Valbuena de Duero retorna a la Edad Media por unos días

Cortejo de Doña Urraca y Estefanía de Armengol en la representación del año pasado / A.O.

En un gran enclave natural y enológico, la localidad acoge la octava edición de la Feria Medieval

A. OJOSNEGROS

Junto al discurrir del Duero, accediendo por una cómoda senda que desciende suavemente hacia el cauce del río, los restos restaurados de una antiguo molino harinero se antojan una bella puerta de entrada al paraje natural de La Isla, un parque público donde combatir los rigores estivales y donde, un año más, se va a celebrar un evento que se puede dar por consolidado en Valbuena de Duero: su Feria Medieval en la Naturaleza.

Durante los próximos días 22 y 23 de julio, ese lugar que es marca distintiva de esta actividad, va a recibir a muchos visitantes de la comarca y de la provincia para disfrutar de la octava edición del citado mercado medieval, gracias a la disposición de más de veinte puestos de productos artesanos, una amplia oferta gastronómica y de vinos de la Ribera que se elaboran en el término municipal, y también el desarrollo de la cuarta recreación histórica de la llegada de Estefanía de Armengol, fundadora del monasterio de Santa María de Valbuena en 1143, hija del conde de Urgel y nieta del conde Ansúrez, señor de Valladolid.

Además de disponer de la excelente oportunidad de poder adquirir -o degustar- distintos productos artesanos de lo más variado, habitualmente difíciles de conseguir fuera de ámbitos como este tipo de mercados, las actividades lúdicas y gastronómicas están pensadas tanto para adultos como para niños.

Todo tipo de público tiene cabida en esta cita y que si de vino y de Ribera del Duero hablamos, al escuchar el nombre del municipio solo cabe responder: amén. Este, el vino, no va a faltar, pues bodegueros de la zona se suman con sus fermentos.

De hecho, es lo primero que encontrarán los visitantes al llegar, en los restos del molino por el que se accede a La Isla, el cual se ha preparado como zona de degustación transformándose en una cantina medieval.

Por si fuera poco el paraje natural, los vinos de un lugar privilegiado, los puestos de venta, la gastronomía que aportan negocios hosteleros del pueblo, la recreación histórica donde los vecinos se vuelcan vistiéndose para la ocasión, las exposiciones, catas, talleres infantiles y otras propuestas para ellos, la participación se incentiva aún más con los sorteos que se han organizado y en los que participan tanto público como vendedores, pues estos últimos por cada venta entregan una papeleta a su cliente, y si esta resulta premiada, hay lotes regalo para ambos.

Es más, a los expositores no se les cobra por colocar su puesto y así animarles a acudir, algo que está sucediendo pues el mercado se reactiva.

En el paraíso

El alcalde de Valbuena, José Augusto Rodríguez, destaca La Isla como «un entorno natural fantástico e inigualable», donde los árboles protegen del calor y hacen la estancia muy agradable. «Es un sito del que la gente se enamora; es un paraíso que marca la diferencia».

Esta propuesta se trata de un plan perfecto para el fin de semana, donde el «continuo movimiento, las distintas actividades» hacen de la feria algo vivo, «cambiante dependiendo del momento del día».

En lo que respecta a la recreación histórica, se trata de un acto con entidad propia que desde hace cuatro ediciones se enmarca en la feria. Está protagonizada por los vecinos, especialmente por un grupo de mujeres que llevan a cabo una teatralización de la llegada de Estefanía de Armengol al municipio, cuando doña Urraca cede la localidad a la condesa, y a la población la otorga el nombramiento de villa real.

Historia pasada, presente y futura, actividades para todos los públicos, un enclave estratégico enoturístico y enológico sumado a un espacio natural idílico, hacen imprescindible la visita a la localidad donde la condesa de Urgel fundó un cenobio que ha sobrevivido a los siglos, donde se cree que los monjes cistercienses introdujeron la cultura de la viña en la comarca, y donde hoy se asienta la sede permanente de la Fundación Las Edades del Hombre y un lujoso balneario que contribuye a la difusión turística de este municipio de la Ribera del Duero.

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