Villagarcía recupera un acueducto del siglo XVI

Los arcos del acueducto que llevaban el agua a la colegiata de la localidad, al fondo, rodeados de arboleda./M. G. M.
Los arcos del acueducto que llevaban el agua a la colegiata de la localidad, al fondo, rodeados de arboleda. / M. G. M.

Algunas de las arcas llevaban cubiertas más de cien años, por lo que su existencia ha sido una sorpresa para los vecinos

Miguel García Marbán
MIGUEL GARCÍA MARBÁN

La recuperación y puesta en valor del patrimonio de una localidad supone una responsabilidad, porque es parte de su identidad, pero también porque puede convertirse en un recurso de desarrollo local a través del turismo cultural. Algo que sabe muy bien el Ayuntamiento de Villagarcía de Campos con el proceso de rehabilitación del castillo de los Quijada, en una encomiable iniciativa de interés por su patrimonio a la que ahora suma la recuperación de una importante canalización de aguas del siglo XVI. La acción cuenta con colaboración de la Asociación Amigos de la Historia de Villagarcía de Campos.

Hay que remontarse a los tiempos de gran prosperidad de Luis Méndez de Quijada y de su esposa, Magdalena de Ulloa, cuando se proyecta traer el agua desde el manantial situado en el pago de Cañicorrales, en la falda de los Montes Torozos, hasta las calles de la localidad, a través de un complejo sistema de tuberías, registros y arquetas a imitación del viaje de agua de Argales de Valladolid.

El agua, después ser encauzado en el arca de origen, situado en el manantial, lleva a cabo un recorrido, en forma de 'Y', que tiene más de 2.700 metros lineales de desarrollo, seguramente ejecutado en origen mediante una tubería formada por piezas unidas de barro cocido, la cual ha podido reconocerse en algunos lugares del recorrido, según expone el arqueólogo Jesús Misiego en el estudio que, sobre la canalización, ha realizado la empresa Strato a petición del Ayuntamiento.

Los primeros 1.360 metros de la conducción, discurriendo en paralelo a la antigua senda del Aguador (llamada así muchos antes de la realización de esta traída de aguas), se desarrollan en un único ramal desde el manantial hasta la Casa de la Alameda, donde surgen dos ramales junto al arca número 2.

El primero, con un recorrido de 700 metros, se dirige hacia la colegiata de los jesuitas, fundada por Magdalena de Ulloa, creando a su paso el arca número 3, que daba servicio a una noria mediante el aporte a un gran pozo, y un acueducto de 280 metros que se conserva en muy buenas condiciones y que llevaría el agua a un estanque y distintas fuentes.

Dos vecinos, en la fuente de San Boal.
Dos vecinos, en la fuente de San Boal. / M. G. M.

El segundo ramal, de 1.300 metros de recorrido, seguiría la senda del Aguador hasta llegar a las inmediaciones del pueblo por el costado oriental de su caserío, alcanzando el camino de la Zamorana y la calle San Boal. A este ramal se vinculan el caño que hubo hasta hace unos años en el camino de Carremata, la fuente que existió en el parque ubicado al este de la calle San Boal, las arca 4 y 5, un pequeño registro de ladrillo y el pilón final. Es en el final de este segundo ramal donde se ha iniciado la recuperación de esta histórica traída de aguas, en especial con el descubrimiento de la número 5 (fuente de San Boal) que se encontraba prácticamente bajo el suelo y que abasteció de agua a los vecinos desde el siglo XVI.

Además de la reintegración de algunas partes y acondicionamiento general de las estructuras de piedra, se han retirado elementos contemporáneos, y se ha procedido a la limpieza general del entorno, la construcción de una cerca de piedra, la instalación de dos paneles informativo y la plantación de árboles . En este final del segundo ramal, en breve, se intervendrá en el pilón y el caño de San Boal.

El concejal Jesús de la Iglesia explicó que seguirán recuperando todos los elementos que forman parte de estas conducciones, y crearán una ruta de senderismo y de bicicleta de unos seis kilómetros. «Algunas de estas arcas llevaban abandonadas y tapadas más de cien años, constituyendo su descubrimiento una grata sorpresa para la población, pues ni los más mayores lo recordaban». Por su parte, el arqueólogo Jesús Misiego, en su estudio, expone la necesidad de que se establezcan los cauces oficiales oportunos para que todos los elementos visibles y no visibles de la histórica conducción tengan la necesaria protección patrimonial, pues «ni está incluida, tan siquiera, en la ficha del Inventario Arqueológico de la provincia de Valladolid».

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