Procomar, treinta años de compromiso social en Valladolid

Paulina Fiorentino y Alba Bidó, en las jornadas de aniverasrio de Procomar. / RODRIGO JIMÉNEZ

La entidad de atención a personas inmigrantes celebra tres decenios con más de 20.000 usuarios

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Un médico. Un asistente social. Dos educadores y un grupo de familias de alumnos del colegio La Salle. Este fue, hace treinta años, el germen de una entidad que nació como Promoción de Colectivos Marginales (Procomar)y que ahora, aunque conserva las siglas, ha mutado en asociación de ayuda a inmigrantes: hoy es uno de los colectivos de atención a personas extranjeras más potentes de la ciudad, es una referencia nacional integrada (desde 1993) en la Red Acoge y se ha convertido en una de las ONG más activas de Valladolid, con una plantilla de veinte profesionales, 96 voluntarios y una hoja de servicios que consigna su compromiso, a lo largo de estos treinta años, con 20.044 personas (procedentes de 142 países) que han encontrado acogida, asesoramiento y ayuda en alguno de los 16 servicios que promueve Procomar.

La entidad celebró el viernes sus tres decenios de existencia con un encuentro en el salón de actos del colegio de Lourdes en el que no solo se miró por el retrovisor, sino en el que también se levantó la vista para barruntar lo que traerá un futuro de incertidumbre internacional y anunciada recuperación económica. Porque aunque los peores tiempos de la crisis ya pasaron y pese a que los años más pujantes en la llegada de extranjeros quedaron atrás (el pico se alcanzó en 2016, con 33.257 personas extranjeras en la padrón; hoy son 24.343), aún hay mucho trabajo y nuevos retos, como explicó José Antonio Álvarez, presidente de la ONG.

«La llegada de personas necesitadas a nuestro país no solo no tiene perspectiva de de crecer, sino que los flujos migratorios mediterráneos nos dicen que España se ha convertido en el primer destino. Y a eso hay que sumar las llegadas de Sudamérica o de países de Europa, como Bulgaria o Rumanía. Todo esto nos permite pensar que el número de personas inmigrantes tiene, de nuevo, visos de crecer», explica Álvarez. Pone como ejemplo una cifra, vinculada con las solicitudes de asilo que ha recibido España. El año pasado fueron 16.000. Hasta agosto de este año ya se han alcanzado las 20.000, la mayoría procedentes de países como Siria o Venezuela. De ahí el refuerzo de líneas de atención a refugiados.

Desde las chabolas de La Victoria

«En una explanada vacía del Camino del Obregón viven doce familias de portugueses que vinieron a España hace más de diez y quince años para trabajar en hoteles u obras de construcción. Muchos de ellos vivieron en casa ‘normales’ hasta que les tocó apretarse el cinturón por la crisis y el desempleo. Ahora habitan en chabolas o ‘roulettes’ con sus familias de hasta diez y doce personas». Un artículo, el 3 de enero de 1988, explicaba por primera vez en El Norte de Castilla la situación en la que se encontraban estas familias («algunas de ellas mendigan y otras se ganan la vida de feriantes») que ocupaban unas chabolas en La Victoria. «Pese a todo, tienen una ventaja:existe una entidad privada y un grupo de trabajadores sociales que les ayuda», decía el periódico. Esa entidad era Procomar, un colectivo entonces recién creado a instancias de un grupo de familias del colegio de La Salle, con el impulso de Fernando Barrio y Jesús Puente, presente en la celebración. «Nuestro primer reto fue la escolarización de los niños de aquellas familias portuguesas», recuerda Puente, orgulloso hoy, treinta años después, de lo logrado por Procomar.

Esta previsión invita a Procomar a ser consciente de la vigencia de unos programas que el año pasado atendieron en Valladolid a 1.484 beneficiarios (630 hombres y 854 mujeres) procedentes de 45 países. Las nacionalidades con más personas atendidas fueron Marruecos (308), Bulgaria (217), Rumanía (166), República Dominicana (129) y Colombia (111). Son cifras elevadas si se piensa que detrás de cada uno de estos números hay historias individuales, personas que necesitan apoyo para abrirse paso en un país nuevo o para fortalecer sus raíces y su sensación de pertenencia.

Para ello, la entidad promueve diversos programas –bajo la coordinación de Marta García– que cubren una «atención integral». En primera acogida se facilitó ayuda alimentaria para 429 personas y se asesoró a otras 229 para acceder a una vivienda. El área jurídica realizó 1.231 atenciones a 657 usuarios. La mayoría estuvo relacionada con derecho de extranjería (528 consultas sobre autorizaciones de residencia, agrupaciones familiares). En el área de empleo, se informó a 97 personas y se realizaron 74 itinerarios personalizados (16 hombres y 58 mujeres), que tuvieron como resultado 54 contratos laborales y la inserción de treinta personas. En esta área brilla el programa Incorpora, proyecto apadrinado por La Caixa.

Y están también las vertientes de mediación intercultural y de educación, con talleres en colegios (Entre Ríos y Gabriel y Galán), apoyo escolar o enseñanza del español a menores escolarizados en centros como Cardenal Mendoza, Inmaculada Concepción o Anunciata. Disponen además de una escuela de verano en la que el año pasado participaron cuarenta niños de entre 3 y 16 años. De hecho, uno de los retos de Procomar, apuntados durante la jornada celebrada ayer, es atender a la segunda generación, a parte de esos 5.236 chavales de padres extranjeros que viven en Valladolid (y que muchos de ellos, 2.374, según el INE, ya nacieron aquí).

Y además, el grupo de mujeres Arcoíris. Su promotora es Paulina Fiorentino, una religiosa franciscana que en 2006 decidió poner en contacto a mujeres procedentes de otros países y que encontraron aquí un espacio común«que es a la vez refugio y esperanza de vida». Porque no es fácil hacer amigas cuando se llega a un nuevo país.

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