Recepción a los hijOs del rey Tremecén

Las rutas de Carlos V por Valladolid

Asaltados por el pirata Barbarroja, los hijos del rey solicitaron al archiduque ayuda y socorro inmediato

Escultura de Carlos V./
Escultura de Carlos V.
José Luis chacel
JOSÉ LUIS CHACEL

Valladolid despidió el año 1517 con numerosos actos festivos para homenajear al futuro monarca, pero como no hay satisfacción sin disgusto, la villa sufrió una pestilencia que produjo una gran mortandad, con una media de cuarenta enterramientos diarios. En aquella casa donde uno de sus miembros contraía la peste, poco después, todos los de la familia perdían la vida. Mucha gente huyó de la villa ante tan terrible enemigo.

Tremecén era una plaza del territorio argelino, que manteniendo su ley pagana, tributaba y estaba bajo la protección de la corona de Castilla. En 1512, el Rey Muley Abdalla se acercó a Burgos acompañado por un séquito de más un centenar de miembros para cumplimentar al Rey Don Fernando. Le obsequió, entre otros presentes, con una doncella de sangre real muy hermosa, ciento treinta cautivos cristianos, veintidós caballos moriscos, un leoncillo y una gallina con treinta y seis polluelos de oro. Aprovecharon la reunión para celebrar un torneo entre caballeros cristianos y árabes. Al infante Fernando de Habsburgo, que contaba con 8 años, le regalaron uno de los caballos lujosamente enjaezado. Sin duda, esta convivencia le proporcionó de por vida, un sentimiento de comprensión y amistad con el pueblo musulmán.

En los primeros días de enero de 1518, se acercaron a Valladolid los dos hijos del Rey de Tremecén para solicitar del Archiduque ayuda y socorro inmediato. Habían sido asaltados por el pirata Barbarroja, quien había dado muerte a su padre y a una gran cantidad de hombres, mujeres y niños. Su país corría un grave riesgo de ser conquistado si no se les apoyaba con un nutrido número de gentes de guerra. El infante Carlos, después de informar y consultar al Consejo de Castilla, aprobó prestarles la asistencia solicitada. Ordenó el reagrupamiento inmediato en Valladolid, de las compañías castellanas con sus capitanes al frente. Ocho días después el Habsburgo pasó revista a más de un millar de hombres de armas, perfectamente equipados, armados y montados en briosos corceles. Cuando se anunció el envío de un ejército para combatir a Barbarroja, hubo muchos otros caballeros que pidieron licencia para integrarse en dicha campaña.

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En el mes de julio de 1518 cerca de cinco mil combatientes se concentraron en tierras argelinas dispuestos a pelear al lado de los dos hijos del rey asesinado y raudos se enfrentaron a las huestes del pirata. Cuando este vio que iba a ser derrotado por las tropas que asediaban la plaza, abandono Tremecén de noche por un portillo de la muralla con escasa compañía, pero con gran parte del tesoro requisado en sus conquistas. Al tener noticias de su huída fue perseguido por varios soldados castellanos que no cesaron en su empeño de atraparlo a pesar de que el pirata, con la intención de distraerlos, fue regando el camino con monedas de oro y plata. Le dieron alcance tras recorrer treinta leguas, donde fue alcanzado por la pica del alférez asturiano García Fernández de la Plaza, natural de Tineo, quien le cortó la cabeza. Dicho alférez que pertenecía a la compañía del capitán Andrade, se presentó en Orán con ella como trofeo de guerra. El famoso pirata Barbarroja no fue una única persona, sino que se denominó de esta forma a tres de los cuatro hermanos, hijos de un matrimonio cristiano formado por un albanés y una viuda castellana, llamada Catalina. Aruj, el mayor, se alistó en la flota turca y en un enfrentamiento con los cristianos, presenció la muerte de su hermano Elías, fue hecho prisionero y condenado a galeras. Desde ese momento juró eterna venganza a los cristianos. Se escapó a nado después de cortarse con un cuchillo el talón de un pie para liberarse del grillete. Se enroló como timonel en una flotilla corsaria, donde terminó asesinando a su patrón y adueñándose de sus barcos. Poco tiempo después se alistaron con él sus otros dos hermanos, Ishak y Jeireddín. Un disparo de artillero desde un puerto argelino mató a Ishak y dejó manco a Aruj. Este último, fue el Barbarroja decapitado en la reconquista de Tremecén. El pequeño Jeireddín, fue quien tomó el relevo de la saga y mantuvo en jaque a las flotas cristianas en el Mediterráneo, durante algo más de un cuarto de siglo.

La aprobación de la reconquista de Tremecén, que el Archiduque ordenó en los primeros días de 1518, fue la primera decisión de carácter bélico que tomó en su vida.

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