Cuando los rankings universitarios no dicen toda la verdad

El consejero de Educación, Fernando Rey, junto al rector de la Universidad de Valladolid, Daniel Miguel, en la inauguración del curso académico. / Henar Sastre

UVA y UEMC se rebelan contra la imagen «distorsionada» que ofrecen estas clasificacionesy piden más «matices» y «factores de corrección»

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

«Hay que saber salir en la foto». La frase es del consejero de Educación, Fernando Rey, quien cree que las universidades de la región deben hacer un esfuerzo por figurar en los ‘rankings’ nacionales en unas posiciones acordes a su nivel. El batacazo aparente de la UVA en la clasificación de la Fundación CyD (que estudiaba 69 universidades de las 82 españolas) y algunos de los datos que recoge el U-Ranking de la Fundación BBVA respecto a UVA y UEMC han hecho que los rectores pidan un poco de reflexión. Para empezar, porque en una época de adoración por las clasificaciones universitarias, con la de Shanghái como referencia ineludible, se acostumbra a juzgar a las universidades españolas por su ausencia de los primeros puestos de la tabla internacional. «Se hablaba de que la mayoría de las universidades públicas españolas están aproximadamente dentro de las mil mejores del mundo», explica Daniel Miguel, rector de la UVA. «Teniendo en cuenta que hay unas 30.000 entidades universitarias en el mundo, tener a todas las públicas por encima del mil sería un éxito. Y sin ningún Harvard ni Oxford. Es muy razonable para el país que somos», señala.

El caso es que en los últimos ‘rankings’ nacionales, la UVA y la UEMC han tenido motivos para la queja. En el caso de la pública, porque algunos de los datos recogidos son parciales, al olvidarse de que la estructura de la Universidad de Valladolid tiene otras dos patas de bastante calibre, la FundaciónGeneral y el Parque Científico, cuyas aportaciones no se recogen. En el ‘ranking’ de excelencia de universidades del mundo, sin embargo, la UVA aparece en el puesto 791.

Y es que en función de los criterios que se escojan los resultados pueden ser muy diferentes. Algunos países discriminan entre un tipo de universidades orientadas a la investigación y otras universidades más enfocadas al mundo laboral desde la docencia. Un doble rasero que premiaría, en su ámbito, a una institución privada como la Universidad Europea Miguel de Cervantes. En su caso, la apuesta por contar con profesores como Lluís Bassat, que imparte talleres a los alumnos de Comunicación Audiovisual y Publicidad, les penaliza bajo el prisma de un concepto más tradicional del profesorado universitario, que debe aportar investigación científica.

También hay clasificaciones que carecen de un elemento corrector respecto al tamaño y la juventud de cada institución. Así, señala la rectora de la UEMC, resulta imposible para la privada vallisoletana competir, con 207 profesores, en la misma liga que un mastodonte como la Universidad Complutense de Madrid, con más de ocho mil docentes e investigadores.

Los últimos ‘rankings’ nacionales, además, se han publicado en fechas previas a los exámenes de Selectividad y al comienzo del periodo de matriculación, lo que puede derivar en un perjuicio para las universidades vallisoletanas, que compiten por un alumnado cada vez más exiguo.

La UVA ya ha anunciado medidas para incentivar la investigación y la transferencia entre sus docentes, así como para mejorar la transmisión de los datos para lograr, como pedía Rey, «salir lo mejor posible en la foto».

Universidad de Valladolid «Si hubiera clasificaciones por áreas, estaríamos bien»
El rector de la UVA, Daniel Miguel, en El Norte de Castilla. / El Norte

Hace unos días, revisando informes, en la Universidad de Valladolid se toparon con una publicación de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE). Entre los datos que apotaba de las diferentes instituciones, señalaba que la UVA cuenta con tres mil profesores.

Ni de lejos.

No solo tiene 2.250 –y bajando, con unas jubilaciones difíciles de suplir en carreras comoMedicina–, sino que de ellos, más de 600 son profesores asociados. Es decir, profesionales que, por su labor fuera de la universidad, imparten clase en alguna asignatura.

El ejemplo deja mal a la CRUE, pero también sirve de advertencia para la propia Universidad de Valladolid, como admite su rector, Daniel Miguel. «Lo que nos preocupa es que estemos aportando los datos de manera correcta y hay que ver de dónde toman los datos los diversos ‘rankings’», comienza.

Y es que esa es una de las claves para que la UVA aprecie una distorsión importante en la imagen que los ‘rankings’ trasladan de la institución. Daniel Miguel lo explica así. «Algo que nos hemos encontrado es que tenemos muchas cosas en la Fundación General (FUNGE) que otras universidades tienen dentro de su estructura y corremos el peligro de que cuando alguien haga un ‘ranking’ acuda a determinadas fuentes, como los presupuestos de la Universidad. Y en nuestro caso el tamaño de la FUNGE es especialmente grande en relación con el tamaño de la Universidad, si se compara con otras universidades. De manera que si nos cuentas solo con los datos de la Universidad y te olvidas de la Fundación, que no tienen por qué saber cómo es en cada caso...».

Pero no solo es la Fundación General, sino también la Fundación Parque Científico. Ámbitos en los que la UVA computa, por ejemplo, los proyectos europeos o las patentes. «Salíamos mal en algún ‘ranking’ en patentes y somos de las universidades que, con respecto al tamaño, más patentes ha registrado en los últimos tiempos. En Castilla y León estamos líderes en captación de proyectos europeos y, sin embargo, salimos mucho más atrás que otras universidades. Por algo será, pero tenemos la impresión de que hemos fallado en comunicar los resultados y los indicadores y eso sí que es responsabilidad nuestra», asume el rector de la Universidad de Valladolid.

La solución no es fácil, pero Daniel Miguel parece dispuesto a buscarla, aunque para ello tenga que plantearse medidas relevantes. «Por un lado, tenemos que hacer un esfuerzo para comunicar bien los datos, y por otro, repensarnos la configuración que tienen la UVA, la Fundación General, la Fundación Parque Científico... Porque a lo mejor lo que tenemos que hacer es refundarlas de otra forma».

Organismos como la Fundación Conocimiento yDesarrollo o la Fundación BBVA, que han elaborado los últimos ‘rankings’ publicados en España, toman los datos de las bases oficiales. Eso puede provocar estos desajustes en casos como el de la Universidad de Valladolid.

«Hay que potenciar muchas cosas, la investigación, la transferencia... Hay que ser mejores, pero también hay que cuidar que la imagen que damos en los sitios en los que depositamos las cifras sea la correcta. Porque nadie va a preocuparse de buscarlos por su cuenta», explica el rector. «A lo mejor no estamos haciendo el esfuerzo para que en los sitios oficiales estén los datos debidamente actualizados. Y eso sí me preocupa, porque eso es responsabilidad nuestra como institución», admite.

Daniel Miguel considera que una forma más justa de enfocar este tipo de clasificaciones es adoptar una modalidad por áreas.Porque los ‘rankings’ toman como base unos criterios que, en el caso de las clasificaciones internacionales, responden a un patrón de universidad poco común en España, por ejemplo, donde las universidades públicas son poco especializadas pero al mismo tiempo cumplen una función social por su carácter generalista. «Al ser una universidad generalista y tener áreas muy intensas en investigación y otras que no lo son tanto, en promedio nunca vamos a salir bien. Pero si se hacen ‘rankings’ por áreas, ahí aspiro a que estemos bien», indica.

Eso no quita para que la Universidad de Valladolid esté reflexionando ya sobre cómo mejorar los resultados de investigación, de transferencia y de patentes. «Estamos pensando en una serie de programas para incentivar acciones para estar mejor en los indicadores. Que nuestros resultados de investigación, de transferencia, de patentes y de contratos sean mejores. Programas para reforzar y potenciar», anticipa el rector.

Hay otras cuestiones, sin embargo, que no cuadran bien con los datos ya existentes, y esa queja es común a las dos universidades vallisoletanas. Bien porque no se aplican determinados factores de corrección o bien porque la valoración no es bien acogida. «La Universidad de Valladolid, con 24 programas de doctorado, es mejor que dos tercios de las universidades americanas, muchas de las cuales no tienen programas de doctorado, y luego salimos emparejados con algunas privadas que no tienen programas de doctorado y eso es doloroso, porque ese ‘ranking’ no puede estar bien hecho», sentencia Daniel Miguel.

Y sin embargo es importante salir bien en esas clasificaciones. ¿Por qué? Porque está en juego atraer estudiantes e investigadores extranjeros, por ejemplo. Y esos ‘visitantes’ son los que luego contribuyen a tejer redes internacionales con las que conseguir proyectos de investigción importantes, y así atraer dinero y talento, que a su vez permite aumentar aún más esas redes... El círculo virtuoso del progreso universitario.

«Por eso a la larga confío más en la cuestión por áreas. Es importante porque muchos países están haciendo esfuerzos importantes en movilidad para mandar a su gente a hacer tesis doctorales y másteres al extranjero. Y dicen ‘si voy a gastarme un dinero importante en mandar a mi gente a Europa, quiero hacerlo a universidades de prestigio’. Y utilizan los ‘rankings’. Ahí lo tenemos mal. Y sin embargo en promedio igual no estoy bien, pero en Física estoy entre las 50 o 100 primeras, por ejemplo, y si quieres enviar a uno a hacer la tesis en Física deberías pensar en la Universidad de Valladolid, por ejemplo».

Esa clasificación por áreas de conocimiento puede ser un alivio para las universidades públicas españolas, no solo para la de Valladolid, ya que en determinadas facetas han aumentado exponencialmente su producción científica en las últimas décadas.

Universidad Europea Miguel de Cervantes «No respondemos al modelo de universidad tradicional que recogen algunos rankings»
Imelda Rodríguez Escanciano, rectora de la UEMC. / El Norte

El titular de un medio digital tras la difusión del U-Ranking de la Fundación BBVA resultaba injustamente demoledor. «La UEMC y la SanJorge, las peores universidades de España». Para empezar, no se tenía en cuenta que en ese ‘ranking’ solo figuraban 61 de las 82 universidades del país. Pero es que además, analizados los datos de esa clasificación y de la realizada por la Fundación CyD, aparecen contradicciones flagrantes. «No pueden considerar como mérito los proyectos de investigación que han concurrido en convocatorias nacionales o internacionales, porque las universidades privadas tienen vetado participar en ese tipo de proyectos porque son entidades con ánimo de lucro», ejemplifica Imelda Rodríguez, rectora de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Para la responsable académica de la institución, este tipo de clasificaciones penalizan a las universidades con un modelo diferente al tradicional. «Más que marcar una posición u otra para las universidades, marca modelos de universidad distintos en una u otra etapa de crecimiento. Nosotros queremos dejar patente que el modelo de universidad de la UEMC está muy definido. Que es un modelo que genera satisfacción en nuestros estudiantes y también resultados. Porque nuestro índice de empleabilidad sobrepasa ya el 80%», señala Imelda Rodríguez.

«En esta universidad puedo optar por la vertiente más fácil, que es contratar a doctores de todas las áreas, que tengan currículos investigadores hayan hecho como hayan hecho la investigación, no me preocupa, ni tampoco su transferencia al mundo empresarial. Pero no voy a contratar perfiles como maestros como Bassat o González-Alorda. Porque eso te lo penaliza el ‘ranking’. Porque calcula todos los datos sobre el total del personal docente e investigador. Y esos Bassat o Alorda tienen máxima penalización», explica la rectora.

Ocurre que la UEMC, con 207 profesores, cuenta con un ramillete de buenos investigadores en Ciencias de la Salud, por ejemplo, pero el gran número de profesores asociados, llegados del mundo de la empresa pero sin obligación de investigar –como sí tienen titulares y catedráticos–, hace que al obtener el promedio, la ratio investigaciones/profesorado sea mínima. «El hecho de que casi se obligue a que todo el mundo en la universidad haga de todo para llegar a completar unos parámetros a su máximo nivel perjudica el modelo de la UEMC», ilustra gráficamente Rodríguez Escanciano.

Más contundente aún se muestra su vicerrector de Investigación, David García. «Aquí no queremos gente que haga de todo, sino gente muy buena en la empresa y gente muy buena investigadora, pero este modelo premia a chicos para todo. Busca una universidad en la que todos hacen de todo y eso no es realista».

Así que la conclusión de la Universidad Europea Miguel de Cervantes es que la imagen que se ofrece no se corresponde con la realidad. Con el riesgo evidente de que después un par de titulares desafortunados calen en los potenciales alumnos de la Universidad, que desconocen todas las aristas de estas clasificaciones externas. «Ocupamos esa posición porque no respondemos al modelo tradicional de universidad que recoge ese ‘ranking’, de sexenios y grandes investigaciones. ¿Por qué no se incluyen indicadores que recojan cuántos profesores de la plantilla están vinculados al mundo empresarial? Ese ítem no se incluye, cuando Bolonia se apoya en una máxima como esa, por ejemplo».

A juicio de la rectora de la UEMC faltan, además, algunos «factores de contraste» que permitan un ajuste fino de los ‘rankings’. «Por ejemplo, saber cuál es la satisfacción de los alumnos sobre esos datos que ellos aportan o la satisfacción de las empresas, que me parece algo que no hay que desestimar».

Por eso, al igual que su homólogo Daniel Miguel, Rodríguez Escanciano pide una mejora en estas clasificaciones. «Me gustaría que los ‘rankings’ evolucionaran. Escoger los indicadores es una labor muy ardua que debe hacerse con mucho rigor y precisión, porque según el análisis que se hace del U-ranking, uno se lleva las manos a la cabeza por algunos de los indicadores».

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