El poblado de Fasa apunta al sol

Los primeros bloques de la acera de los impares de la calle Caamaño ya muestran su nueva cara, de gris y azul./J. S.
Los primeros bloques de la acera de los impares de la calle Caamaño ya muestran su nueva cara, de gris y azul. / J. S.

Ocho de los veinte bloques se conectarán a una caldera de biomasa y la torre de Delicias, de 14 plantas, estrena placas solares

J. Sanz
J. SANZ

Corrían los años sesenta y el aún hoy barrio más populoso de la ciudad, como es Delicias, afrontaba su ampliación para dar cobijo a los obreros de las nuevas fábricas. Así, en el denominado ensanche de la capital, se sucedieron los polígonos de viviendas en torno al eje de las carreteras de Madrid y Segovia (Arca Real, Las Viudas, Jesús Aramburu y Canterac) hasta cerrarse la expansión por el sur de la urbe con la construcción de veinte bloques de pisos, 19 de cinco alturas y un torreón de catorce –el más alto de Delicias–, promovidos directamente por Fasa (hoy Renault) entre los años 1965 y 1966 para facilitar el acceso a la vivienda de sus operarios. Aquel piconcito, situado entre los paseos de Arco de Ladrillo y de Juan Carlos I y la calle Benito Menni pasó a denominarse poblado de Fasa y sus habitantes, 1.100, afrontan ahora un proyecto de rehabilitación integral para mejorar la calidad de vida en un conjunto de edificios que superan el medio siglo de vida.

La remodelación integral del poblado de Fasa, a la que se han sumado dieciocho de las veinte comunidades de vecinos –una más, al parecer, está a punto de hacerlo–, comenzó a mediados de agosto del año pasado y desde la semana pasada ha comenzado a mostrar sus resultados con la retirada parcial de los andamios que cubrían el torreón de cuarenta metros de altura. El lado sur de este ‘rascacielos’ de Delicias muestra ahora la nueva cara del barrio, en el que el mortero gris, con toques azules, ha sustituido al ladrillo y al amarillo tradicional; además de poner al descubierto su doble fila de paneles solares destinada a surtir de agua caliente a sus inquilinos.

Solo la torre de Delicias, con entrada por el número 95 del paseo del Arco de Ladrillo, contará con este sistema adicional de paneles térmicos –generan calor para calentar al agua–; mientras que tanto este bloque como el resto, diseminados por el mismo paseo y las calles Caamaño y Benito Menni, todos ellos de cinco alturas, tendrán la opción de engancharse a una caldera común de biomasa, con contadores individuales, para el sistema de calefacción.

El barrio ya cuenta con este sistema común para calentar el agua, pero impulsado por una caldera tradicional de gasóleo –las viviendas cuentan con calderas individuales de gas o radiadores eléctricos para la calefacción–, situada en el corazón del poblado, como es la plaza de San Francisco de Asís. Y allí estará ubicada su sustituta de biomasa.

Grises con toques azules

Los trabajos de rehabilitación integral del barrio alcanzan por ahora a ocho bloques, en su mayoría situados al final de la calle Caamaño, además de la torre, en los que se ha mejorado el aislamiento con el denominado Sistema de Aislamiento Térmico Exterior (SATE), que consiste en «mejorar el rendimiento térmico y acústico de los bloques con una capa de poliespán pegado con mortero y una capa final de acabado con arena», que luce el color gris que en adelante será el denominador común de todo el poblado. Los toques azules los pondrán las planchas de revestimiento de las cubiertas y de los balcones, según explica Diego López, jefe de obra de Ista, la empresa vallisoletana que está llevando a cabo dichos trabajos.

El proyecto en sí procede de un plan de la Unión Europea (UE) presentado en 2015, que pretendía mejorar la eficiencia energética de las veteranas viviendas y reducir, por extensión, las emisiones de gases. De ahí la inclusión de la mayor caldera de biomasa para pisos proyectada hasta la fecha en la ciudad. La UE aporta 3,6 millones de euros para los trabajos, mientras que el Ayuntamiento invertirá 1,4 y el resto, 1,1, lo tendrán que abonar los propios vecinos a razón de 3.000 euros por vivienda.

Los residentes, al margen del revestimiento de las fachadas y de la posibilidad de engancharse a la caldera de biomasa, cuentan con la opción de renovar la cubierta –la mayoría lo están haciendo–, sustituir las ventanas y, en algunos casos, aprovechar las obras para instalar el ascensor a través del patio interior.

Los trabajos, que deberán estar concluidos antes del próximo verano, se extenderán en unas semanas a los inmuebles que faltan por sumarse al bosque de andamios en el que se ha convertido el poblado de Fasa; al igual que está ocurriendo en paralelo en otros proyectos de rehabilitación que alcanzan a otros dos barrios de la capital, como son el del Cuatro de Marzo y, en especial, el polígono del 29 de Octubre (Pajarillos).

La intervención cambiará para siempre la fisonomía de un poblado obrero que nació al calor de la revolución industrial que en los años sesenta vivió la ciudad y que encabezó la firma automovilística del rombo que impulsó estos bloques. «La mayoría eran casas muy frías y ahora, al margen del cambio de color –de rojo y amarillo a gris y azul–, vamos a ganar mucho y, en teoría, también a ahorrar en calefacción», coinciden en señalar Ana y Paquita, dos veteranas del barrio. La primera, de hecho, se mudó allí hace 51 años, cuando su hijo cumplió 3, previo pago de «algo menos de doscientos mil pesetas». A ella le gusta el resultado de la remodelación de un poblado que a mediados de los años sesenta cerró el ensanche de la capital por el sur con vistas a la antigua carretera de circunvalación.

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