El agua no cala en el espíritu motero

La concentración Pingüinos, pese al frío y el agua, cobra impulso con fieles participantes que resaltan el ambiente y las buenas instalaciones del nuevo emplazamiento en la antigua Hípica Militar

Los moteros se refugian de la lluvia en la Acera Recoletos./Gabriel Villamil
Los moteros se refugian de la lluvia en la Acera Recoletos. / Gabriel Villamil
ICA

No importa ni la procedencia, ni la edad, la moto o la vestimenta que se lleve. El espíritu motero como nexo común es lo que preside Pingüinos que, dos años después de los problemas que amenazaron con una posible desaparición, retoma unas señas de identidad que sus miles de participantes exhiben con orgullo a quien quiere preguntarles por su experiencia en medio del frío invernal de Valladolid a primeros de año.

Al tradicional desfile de banderas en la plaza de Colón y la acera de Recoletos se suma la presencia de una lluvia abundante, que es como agua bendita en épocas de fuerte sequía en la meseta, y que no aplaca los ánimos de los participantes ni del masivo público asistente, entre el ruido, el humo y el fuerte olor a gasolina. Miles de personas que aman la moto van de un lado a otro para admirar máquinas de todo tipo, tamaño y cilindradas.

Las exhibiciones moteras organizadas en un circuito cerrado, los continuos acelerones y una megafonía que añade muchos decibelios apenas dejan hablar a Toni, un claro ejemplo de fidelidad a Pingüinos junto otros quince miembros de la la Asociación Ángeles Guardianes, procedentes de Valencia. El colectivo lo integran en varios puntos de España profesionales de la moto que desempeñan su labor como policías locales, nacionales y guardias civiles. «Estamos muy contentos de estar un año más aquí y el hecho de que haya lluvia, frío o nieve es un aliciente siempre por que para eso esta concentración tiene el nombre que tiene», sonríe.

«La organización está muy bien, la doy un diez, y ya llevo once años viniendo»

El motero valenciano no esconde su pasión por las «delicias gastronómicas» con las que cuenta Valladolid y que no se cansa de probar, los paseos por la campa de la Hípica Militar «y luego a dormir al hotel que es lo suyo», añade, ya que en tierras valencianas cuesta acostumbrarse mucho a sufrir bajas temperaturas.

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«La organización está muy bien, la doy un diez, y ya llevo once años viniendo, coincidiendo con compañeros de Granada, Jaén, Zaragoza, Ceuta, Melilla, Fuerteventura, Mallorca, Ibiza y Andorra por citar los lugares más alejados, pero estamos en todos los sitios», indica el miembro de la Asociación Ángeles Guardianes de Valencia.

Sin fronteras

Fernando debuta como ‘pingüinero’ procedente de Barcelona y atraído por el consejo de su amigo Paco, que acude desde hace cinco años y le escucha atentamente mientras da buena cuenta de un bocadillo de chorizo frito. «El año que viene me voy a la campa que es donde está el mejor ambiente», sostiene, ávido de experiencias moteras y sin ningún miedo al frío. «Se puede aguantar bien y prefiero la lluvia que la nieve o el hielo porque es más peligrosa en la conducción», opina.

A los amigos catalanes se suma al poco tiempo Manuel, que viene de Toledo. «Me han engañado y aquí estoy por primera vez, con un gran ambiente, muchas actividades y un recinto muy b ien acondicionado para acoger a miles de personas. Se trata de pasarlo bien entre bocatas, cañas y conciertos y socializar con la gente, que es lo mejor de todo», arguye.

«Se puede aguantar bien y prefiero la lluvia que la nieve o el hielo porque es más peligrosa en la conducción»

En otro grupo, en este caso femenino, se juntan dos amigas de Valladolid capital, Laura y Raquel, que llevan años disfrutando de Pingüinos, de sus motos y de las grandes amistades hechas en las concentraciones. «Desde pequeñas, aunque es mejor dormir en casa que en la campa, disfrutamos enormemente del ambiente que se crea aquí con las motos», resaltan.

A su vez consideran que la instalación de la antigua Hípica Militar «está mejor que el año pasado y es mucho más cómoda para los participantes», al tiempo que explican que les es muy grato «tomar algo y acudir a los conciertos con moteros» con los que se juntan una vez al año. «La diversión en torno a la moto es única», aseveran al unísono.

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