Nosotros, en el Ayuntamiento de Boecillo, atravesamos una situación un poco complicada y no hemos podido intensificar esfuerzos para buscar una alternativa con vistas a reformar este edificio. En el momento en el que la situación esté un poco más saneada, podremos focalizar esos esfuerzos junto a otras administraciones. No es un proyecto en el que vaya a participar solo el Ayuntamiento de Boecillo. El entorno es privilegiado: un lugar tranquilo, en medio de un pinar, con el río cerca... Pero, claro, hace falta una inversión importante», recalca Rincón.

De momento, el viejo sanatorio de Boecillo solo destaca como lugar de peregrinación para los cazafantasmas del nuevo milenio. Escribimos a la dirección de Gmail grapada en un tablón que vimos nada más ingresar en la planta baja. El correo nos devuelve raudo una respuesta: «El mensaje no se ha podido entregar porque la cuenta no existe». Todo tan espectral como el entorno.

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