El 35% de los residuos alimenticios que van a la basura están en perfecto estado

El 35% de los residuos alimenticios que van a la basura están en perfecto estado

Un estudio sobre hábitos de consumo servirá para fijar una estrategia agroalimentaria local

ÓSCAR SAN JOSÉ HERREROValladolid

«Comer más sano es también ambientalmente más sano». Ese fue uno de los apuntes finales que expuso, como parte de sus conclusiones, el doctor en Economía e investigador de la UVA, Óscar Carpintero, en la rueda de prensa que tuvo lugar ayer por la tarde en las instalaciones del Museo Patio Herreriano. Coincidieron de pleno el resto de ponentes, y es que en Valladolid, una ciudad en la que una de cada cinco toneladas de comida no llega a la mesa y se pierde en las sucesivas fases de la cadena por ineficiencia, «tenemos bazas de sobra» para impulsar unas formas de consumo diferentes y alternativas. Y eso es en lo que trabaja en estos momentos la corporación municipal con la ayuda inestimable de la Fundación Entretantos y la Universidad.

Valladolid dio así el primer paso en la puesta en marcha de una Estrategia Agroalimentaria Local de carácter alternativo en la ciudad y los municipios del alfoz, apoyándose en la idea de que es posible construir entre todos –vía empoderamiento y concienciación, entre otras cosas– una ciudad esencialmente respetuosa con el medio ambiente y valedora de unos hábitos de consumo ecológicos y diferentes a los actuales.

Más salud para uno mismo y para el entorno. Ese es el objetivo final de una maniobra agroalimentaria planteada a futuro y cuya primera fase, a partir de un diagnóstico previo que sustentará el diseño definitivo de la estrategia, fue presentada ayer en un acto en el que estuvieron presentes la concejal de medio ambiente y sostenibilidad del Ayuntamiento, María Sánchez, así como Daniel López García y Verónica García García en representación de la Fundación Entretantos, además de Óscar Carpintero, investigador y uno de los encargados del estudio de partida que versaba sobre «el metabolismo de Valladolid».

El proyecto, que empezó a gestarse «en el mes de abril», en palabras de Sánchez, pretende seguir la estela de algunas de las ciudades españolas que ya han demostrado la viabilidad a la hora de tratar de generar dinámicas alimenticias diferentes, algo que no solo resulta positivo para quien lo pone en marcha, sino que puede tener repercusiones indudablemente necesarias en un entorno cada vez más golpeado por la contaminación. En este sentido, «la estrategia que estamos construyendo ahora» pretende revertir la situación.

La crisis, punto a favor

Una de las conclusiones más destacadas del estudio de Óscar Carpintero y Pedro Lomas (que no estuvo presente en el acto) destaca que «el consumo de los hogares vallisoletanos es muy sensible a la coyuntura económica». En otras palabras, que la crisis económica puede haber jugado un punto a favor en la modificación de unos hábitos alimenticios que ahora pueden reflejarse positivamente en la estrategia a implantar a base de políticas. «Desde el año 2008 hay una reducción en los kilogramos consumidos por habitante, especialmente en grupos de alimentos como carne, pescado, pan, cereales y frutas», apuntó Carpintero, que añadió que «las carnes grasas y los embutidos son los que más impacto negativo tienen en las huellas ecológicas».

Revertir todavía más estas pautas de consumo, algo en lo que se ha avanzado con la recesión, con dietas saludables y ovo-lacteo-vegetarianas puede ser por tanto uno de los pasos a seguir en la futura implantación de la estrategia. Además, «si aprovechamos las más de 300 hectáreas de terreno libres en el término municipal crecería el potencial de autoabastecimiento de la ciudad», afirmó. Y es que, efectivamente, Valladolid –donde el 35% de los residuos alimenticios que terminan en la basura están en perfecto estado, según el estudio– podría dar un paso de gigante en el cambio de paradigma. Se trata de aunar, como se desprendió de todo lo expuesto en el estudio, un mayor aprovechamiento de los recursos existentes, una mayor eficiencia y una transeferencia progresiva del consumo de grandes superficies al pequeño comercio local.

Precisamente en ese punto quiso incidir Daniel López, de la Fundación Entretantos, en su exposición de los principales resultados del diagnóstico social (el otro pilar de esta primera fase de la estrategia), elaborado a partir de más de 400 encuestas y once entrevistas. «Con este diagnóstico pretendemos mostrar la percepción de la gente», cuyas concluisones pueden ser de utilidad para edificar la posterior estrategia, en cuya segunda fase se empezará a trabajar desde ya. «Castilla y León tiene una diversidad notable de producciones convencionales pero un tejido limitado de redes alimentarias alternativas y de producciones ecológicas», manifestó, «y con este movimiento Valladolid se suma a una amplia red de ciudades que apuestan por la sostenibilidad alimenticia».

En relación a ese salto hacia el consumo local, «los vallisoletanos piensan que los retos para incrementar su consumo ecológico pasan porque se trata de productos muy caros y de difícil localización y acceso». La diversidad y la accesibilidad, por tanto, son dos de las barreras a productos alimentarios alternativos contra las que se tendrá que luchar a la hora de implantar las futuras políticas. Según López, «hay que dinamizar la cadena alimentaria local».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos