Un médico de Valladolid, en el «infierno» del Mediterráneo

Óscar, médico vallisoletano que participa con la ONG Proactiva Open Arms en rescates en el Mar Mediterráneo. /Proactiva Open Arms
Óscar, médico vallisoletano que participa con la ONG Proactiva Open Arms en rescates en el Mar Mediterráneo. / Proactiva Open Arms

Óscar Hugo Martín relata su experiencia en una misión con el barco de la ONG Proactiva Opens Arms, ahora retenido en Italia, para salvar la vida de migrantes en alta mar

R. TRAVESÍValladolid

«Es importante que sigamos y permanezcamos allí. Una sola vida es importante». Ese allí es el Mar Mediterráneo, al que califica de «tumba» por los cadáveres que acumula en sus aguas. Y las vidas de las que habla son las de los miles de migrantes que parten de las costas de Libia en busca de una oportunidad en Europa. Óscar Hugo Martín es un médico de familia de Valladolid y cooperante, que entre finales de febrero y primeros de marzo participó en la misión 41 de Proactiva Opens Arms, con el rescate de una embarcación con un centenar de personas. Fue la anterior a la última que realizó la ONG catalana, después de que el pasado 18 de marzo el barco 'Open Arms' y su tripulación fueran retenidos en el puerto siciliano de Pozzallo (Italia), y acusada por la fiscalía de fomentar la inmigración ilegal. El juez tiene previsto decidir mañana lunes, 16 de abril, si les imputa o no esos delitos.

Proactiva Open Arms

Tras diez años como cooperante, Óscar Hugo asegura a la Agencia Ical que nunca había visto un lugar con tantos derechos humanos «pisoteados» como ocurre, en la actualidad, en el Mediterráneo Central. Hablamos de un médico de familia del Centro de Salud Pilarica, en Valladolid, que acumula numerosos viajes para ayudar a la población local en los terremotos de Haití y Nepal, tifón de Filipinas, campamentos de refugiados como Idomeni (Grecia) y viajes a países de África como Gambia para desarrollar proyectos sanitarios. Además, repitió experiencia con Proactiva después de colaborar con esa ONG en febrero de 2017 con el barco 'Golfo Azzurro' en otra misión en el Mediterráneo.

No en vano, este médico de 50 años apunta que la frontera del sur de Europa, junto a las costas de Libia, vive un «verdadero infierno» donde en 2016 perdieron la vida 5.076 personas y otras 3.116 el año pasado. Es decir, más de 10.000 en dos años y medio.

Proactiva Open Arms

Martín precisa que esas cifras responden a los cadáveres encontrados por voluntarios de las ONGs porque nadie se atreve a ofrecer datos de los refugiados que han muerto en el intento de llegar a Italia. «Se habla de que la mitad de los fallecidos migrantes que se desplazan ahora por el mundo están allí», sentencia.

Este facultativo insiste que la crisis humanitaria más importante mundial de migrantes está «al lado de nuestra casa», sin olvidar que los refugiados que se lanzan al mar en embarcaciones precarias para alcanzar Europa son «personas normales como nosotros, con la única diferencia que han nacido en otro lugar». Hasta el punto de que asegura que él no dudaría en subirse a una de esas pateras. «Cualquier madre cogería el poco dinero de la familia y dejaría que sus hijos marcharan para no ser obligados a formar parte de un bando u otro de la guerra», añade.

Proactiva Open Arms

El resultado es que los voluntarios de Proactiva Open Arms se encuentran en cada misión con «personas con mucha ansiedad, miedo y muy desconfiados tras el infierno que han vivido» porque han sido engañados tras pagar entre 800 y 1.000 euros por trayecto.

Durante los 15 días en que estuvo entre el puerto de Malta –donde está la base- y alta mar –tras 22 horas de travesía para operar a 38 kilómetros de la costa libia-, su labor fue de ayuda humanitaria, tanto sanitaria como no sanitaria, pero sin olvidar que el objetivo principal es el rescate de migrantes que viajan en barcas de goma y barcazas de madera con más capacidad. Navegan con combustible para uno o dos días, menos de lo necesario para llegar a las costas italianas por lo que si no hay rescate, el futuro que les aguarda a estos migrantes es acabar engullidos por el Mediterráneo.

En esta ocasión, hubo suerte y el 'Open Arms' recibió a las ocho de la mañana un aviso de las autoridades italianas de la existencia de una barca a unas 20 millas de su posición. Comienza el dispositivo para el rescate. Hay mucha experiencia después de tantas misiones y cada uno de los 18 miembros de la tripulación conoce su labor, aunque es una incógnita lo que se encontrarán en las «pateras de la muerte».

Momentos tensos

Óscar Hugo explica a Ical que el operativo comienza con el lanzamiento al agua de dos lanchas rápidas de salvamento para «llegar cuanto antes», conscientes que el acercamiento a estas barcas es tenso y complicado porque son personas presas de la ansiedad y el miedo. «De entrada desconocen nuestra procedencia y les decimos que no somos libios sino voluntarios. Les obligamos a sentarse en sus barcas para mantener la calma porque hay gente que se tira al agua y les entregamos chalecos. Luego, les ordenamos que primero pasen los niños, las mujeres y las embarazadas pero los socorristas me han contado que algunos hombres arrebatan los niños a sus madres para rescatarles antes», subraya.

De las 101 personas, hay 24 mujeres, dos embarazadas, y la edad media oscila entre los 18 y los 24 años. También, se encuentran con un hombre de 36 años al que le cortaron una pierna en Libia después de que su familia solo pagara la mitad de su rescate. Pero también hay historias de alegría ante tanta tragedia como cuando lograron que un joven hable, desde la radio del barco, con su madre que le daba por muerto.

Prosigue al apuntar que cuando suben al barco de la ONG están con caras de pánico y desconfianza. La falta de espacio del buque obliga a situarlos en la cubierta, donde los rescatados reciben mantas, agua y comida. Los sanitarios curan algunas quemaduras causadas por el combustible almacenado en las panteras, limpiar heridas y reconocer el estado de las embarazadas. Una vez cubiertas sus necesidades básicas, comienza el viaje de vuelta hasta un puerto italiano o, como en esta ocasión, transferirlos a un guardacostas italiano por la noche.

Óscar Hugo Martín asegura que el «infierno» de estas personas no acaba con la llegada a Italia porque muchos, al cabo de un tiempo, vuelven a la «casilla de salida» al ser deportados a sus países de origen. «No se merecen tanto sufrimiento. Solo quieren que les diga que van a poder cumplir su sueño de llegar a Europa y buscan mantenerse con vida. Poco más pero ellos van a seguir huyendo de sus países«, lamenta. Y eso que en Italia hay, ahora, más de 100.000 migrantes pendientes de su futuro y otros 60.000 anclados en Grecia.

Transcurrido poco más de un mes de la misión con Proactiva, este vallisoletano reconoce que «no todo el mundo está preparado para esto», sobre todo cuando hay que recoger cadáveres, algo que no le ha ocurrido hasta la fecha. Además, recuerda que la ONG tiene un equipo de psicólogos para intervinientes en catástrofe, con una entrevista previa y posterior a la cooperación. «Creo que, realmente, nunca vuelves de ahí. Te dicen que desconectes un poco pero es cierto que, tras vivir aquello, te cambia un poco la realidad y los valores del día a día», apunta.

La UE «mira hacia otro lado»

En esta línea, critica la postura de la Unión Europa (UE) por «criminalizar» a las ONGs que trabajan en el Mar Mediterráneo, «mirar a otro lado», «consentir los crímenes» y «tapar» la situación de esta crisis humanitaria. No en vano, recuerda el «acuerdo de la vergüenza» entre la UE y Turquía en 2016 por el que país turco que no es seguro recibe 6.000 millones de euros, a cambio de acoger a cualquier persona que llegara de manera irregular a las islas griegas, incluida solicitante de asilo.

Una situación que se agrava, a su juicio, porque los migrantes que salen de las costas de Libia, un país que no duda en calificar de «traficantes», son personas que llegan ahí ya sea por motivos económicos o bien por conflictos bélicos en países de África como Somalia, Nigeria y Costa de Marfil o víctimas de la guerra de Boko Haram. «Algunos llevan más de un año encarcelados, torturados, esclavizados, extorsionados con sus familias, viajes interminables y violados, tanto hombres como mujeres. Muchos vienen con situaciones psicológicas que, yo creo como médico, son irrecuperables», afirma.

Todas las organizaciones de voluntarios que han trabajado en la zona han sufrido el acoso y los disparos al aire de las patrulleras libias que navegan por esas aguas, además del control de misiones de la OTAN y de buques militares italianos. «Preguntan qué hacemos allí cuando conocen perfectamente que llevamos rescatando a personas en alta mar desde hace dos años y medio», declara Óscar Hugo. Ante tantas presiones y la falta de respaldo de la UE no es de extrañar que de las 13 ONGs con barcos que había en verano se haya pasado a solo una –la francesa SOS Mediterráneo- con un barco de rescate, tras la inmovilización del buque de Proactiva por «traficar con seres humanos». Al menos, los responsables de la organización acaban de anunciar que volverán a trabajar en el Mediterráneo con su primer barco, el velero Astral.

Este médico cooperante critica que la única respuesta de la Unión Europea sea levantar muros contra los refugiados. «Los muros y concertinas como los existentes en la fronteras sur Ceuta y Melilla son una excusa», considera. Óscar Hugo Martín aboga por abordar este asunto de otra manera porque «aquí hay sitio» y abrir pasillos comunitarios, agilizar la entrega de los visados y potenciar la reagrupación familiar. Hasta que eso ocurra, no dudará en volver a embarcarse con Proactiva Open Arms para rescatar personas en la tumba del Mediterráneo.

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