Los túneles de la integración

Las asociaciones de Pilarica, Delicias y Pajarillos esperan que los futuros pasos bajo las vías no repitan los «errores» de los actuales

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Plof. Una gota de agua cae del techo del túnel de Delicas, plof, a la altura de las escaleras de Estación, plof, cuandoel dedo de Jesús García, vecino de la calle Álava, señala el charco del suelo, plof, y el manchurrón de humedad ahí arriba. Plof. «Y encima, goteras».

El túnel de Delicias, el pasadizo que une el barrio más poblado de la capital (41.411 habitantes) con el centro, suma los charcos –en estos días de lluvias– a un listado de desperfectos que incluye pintadas, grafitis, bóvedas desconchadas, paredes empapeladas, fluorescentes que no funcionan, problemas de seguridad. «Una ratonera», lo define Carmen Alonso, presidenta de la AsociaciónFamilias Delicias.

Esta semana, la Sociedad Alta Velocidad ha encargado los proyectos de cuatro nuevos pasos bajo las vías. Dos servirán para renovar este de Delicias y el vecino de San Isidro.Otros dos serán nuevos: entre Padre Claret y Andalucía, desde Unión a Pelícano. El objetivo es que estén listos para 2020. Hasta entonces, miles de vallisoletanos tendrán que atravesar las vías por los angostos, oscuros y sucios pasos que en la actualidad permiten salvar la herida del ferrocarril. Y las asociaciones vecinales afectadas lo tienen claro: que no se repitan los errores.

«Uno de los grandes problemas es que no se ve la salida de Labradores. Así que ya no es solo que sea oscuro, es que también da la sensación de que falta seguridad. Los vecinos, sobre todo las jóvenes, han aprendido a tener precaución. Por eso, los fines de semana por la noche, las chicas suelen quedar para no atravesarlo solas», asegura Alonso.En el otoño de 2011, se anunció la colocación de cámaras de vigilancia. Fueron arrancadas tres días después, sin que la Policía Local las llegara a activar. «La solución era el soterramiento porque, por muchos túneles que se hagan, el muro seguirá aquí.Y un muro no es solo una frontera física, sino que es también una barrera que genera desigualdad social», asegura la presidenta vecinal de Delicias.

Enterrado el soterramiento, la esperanza pasa por túneles «dignos», como asegura Andrés Pérez Sánchez, de la calle Tórtola (Pajarillos).

–¿Qué son túneles dignos?

–Que sean anchos, que no tengan mucho desnivel en las rampas, que estén bien iluminados, limpios que se vea la salida desde el otro lado.

Arriba, paso bajo las vías en San Isidro. A la izquierda, Carmen Alonso y Jesús García, en el túnel de Delicias. Vecinos en el paso peatonal de Pilarica. / / GABRIL VILLAMIL

Justo lo contrario de ese paso en San Isidro que utiliza tres veces a la semana para ir al centro o para tomar una cerveza con su hermano en la Circular. Cuenta que su hijo sufrió un robo en el túnel, cuando iba camino de la parada del autobús para trabajar en Renault. Le quitaron «un reloj y lo que llevaba». «El problema es que tiene forma u, la parte central no se ve desde los accesos, así que no sabes lo que te vas a encontrar», critica Yolanda Matía, vecina de la calle Águila, usuaria habitual de este pasaje que no es ajeno a los actos de vandalismo. «Hace unas semanas cambiaron los fluorescentes por unos plafones. A los pocos días, aparecieron todos pintados de azul, así que no se veía nada», explican desde la asociación La Unión de Pajarillos. Andrés entiende que este paso es el que más se puede beneficiar con la futura integración. «San Isidro es una calle ancha, así que se puede hacer un túnel amplio, con accesos y rampas rectas, sin las curvas que tiene ahora».

Unos metros más allá está el doble corredor entre Casasola y Villabáñez. El primero es el más angosto de toda la ciudad:apenas tres metros de ancho, con unas paredes que parecen verdes debajo de tantas pintadas. El segundo parece un lujo. Ancho, con carriles bici, corto en comparación, luminoso. «El peor de los que hagan ahora tiene que ser, como mínimo, como este;aquí, en caso de necesidad, podrían pasar coches», dice Carlos Puerto, residente en al calle Gallo, quien insiste en que las obras no se deben limitar a los túneles, «sino que también se deben arreglar los bordes, las paredes, los paseos que puedan surgir al lado de las vías».

Un poco más al norte se halla el epicentro del hartazgo. Un cartel que se actualiza de forma periódica sigue las cuentas de los días que lleva Pilarica «encerrada», desde que sellaron el paso a nivel. Este domingo se cumplen 943. «Y el barrio lo sufre», dice Paco, el quiosquero de Puente la Reina, quien asegura que el problema ya no es solo social o urbanístico, sino también económico. «Los negocios de este lado de la vía lo hemos notado mucho», asegura. Los movimientos entre ambos lados del barrio se han reducido desde que hay que atravesar un angosto paso, de incómodas rampas y quince escalones. «Hay mujeres mayores que han dejado de ir a misa», dice Paco. A su lado, Áurea Bernardo –residente de la calle Zaragoza– cuenta las dificultades que supone atravesar el túnel en silla de ruedas. «La rampa es tan estrecha que tienes que esperar si delante hay alguien con un coche de bebé o incluso con un carro de la compra», cuenta Áurea, quien atraviesa a diario las vías para acudir a los locales parroquiales o al centro cívico. La petición también aquí se repite:pasos anchos, luminosos, accesibles.

Hasta que eso llegue, reclaman mejoras en los actuales. El Ayuntamiento les someterá este año a un lavado de cara, después de comprometerse con una petición vecinal en los presupuestos participativos. Habrá 105.000 euros (35.000 en cada caso) para adecentar los subterráneos de San Isidro, Labradores y Arco de Ladrillo. Un parche a la espera de esas obras encargadas esta semana y que habrán concluido en el año 2020.

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