Los profesores dan una lección de vocación

Ponentes del congreso 'El cambio educativo: de sueño a objetivo'. /Rodrigo Jiménez
Ponentes del congreso 'El cambio educativo: de sueño a objetivo'. / Rodrigo Jiménez

Seiscientos docentes se han pasado el fin de semana en Valladolid en jornadas de formación o actividades educativas

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Manuel García Barbadillo y su alumno Jesús Checa Sieres no podrán quedarse hasta el final de la entrega de medallas de la Olimpiada de Física. Este profesor vallisoletano afincado en Ceuta y el campeón local de la especialidad, del instituto ceutí Siete Colinas, tendrán que salir raudos del Paraninfo de la Universidad de Valladolid para coger un tren a Madrid que enlazará con un tren a Málaga, un tren a Algeciras y un ferry. Todo porque este fin de semana más de 136 estudiantes de toda España han participado en la fase nacional de la Olimpiada y lo hacen acompañados por docentes en una competición organizada por miembros de la Real Sociedad Física, que son a su vez profesores.

A menos de dos kilómetros de este evento se celebraba, este mismo fin de semana, un encuentro con 185 profesores de Ciencias Sociales decididos a mejorar la forma en que imparten sus asignaturas. «Los asistentes no pagan inscripción, pero tampoco se paga a los ponentes, la gente viene por amor al arte y han llegado de casi todas las comunidades autónomas», dice Carlos González, uno de los cinco miembros del comité organizador.

Y cerca de allí, a doscientos metros, el Palacio de Congresos Conde Ansúrez reunía a otros 230 profesores dispuestos a escuchar a grandes representantes del cambio en las metodologías educativas en este país. con el congreso 'El cambio educativo: de sueño a objetivo'. Por ejemplo, César Bona, que cumplió el domingo con la conferencia que no pudo impartir el sábado por encontrarse enfermo. «Viernes, sábados y domingos viene gente que se une, coge el coche, lo paga de su boilsillo y se pasan tres días aprendiendo. El domingo vuelven exhaustos a sus casas. Y el lunes todo eso repercute en la educación de nuestros hijos e hijas. Y eso nadie nos lo pide, nadie nos obliga a hacerlo. Lo hacemos porque tenemos ganas de seguir aprendiendo y eso se tiene que valorar», decía Bona.

Participantes en el IV Encuentro de profesores de Ciencias Sociales.
Participantes en el IV Encuentro de profesores de Ciencias Sociales. / @history_topics

Pero aún hay más. El propio sábado, 35 profesores de Primaria, Secundaria y Universidad atendían en talleres muy trabajados a 165 niños con altas capacidades en el instituto Julián Marías de Parquesol.

En total, casi seiscientos profesores se han dedicado durante todo el fin de semana en Valladolid a formarse o participar en actividades que mejorarán el conocimiento de sus alumnos. Y de ahí saldrán nuevos proyectos, porque muchos de estos docentes inquietos se siguen en redes sociales o colaboran, gracias a la tecnología, en proyectos conjuntos. El ejemplo más claro es el del Encuentro de Profesores de Ciencias Sociales, que en su primera edición reunió a 17 enseñantes; la siguiente, a 50; en la tercera, en Mérida, fueron 80. Este fin de semana, 185. «La próxima es en Madrid», advierte Carlos González, como sin querer pensar dónde puede estar el techo.

Tienen en común su afán por mejorar y cambiar las cosas que creen que ya no tienen cabida. «Lo que hay que cambiar es la forma de ver, que el contenido no venga siempre del mismo lado, tener en cuenta al individuo, escuchar, es un diálogo entre el alumno y el sistema educativo, que ahora mismo no existe», decía Jorge Ruiz, de la Fundación Promete. Y apuesta por contar con el niño. Algo que parece complejo pero que defienden otros compañeros suyos. «Hay miles de docentes de todos los ámbitos que están deseando dar un paso adelante», señala César Bona, que fuera finalista de los 'Teacher Global Prize'. «Falta que desde las administraciones se escuche más a los docentes, que bajen a la realidad de las aulas y que trabajemos todos juntos. Las familias son algo tan importante que obviamente no se pueden quedar fuera, así que cuando las administraciones se plantean cambiar cosas deberían escuchar a docentes, familias y sobre todo a niños y adolescentes, que son los grandes protagonistas y los grandes olvidados», advierte.

Docentes y alumnos participantes en la Olimpiada de Física.
Docentes y alumnos participantes en la Olimpiada de Física. / El Norte

«Lo que nos falta a los docentes es formación. A veces no es que no lo hago porque no quiero, sino porque no sé», señalaba el sábado la psicóloga Coral Elizondo.

Y por ese motivo, entre otros, es por el que Carlos González, del encuentro de Ciencias Sociales, apuesta por seguir con estos encuentros, incluso a escala más regional, para crear lazos fuertes de colaboración. «Entre los profesores de Ciencias Sociales hay una ola que es minoritaria aún, que considera que no tiene sentido que el chaval memorice y regurgite, sino que busca el aprendizaje significativo, que hablen en público, que escriban, que hagan trabajos de investigación, a su nivel, con fuentes históricas o tecnológicas», asevera.

Alfredo Corell, coordinador de Innovación en la UVA, es de los críticos con el inmovilismo. «El obstáculo mayor está en los compañeros que ven esto como algo circense y se mantienen como siempre. No en clases magistrales, porque una clase magistral bien hecha es una pasada, sino que el profesor se sienta con una diapositiva en powerpoint y empieza a dictar lo que pone en la diapositiva. Y a eso mucha gente lo llama clase magistral. Y los estudiantes ven en eso una pérdida de tiempo y no van a clase».

La resistencia a los cambios parece algo inherente al ser humano y la educación no iba a ser un ámbito inmune a esa resistencia.César Bona reconoce, de hecho, que «la reticencia ante el cambio es algo que parece implícito en la educación», pero considera que no hay posibilidad de quedarse estancado. La corriente renovadora cada vez tiene más fuerza. «Debemos plantearnos que todo evoluciona, las comunicaciones, la tecnología, la medicina... Y la educación debería estar en vanguardia, porque estamos educando niños y niñas para un mundo que está en continuo cambio. Qué menos que sepamos hacia dónde nos movemos y qué tenemos que hacer para cambiar», anima Bona.

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