Tres heridos en el segundo encierro campero de Íscar

El corredor herido, que sufrió heridas en una de sus piernas.

Las Fiestas Populares de Agosto de la villa carpintera finalizaran esta noche con el entierro de la sardina y una verbena

CRUZ CATALINAÍscar

La última jornada de las Fiestas Populares de Agosto de Íscar se iniciaron esta mañana con la tradicional diana de dulzainas y tamboriles a cargo de la Asociación Cultural La Pinaza, que recorrió el trayecto urbano que va de la Plaza Mayor hasta la ermita del Humilladero. Lugar donde una hora después fueron entrando los cinco novillos-toros y otros tantos cabestros que protagonizaron el segundo encierro campero al casco urbano de la villa carpintera.

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Encierro complicado, pues la entrada de los cornúpetos del campo al asfalto fue escalonada, y al mismo tiempo accidentado, pues tres fueron las personas que requirieron de asistencia por parte de los servicios médicos que a bordo de una ambulancia se encontraban por el recorrido campestre y urbano. Dos de ellos para curar las heridas por asta de toro, que no revestían gravedad. Uno en el medio del campo y el otro, ya superado el embudo, en el primer tramo del recorrido urbano que va desde la citada ermita hasta el cerradero de Santa María de los Mártires. El tercero, en el embudo, fue un buen aficionado a los encierros de la vecina localidad de Alcazarén, que citó al morlaco para adentrarlo en la zona vallada del embudo, siendo superado por el cornúpeto, que sin llegar a empitonar, lo arrolló haciéndolo caer al suelo tras engancharlo por la parte posterior del jersey, lo que le provoco una herida en la rodilla.

Al igual que el día anterior, la parada de bravos y mansos acompañada por más de tres centenares de caballista arrancó del corral de la Varga de San Miguel con la intención de llegar al embudo, donde esperaban su llegada varios miles de personas, sobre las 10 horas.

Huida en solitario

Si bien hasta la mitad del recorrido, la manada corrió de forma compacta, a partir de este punto un novillo emprendió la huida en solitario, siendo conducido hasta el asfalto por jinetes y aficionados. Poco después un astifino negro, el que arrolló al mozo alcazareño, era igualmente conducido hasta la zona asfaltada. El tercero, que parecía iba a seguir la estela de su compañero, opó por darse la vuelta sin probar el asfalto. El siguiente en entrar fue un grupo de cuatro cabestros, y minutos después un novillo sardo y otro manso que optó por quedarse a acompañar a este bravo, que fue quien corneó en uno de sus brazos a una persona que se encontraba viendo el festejo junto al vallado dentro del recorrido urbano. Los dos bravos restantes, uno de ellos de pelaje jabonero que fue el autor de la otra cogida en medio del campo a un mozo, hacían su entrada sobre las 10:24 horas, para deleite del respetable.

Después de unos minutos reposando la manada en el cerradero de Santa María, esta partiría en veloz galopada por el recorrido urbano hasta la plaza de toros, donde los aficionados al toreo popular a cuerpo limpio se divirtieron probando otro par de novillos.

No sería este el último festejo taurino de la mañana, ya que con toros no de verdad, al mediodía tenía lugar desde la calle Mayor a la Plaza Mayor un sorprendente encierro ecológico para niños y adultos en el que se soltaron seis toros de nombre: Razonador, Bailón, Toro enamorado de la Luna, Pitarroso, Quite y Bonarillo, cuyos pesos en bascula oscilaron entre los 568 y 640 kilogramos de peso.

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