Quiso regresar a la Universidad... y lo consiguió

Roberto, junto a su asistente personal de El Puente, a las puertas de la facultad. /HENAR SASTRE
Roberto, junto a su asistente personal de El Puente, a las puertas de la facultad. / HENAR SASTRE

Roberto ha retomado, tras dos ingresos por brotes, los estudios gracias al apoyo de un asistente personal de la asociación El Puente de Salud Mental

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Sube a clase de Bioética, en la facultad de Filosofía y Letras, con una mochila llena de libros y un equipaje de lecturas que se ha traído de casa, desde ese piso tutelado por la asociación El Puente de Salud Mental en el que, de lunes a viernes, vive Roberto junto con tres compañeros más.

Roberto (Valladolid, 1993) no es en realidad Roberto, pero prefiere que le llamemos así. También ha elegido no mostrar su rostro en las fotos «porque todavía hay mucha incomprensión con respecto a las personas con problemas de salud mental. Hay un cierto estigma. Se nos llama enfermos y esto no es una enfermedad. La mente es un campo mucho más complejo que el cuerpo y comprenderlo es más difícil», asegura Roberto.

El suyo es un caso único en Valladolid, como explican desde El Puente. Por su juventud, por su tesón, por el modo en el que ha superado complicaciones, porque después de haber permanecido nueve meses ingresado (en el Hospital Clínico y el Benito Menni), tras afrontar dos brotes, ha conseguido reconducir su vida y llevarla de nuevo a la Universidad. Roberto ha retornado a las aulas, ha recuperado sus estudios de tercero de Filosofía y se ha convertido, dicen en El Puente, en un referente de integración, en un ejemplo de los resultados beneficiosos que arroja el servicio de asistente personal que promueve esta entidad y que, en la actualidad, ahora mismo, acompaña a ocho usuarios de El Puente. Roberto es uno de ellos.

«El asistente personal acompaña al beneficiario en su proyecto de vida y lo hace a través de un plan de apoyo integral para que pueda conseguir aquello que se proponga. En su caso ha sido regresar a la Universidad», explica Elisabeth Juárez, coordinadora del área de promoción de la autonomía e inclusión social en El Puente, quien recuerda que la base de esta figura es «ayudar a llevar una vida independiente con el fomento de la autodeterminación, la autonomía personal y la toma de decisiones».

Un vínculo de confianza

Sara García, integradora social, es la asistente personal de Roberto. «Lo más importante es establecer un vínculo de confianza con la otra persona, que se sienta con la libertad absoluta de compartir su día a día». Yeso, explica, con Roberto se ha conseguido.Han establecido una alianza desde el pasado mes de abril. Durante los primeros meses, el acompañamiento se centró en paseos y ayuda doméstica. «Cuando decidió regresar a la Universidad, hemos ayudado a formalizar la matrícula y ahora servimos de apoyo para acudir a clase», apunta Sara.

«Soy muy perezoso –reconoce Roberto– y posiblemente si no fuera por ella no me levantaría de la cama». Sara acude por las mañanas a comenzar el día con Roberto y lo acompaña hasta la facultad, donde cursa tercero de Filosofía. Llegó a la Universidad en el curso 2012-2013. Desvela que la Filosofía no fue su primera opción –durante el instituto le gustaba la Historia, siempre quiso estudiar Psicología–, pero al final ha optado por una carrera que, sin duda, «ayuda a comprender el mundo». «Siempre me ha gustado leer, sobre todo de niño, aunque en la adolescencia lo dejé de lado porque me costaba concentrarme.

Ahora lo he recuperado y me gusta descubrir el pensamiento de los autores que nos proponen en clase». Dice que ha disfrutado mucho con ‘La República’ de Platón; con ‘Leviatán’, de Hobbes; con ‘Fundamentos de la metafísica de las costumbres’, de Kant. Y con las reflexiones sobre el arte que propone la asignatura de Estética. «Lo más interesante de la Filosofía es leer a los autores, comprender su obra y establecer relaciones entre ellos», indica Roberto, quien asegura que recuperar estos estudios has ido una empresa personal. «Sé que las salidas profesionales son complicadas, que un filósofo se puede dedicar a la docencia o como asesor en alguna empresa, pero yo no me veo ahí. Estudio Filosofía para mi formación cultural, personal, del espíritu», dice.

En 2012 empezó la carrera. Completó dos cursos. En el verano 2014 sufrió un duro golpe emocional. Falleció su madre y dejó los estudios. Vendrían después unos meses complicados que terminaron con ingresos en el Clínico y el Benito Menni (entre enero y octubre de 2016), después de dos brotes. «Ya antes había estado con el psicólogo, a los 15 años, y también con el psiquiatra, con 19, aunque yo soy más partidario de las terapias que de la medicación», explica Roberto, quien articula un discurso muy medido respecto a la imagen social que se tiene de las personas con salud mental. «Estamos muy condicionados por lo que hemos visto en algunas películas, como ‘Una mente maravillosa’, cuando se trata de una visión en cierto modo manipulada. No creo que ayude hablar de enfermedad. No creo que lo sea. ¿Sería mejor hablar de trastorno? En todo caso, hay personas que lo han sufrido y que lo han convertido en una virtud, como Rousseau, un filósofo brillante», apunta.

Cuando Roberto recibió el alta, empezó a residir en una vivienda supervisada por educadores de ElPuente y decidió aferrarse a su objetivo universitario, retomar su vida y encontrar un punto de apoyo y de referencia. Cuando lo cuenta mira a Sara, su asistente personal (una figura recogida en la Ley de Igualdad de Oportunidades de las personas con discapacidad en el año 2003, reconocida por la Junta y con apoyo formativo de la Obra Social de La Caixa), quien lo ha acompañado en este camino de exitoso regreso a las aulas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos