«Vivir en la Antártida es como estar dentro del National Geographic»

Valentín Benéitez durante su estancia en la Antártida en misión de reconocimiento previo a su marcha este lunes. /EL NORTE
Valentín Benéitez durante su estancia en la Antártida en misión de reconocimiento previo a su marcha este lunes. / EL NORTE

Defensa elige al comandante vallisoletano Valentín Benéitez jefe de la campaña del polo sur 2018

Jorge Moreno
JORGE MORENOVALLADOLID

Nunca pensó este oficial de Infantería nacido en Valladolid hace 41 años, y hoy destinado en Zaragoza, que se le encomendaría por parte del Ministerio de Defensa la dirección de la campaña 2017-2018 en la base ‘Gabriel de Castilla’, que el Ejército de Tierra tiene en la Antártida. Tras pasar el proceso, al que se presentaron otros 40 comandantes aspirantes, Valentín Benéitez Martínez fue el elegido y se ha encargado de seleccionar a otros trece militares más, que mañana parten al continente austral. De Madrid a Buenos Aires y después a Chile y la Antártida.

Objetivos 2017-2018

Colaboración
La misión en la Antártida no tiene un carácter militar, y se apoya en la colaboración con los científicos españoles desplazados a la isla Decepción.
Base
Las instalaciones del Ejército están constituidas por ocho módulos que acogen desde los equipos de investigación, laboratorios hasta una enfermería con posibilidades de hospitalización y asistencia para pacientes críticos. También cuentan con un módulo almacén, con 200 metros cuadrados, lanchas zódiac y dos grupos electrógenos que la abastecen.
Proyectos civiles
Los científicos del CSIC y de universidades españolas tienen como objetivo en esta campaña las investigaciones sobre efectos del cambio global, con los pingüinos antárticos, considerados ‘centinelas’ del ecosistema, o la predicción de las erupciones volcánicas donde la isla Decepción es buen modelo. También estudiarán la evolución de los suelos congelados.

–Sale en horas hacia esa parte del planeta, pero ha estado ya en misión de reconocimiento.

–Sí, de acuerdo con el protocolo se envía unos días al que será el jefe de campaña de la siguiente. Estuve diez días en la isla Decepción, en la base que está a más de mil kilómetros del lugar más poblado.

–Cuando estuvo la primera vez, ¿qué impresión se llevó?

–Puedes ver fotos, vídeos o escuchar relatos, pero hasta que no estás allí no te das cuenta de la inmensidad del mar o el hielo. Estar en la Antártida es como estar dentro de un reportaje de National Geographic, donde el extraño es el humano. Te siente desbordado por la naturaleza.

–Esta misión internacional no es comparable a otras que ha realizado en zonas de conflicto.

–Efectivamente. Para nada se parece a mi estancia en 2002-2003 en Kosovo, ni en las dos ocasiones que estuve en Afganistán durante diez meses, en los años 2007 y 2009-2010. Aquellos años fueron duros con artefactos explosivos que colocaba la insurgencia ...(silencio).

–¿Por qué cree que ha sido seleccionado?

–En parte porque he estado destinado nueve años en unidades de montaña de Navarra y Huesca. Para mí, esta misión me permite ver cómo un sueño se hace realidad, y es un hito en mi carrera profesional, ya que se te encomienda para liderar un grupo que estará cuatro meses en esa zona del planeta. Personalmente, además, supone una experiencia vital que espero no olvidar.

–Ustedes, los militares, acompañan a un grupo de científicos españoles que desarrollan su actividad en la base antártica. ¿Cuál es el papel del Ejército de Tierra?

–La campaña Antártida tiene un cometido mayor que lidera el Comité Polar, dependiente de la Agencia Española de Investigación, integrada dentro del Ministerio de Industria. En ese escenario, a los militares se nos encomienda la gestión de la base ‘Gabriel de Castilla’ que está cerrada ocho meses. Hasta allí llegaremos con el buque ‘Hespérides’ de la Armada, y nuestro cometido está relacionado con las telecomunicaciones, instalaciones, mantenimiento de automoción y cuestiones medioambientales, encargadas a una veterinaria. A ello se suma la labor de los científicos, unos 35 de media. Somos una misión de apoyo a la investigación científica, nada tiene que ver con otras de seguridad o de mantenimiento de la paz, que realizamos en las Fuerzas Armadas.

–¿En qué condiciones meteorológicas trabajarán?

–La base está aislada durante un periodo del año, y la zona se queda bajo el hielo y sin gente. Solo cuando llega el verano austral, en estos meses de enero a marzo, es cuando la reabrimos. Otro aspecto de nuestro trabajo será dar seguridad a los científicos en todos los movimientos que realicen en su trabajo de investigación, de toma de muestras o colocación de aparatos medidores y baterías dentro de la isla Decepción.

–Estar tanto tiempo de aislamiento en esa zona polar, puede llevar a generar conflictos de convivencia entre científicos y militares.

–Ese es uno de los criterios para la selección del personal. Se han buscado perfiles no tan rigurosos como los que tenemos en el ámbito militar, para evitar que puedan ‘chocar’ con otros civiles. Debemos convivir con catedráticos, científicos más jóvenes y expertos extranjeros. Seremos una especie de ‘Gran Hermano’ que debemos cohabitar muchos días en unas instalaciones reducidas pero con buenas comunicaciones.

–¿Cómo gestionarán los residuos que se generen en la base?

–La Antártida está sujeta a un Tratado que se apoya en que ese espacio del planeta no es de ningún país. Solo se puede utilizar para fines científicos, que hay que compartir con el resto de la comunidad internacional. En 1991, el Protocolo de Madrid, estableció restricciones medioambientales de tal modo que todo lo que hagamos en la base debe de ser controlado. Todos los materiales que hemos instalado se pueden desmontar, ya que no son permanentes. Además, parte de los residuos se llevan en barco al continente para evitar la contaminación.

De la meseta a los pirineos

Aunque con mucha ilusión, Benéitez no oculta que estará a 13.000 kilómetros de España y de su familia. Y antes de partir cada momento cuenta. «He aprovechado para llevar a los tres niños al colegio este viernes, porque ya no los veré hasta el regreso», dice.

Nacido en 1976, Valentín cursó estudios hasta el COU en los Maristas del Centro Cultural y la Inmaculada, en Huerta del Rey, y lo tenía claro en su salida profesional. «Quería ser militar y me preparé para las pruebas», dice.

En 1995 ingresó en la Academia General de Zaragoza, donde obtuvo el despacho de teniente en 2000. Casado con una enfermera castrense maña, a la que convenció para «hacer la boda en Filipinos», durante 15 años ha tenido destinos de Infantería de Montaña en regimientos en Pamplona, Vitoria y Jaca (Huesca).

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