Hasta Valladolid se olvidó de Onésimo Redondo

Javier Rodrigo, Elena Maza, Raimundo Cuesta, Pere Isás, en la mesa celebrada en Filosofía y Letras. /ALBERTO MINGUEZA
Javier Rodrigo, Elena Maza, Raimundo Cuesta, Pere Isás, en la mesa celebrada en Filosofía y Letras. / ALBERTO MINGUEZA

Matteo Tomasoni destaca la figura del dirigente cuya ideología fue usada por el franquismo cuando le convenía

CÉSAR R. CABRILLO

¿Quién fue Onésimo Redondo?, ¿qué papel tuvo la Iglesia durante el franquismo? o ¿qué hacía el Santuario Nacional en Valladolid? fueron algunos de los temas que ayer se desarrollaron en el sexto día de las jornadas ciudadanas tituladas ‘El franquismo en Valladolid’. Durante cerca de dos horas historiadores expertos en todo lo que tiene que ver con el régimen franquista trataron de dar respuesta a estas preguntas.

El Aula Mergelina de la Facultad de Derecho fue el lugar elegido para llevar a cabo estas ponencias que comenzaron el pasado día 2 de noviembre y que se cerrarán hoy en las Cortes de Castilla y León.

Durante la jornada de ayer se habló de los aliados ideológicos del franquismo, es decir, las bases y las ideas sobre las que se asentó el régimen en los años que estuvo vigente en nuestro país, siendo la Iglesia un pilar fundamental, tal y como relataron los historiadores Ignacio Villota y Jesús María Palomares.

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Pero antes del importante papel del clero, se destaca la figura de un personaje de aquí, de Valladolid, cuya figura en los últimos años ha estado en boca de todos por el conjunto escultórico que hasta hace unos meses presidía el cerro de San Cristóbal. Nos referimos a Onésimo Redondo, y para hablar de él y de su peso en el pensamiento franquista habló todo un experto de la materia, el italiano Matteo Tomasoni, cuya tesis doctoral sobre la vida, obra y pensamiento del dirigente del nacionalsindicalismo español permitió conocer una faceta desconocida del personaje.

En palabras del historiador, «Onésimo Redondo se trata de un personaje desconocido incluso en su propio entorno, la ciudad de Valladolid». En la descripción de su figura, también dijo que era «complicado» a la par que «contradictorio». Tomasoni ve necesario hablar sobre este personaje, considerado por la historia como «el precursor del franquismo», pero según sus estudios su papel fue mucho más relevante y distintivo de lo que se hace ver, porque su pensamiento llegó a ser en ciertos momentos alabado y en otros incluso «incómodo para el régimen».

En resumen, fue un referente ideológico que se diluyó con el paso del tiempo hasta caer en el más absoluto ostracismo. Según el historiador, Onésimo Redondo tuvo tal importancia que es el único personaje de esa época que podía ostentar el título de caudillo, al igual que Franco. Finalmente, Redondo pasaría a la historia como el denominado ‘caudillo de Castilla’ y que él denomina ‘caudillo olvidado’, que «se convirtió en referente ideológico que el régimen miró para usarlo en su beneficio cuando lo necesitara».

Como ejemplo, usó el monumento alzado en su honor para rememorar los 25 años de su muerte, que el franquismo utilizó para promover ciertas ideas. «El rostro de Onésimo Redondo no miraba hacia Valladolid, lo hacía al este, donde se encontraba el enemigo soviético», explicó el italiano, que destacó la importancia que tuvo Castilla en su pensamiento de la identidad nacional.

El viraje de la Iglesia

Mientras que Redondo fue el germen del franquismo, la Iglesia jugó un papel muy importante para el desarrollo del régimen. Franco consiguió convertir al clero en la base moral del régimen, y así lo hizo ver Ignacio Villota, que trató de no repetir lo dicho por su compañero Manuel González la jornada anterior.

Villota hizo un repaso de la historia de la Iglesia, que «pasó de la legitimación a la deslegitimación del franquismo». «Es curioso que Franco naciera bajo el palio y muriera casi excomulgado por los cardenales Tarancón y Don Marcelo», explicó.

En su ponencia, el historiador trató de hacer ver cuáles fueron los motivos que hicieron que primero la Iglesia apoyara al régimen y luego directamente lo repudiara. Por un lado, mostró una Iglesia que sirvió a Franco, pero también una Iglesia que reaccionó y defendió desde muy pronto los derechos humanos vulnerados por la dictadura. También explicó los conflictos generados a nivel intra y extraeclesial por esas actuaciones, en la que muchas veces el papel de la jerarquía fue diferente al de los laicos y presbíteros. Por último, mostró también las facturas e hipotecas provocadas por las contradictorias relaciones de la Iglesia con el régimen franquista, que se tambalearon sobre todo después del Vaticano II y que finalmente llevaron a la institución a dejar de lado al régimen.

El último en intervenir fue Jesús María Palomares, quien habló del papel del Santuario Nacional en Valladolid durante el franquismo.

Antes de las ponencias, los actos de la jornada se alargaron durante toda la mañana en la Facultad de Filosofía y Letras. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona Pere Isás i Solanes ofreció una charla en la que habló de la manera en la que el franquismo pasó de una gran victoria tras la Guerra Civil a tratar de sobrevivir durante muchos años.

Tras ello tuvieron lugar dos mesas redondas, en las que cobraron importancia los instrumentos de dominación del régimen y, por ende, el papel que jugaron los medios de comunicación a través de la censura y la propaganda que hacían.

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