Los voluntarios de la AECC intensifican su labor ante la Marcha contra el Cáncer

Antonia y Lourdes, en la sede de la AECC, con los cojines para mujeres con cáncer de mama. /A. MINGUEZA
Antonia y Lourdes, en la sede de la AECC, con los cojines para mujeres con cáncer de mama. / A. MINGUEZA

Lourdes y Antonia cuentan cómo es su actividad como colaboradoras de la asociación en una semana con aluvión de inscripciones

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

No. Octubre de 2013 no fue un buen mes para Lourdes Núñez. Primero, el trabajo:la empresa de muebles en la que llevaba 21 años como empleada le entregó la carta de despido a mediodía y le dijo adiós muy buenas esa tarde. Después, la salud. «A los 15 días de quedarme sin trabajo, me enteré de lo mío».

–¿Lo mío?

–Un bulto, como una nuez. Me lo noté en el pecho derecho. Me hicieron las pruebas, la biopsia, todo muy rápido. Me lo extirparon con cirujía ambulatoria. De primeras no se lo dijimos a nadie.

–¿Se lo dijimos?

–Mi marido y yo. Él sí que lo sabía, claro. Pero preferí no decir nada más hasta saber si era bueno o malo. Yera malo. Soy la pequeña de cinco hermanas y un martes las reuní a todas para decirles que tenía cáncer de mama y que al martes siguiente me operaban. Imagínate cómo reaccionaron. Pero a mi hija no le dije nada hasta que todo pasó. Tenía 16 años. Pensé que no había por qué asustarla. Como ni estuve ingresada...

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Después sí. Después, cuando llegaron las 33 sesiones de radio(no fue necesaria la quimioterapia), después se lo contó todo. Porque si algo ha aprendido Lourdes de aquel octubre nefasto de trabajo y salud es que hay cosas que es mejor contarlas... aunque es importante elegir el momento. Cuándo contarlo y hasta dónde. Eso lo aplica ahora en su labor como voluntaria de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), donde ha comprobado la importancia de un oído amigo. Estos días se encarga de recoger las inscripciones de los miles de vallisoletanos (miles)que participarán el domingo en la marcha. «Cuando se acercan para apuntarse, los hay que te cuentan un poco su experiencia con la enfermedad.Los que la han pasado, los que tienen algún amigo, los que han perdido a algún familiar», asegura Lourdes, quien, en su labor como voluntaria, ha recurrido a la conversación en sus visitas a pacientes del hospital Río Hortega. Allí, un grupo de colaboradoras de la AECC se acerca(con café y zumos)al hospital de día para acompañar a las personas que afrontan la quimioterapia... o bien a aquellas que están en planta y agradecen una visita. «Nunca imponemos nada. Vamos y ofrecemos compañía». De nuevo, la importancia de hablar. De los gestos compartidos que tan bien manejan los voluntarios de la AECC, cerca de 200. Alrededor de mil colaboradores que este fin de semana darán lo mejor de si mismos para que la mayor marcha solidaria de la ciudad salga a la perfección.

Antonia Mateo es otra de esas voluntarias. Ysu labor es todo corazón. Cuenta que siempre ha cultivado su vertiente asociativa. Que pertenece a la junta parroquial de su pueblo de origen (Cervatos de la Cueza, en Palencia), también a las amas de casa, a los jubilados. Ydesde hace cuatro años, a la AECC. «Hace ocho le vieron un cáncer de pulmón a mi marido... Vivió tres años y medio más. Y en la asociación encontramos mucho apoyo. Cuando mi marido falleció, supe que tenía que devolver lo que aquí había recibido». Se apuntó como voluntaria. Y reconoce que este mes es una auténtica locura. Ajetreo total. Las inscripciones para la marcha y la jornada por el cáncer de mama movilizan a mucha gente. Pero tampoco falta jaleo el resto del año.

Forma parte de un grupo de voluntarias que todas las semanas se reúne en la sede de la calle San Diego para preparar las almohadas con forma de corazón que reparten entre quienes reciben tratamiento por cáncer de mama. Los rellenan, cosen, envuelven el cojín en celofán y le grapan un mensaje de ánimo que dice:«El fin de esta almohada no es otro que el de paliar los efectos de la cirugía tras la invervención. Colocada bajo el brazo, evita en gran parte la inflamación del postoperatorio. Con este corazón, queremos desearte una pronta recuperación y, sobre todo, que sepas que no estás sola, somos muchas las mujeres que estamos en tus mismas circunstancias. Mucho ánimo. La AECC está para ayudarte. Llámanos si nos necesitas. Entre tanto, recibe el abrazo de todos los voluntarios y colaboradores que participan en este proyecto». –¿Qué es lo mejor que habéis obtenido como voluntarias de la AECC?

–Saber que participas en un proyecto transparente, que está volcado en la investigación. Me gustaría que cuando los avances médicos consigan que el cáncer sea una enfermedad crónica yo pueda verlo y decir:‘Pues dediqué algo de mi tiempo para ayudar a que esto fuera posible’. Por eso soy voluntaria.

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