Boecillo recupera su esencia motera

  • Los participantes de Pingüinos realizaron una excursión al municipio, donde disfrutaron de un aperitivo y exhibiciones de stunt

No era una excursión más, desde luego. Sí se parecía en el trasiego previo, en el ir y venir de motos continuo, desenfrenado, rumbo a la salida, como otros años. Y en la enorme columna de participantes dispuestos a darse un paseo cómodo entre pinares, con una luz espléndida por culpa del sol de invierno. Pero esta vez el destino no era Mojados, que tantas veces acogió con hospitalidad ejemplar a los moteros en otras tardes de viernes pingüinero. Esta vez la meta era Boecillo.

  • Excursión de los moteros de Pingüinos a Boecillo

Y decir Boecillo es decir una de las casas de los Pingüinos. La que fue su sede durante siete ediciones, entre los años 2001 y 2007. Una sede magnífica en la que la concentración creció hasta acomodarse por encima de los 20.000 inscritos, donde celebró su vigésimo aniversario y también sus bodas de plata. Una sede que dejó su huella, como todas las demás, y que después pasó a ver cómo sus adorados pingüinos, los que llenaban de luces y humo la subida junto al Casino en el desfile de antorchas, emigraban a Simancas y posteriormente a Puente Duero.

Así que Boecillo, que el año pasado fue la primera localidad después de la capital en acoger una Fiesta Nacional de la Moto que será itinerante por la provincia de Valladolid, apostó este año por quitarse el regustillo amargo del adiós de Pingüinos. Por recobrar la esencia motera que tuvo durante siete ediciones, que es como decir una quinta parte de la vida de la concentración. Hasta este año, cuando la capital acoge por séptima vez la cita para establecer la igualada a siete, Boecillo era la segunda gran sede de Pingüinos por número de ediciones, solo superada por Tordesillas.

Por eso la cabalgada hasta Boecillo tuvo un toque nostálgico para los más veteranos. Cristian, por ejemplo, acudió ayer con su BMW RT 1200, muchos años después de haber vivido Pingüinos por primera vez con un ciclomotor. Las calles se llenaron de motos gracias a que la participación, una vez más, fue masiva. El pincho y la exhibición de stunt devolvieron el calor motero a la localidad hasta que llegó el momento de volver a la antigua Hípica. Y Boecillo vio, de nuevo, marcharse a sus pingüinos, aunque quizá, quién sabe, con la promesa de volver el año que viene, en la próxima excursión.