Así era Óscar Puente como actor (de éxito)

Óscar Puente interpretando a Valerio en 'El Avaro' de Molière, en el Teatro Maravillas de Madrid, en julio de 1995 / El Norte

El actual alcalde de Valladolid vivió con la Compañía de Juan Antonio Quintana las mieles de la popularidad durante 500 funciones de 'El avaro', entre otras obras teatrales

Arturo Posada
ARTURO POSADAValladolid

La vida cambió mucho para Óscar Puente en 1989. Con 20 años, el actual alcalde de Valladolid decidió llamar a la puerta del Aula de Teatro de la facultad, de Derecho, donde cursaba sus estudios universitarios. El director al frente era Juan Antonio Quintana. Sin pensárselo dos veces, Quintana le agarró, hizo leer un papel al joven aspirante y le espetó «¡tú te quedas aquí!». Al día siguiente, Óscar Puente ya estaba ensayando para unos encuentros nacionales que organizaba el Aula Triste como homenaje a José María Rodero. «Pasé de no haber hecho teatro en mi vida, ni siquiera en el colegio, a ensayar todos los días», relata. Durante los siguientes diez años, Óscar Puente se convirtió en actor profesional, etapa en la que saboreó los laureles del éxito y las ovaciones del público.

Primero, Puente compaginó su nueva vocación con los estudios. Pisó poco por clase (su hermana, con la que compartía curso, le facilitaba los apuntes) y preparó exámenes encerrado en habitaciones de hotel. Ya como abogado, trabajaba hasta las seis de la tarde en un despacho de Madrid y luego se vestía de Valerio para interpretar 'El Avaro', de Molière, en una versión adaptada por Enrique Llovet y dirigida por Juan Antonio Quintana que tuvo un éxito descomunal y que alcanzó las 500 representaciones, dentro y fuera de España.

Estreno

«Lo estrenamos en el Palacio de Santa Cruz [1992], en un Festivalia que organizaba la Universidad de Valladolid, ante 1.200 personas. De ahí fuimos al Teatro Zorrilla en ferias. Habíamos acordado tres días, pero las entradas se agotaron en una hora, y hubo que ampliarlo a nueve días, con todo vendido», explica Puente.

Reseña en El Norte en 1992.Óscar Puente a la derecha de la fotografía, con otros actores de la Compañía de Juan Antonio Quintana.
Reseña en El Norte en 1992.Óscar Puente a la derecha de la fotografía, con otros actores de la Compañía de Juan Antonio Quintana. / El Norte

La llegada a los teatros de Madrid supuso todo un 'boom'. Una crítica muy favorable del implacable Eduardo Haro Tecglen en 'El País' el 25 de agosto de 1994 convirtió 'El avaro' en la obra que había que ver. La reseña rezaba: «Quintana dirige a sus compañeros y hace sus inventos de escena con solvencia; todos tienen dicción y prosodia. Rompen así la clausura veraniega del teatro; llevaron ellos unos espectadores que se rieron mucho, que aplaudieron la seguridad y la solvencia de la compañía [...]».

«Haro Tecglen no dejaba títere con cabeza», recuerda Óscar Puente, «pero a nosotros nos hizo un panegírico». «Llegamos a los suplementos dominicales de El País, de ABC... Fue el éxito del año. Estuvimos hasta Navidades en el Teatro Príncipe de Gran Vía, que cerró por un problema con la licencia, y nos marchamos al Maravillas. Estuvimos hasta julio y como primeros de taquilla. Y eso que en La Latina actuaba Lina Morgan con un comercial a tope, un 'arniches', 'Es mi hombre', que contaba con José Sazatornil como protagonista. Lo nuestro fue la bomba. Vinieron a vernos Almodóvar, Arturo Pérez-Reverte... Por allí pasó todo Madrid».

Éxito en París

La obra trascendió las fronteras nacionales y llegó hasta Francia. «No ha habido un éxito en el teatro de Castilla y León como 'El avaro'. Jamás», señala Puente. «Y probablemente no lo habrá nunca. El primer 'molière' que se representó en castellano en París fue la obra que hicimos nosotros. Fue en un mítico teatro, l'Épée de Bois, en La Cartoucherie».

En España, otro de los momentos cumbre llegó en el Corral de Comedias de Almagro. »Por entonces, podríamos llevar ya unas 200 funciones», calcula Óscar Puente. «Todo estaba muy rodado y, cuando interpretas mucho una función, hay un momento en el que llegas a cierto nivel de automatismo. Sin embargo, estrenar en Almagro fue como empezar de nuevo. Teníamos unos nervios terribles. Es el santuario del teatro, con un público que es la 'crème de la crème'. Salimos al escenario con una responsabilidad muy grande. Al final, fueron seis días maravillosos, todo ovaciones en pie, algo increíble».

El éxito no cambió la percepción que Óscar Puente tenía de su vida profesional. Disfrutaba mucho sobre las tablas, pero no pensaba que sería actor toda su vida. Como el trabajo venía solo (entre diez y doce representaciones al mes, como mínimo), ni siquiera contaba con un agente. A diferencia de otros actores y actrices de la compañía, como Diego Martín o Eva Hache, que tenían claro que serían profesionales en el mundo del espectáculo, Óscar Puente vio cómo el teatro llegó a su vida y, diez años más tarde, se evaporó con el mismo arte de birlibirloque.

«Juan Antonio Quintana saltó a la televisión para hacer 'Ana y los siete', después de que lo fichara la Compañía Nacional de Teatro Clásico en Madrid y ahí ya se cortó todo. Lo dejé con 31 años y estuve cinco años pasándolo muy mal. Iba al teatro y sufría. Tenía un gusanillo total. Luego se pasó y ahora ni me lo planteo. Ya no me veo ahí», dice el actual alcalde de Valladolid.

Trabajar a las órdenes de un actor y director de la talla del vallisoletano Juan Antonio Quintana no fue fácil para Óscar Puente. «Mi relación personal con él ha sido siempre muy buena, casi familiar. Pero, como director, Juan Antonio era insoportable. Lo digo con todo el cariño: exigente no, lo siguiente. Enfermizo. Obsesivo. Perfeccionista. Detallista. Teníamos un iluminador que se lo sabía todo, Germán, un profesional como la copa de un pino. Pero él dirigía el montaje de los focos en cada teatro al que íbamos. 'Ese foco, no, muévelo un poco más para allá'. Era un enfermo del teatro, obsesivo con el detalle hasta la extenuación».

Juan Antonio Quintana y Óscar Puente, durante una representación de 'El avaro' en 1995.
Juan Antonio Quintana y Óscar Puente, durante una representación de 'El avaro' en 1995. / El Norte

Afortunadamente para Puente y el resto de actores de la Compañía, el ayudante de dirección, Ricardo Vicente, permitía que aflorase una arista personal en las interpretaciones. «Ricardo era una gozada para el actor. Te daba las herramientas y tú las tenías que utilizar. Te hacía preguntas para que encontraras el camino. '¿Por qué hace esto el personaje? ¿Por qué lo dice? ¿Qué está sintiendo?'. Juan Antonio, en cambio, te marcaba cada personaje: 'tienes que hacerlo así, así y así'».

Óscar Puente ve a Juan Antonio Quintana como un actor que ha encajado perfectamente en las obras de Moliére. «Yo creo que escribía sus obras pensando en tipos como Juan Antonio. Lo bordaba. Le he visto hacer un Tartufo increíble. Y 'El enfermo imaginario'. Él tiene mucho en su persona de personaje molieresco».

Las 500 interpretaciones de El Avaro, y sus correspondientes ensayos, dieron para un sinfín de situaciones y anécdotas. «Había mucha tensión. Eran muchas horas juntos, horas de furgoneta, de camión, de escenario... Yo estuve en un hotel de Madrid casi un año metido con el mismo tío, Chema Noci, que hacía de cocinero en 'El Avaro'. Entre las anécdotas, recuerdo que la gente no quería que condujera Juan Antonio porque era como un piloto de Fórmula 1 e iban aterrorizados. Me pedían: 'Por favor, conduce tú'. En la última función que hicimos en el Príncipe de Gran Vía, a Eduardo Usillos le dio por quitarse la peluca en la última escena y se la metió debajo del brazo a Juan Antonio Quintana. Nadie tenía previsto aquello, nos dio la risa y no pudimos acabar el espectáculo. El público, en vez de tomárselo mal, se contagió y creo que alguno hasta se meó. Bajamos al camerino llorando de risa».

El pasado como actor de Óscar Puente no se queda únicamente en el Valerio que interpretó con tanto éxito en 'El avaro' y del que aún recuerda frases («¡El dinero es el bien supremo!», declama). «Antes hice 'Romeo y Julieta', luego 'Don Duardos', de Gil Vicente. Y 'Don Perlimplín', de Lorca, así como un 'merimèe' en el que interpretaba al virrey de Perú». La carrera como actor de Óscar Puente acabó con un monólogo de Goethe y música de Beethoven con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León.

Ahora, Óscar Puente sigue consumiendo teatro. «Como alcalde, tengo que ver lo que se hace el Calderón, en el LAVA. ¿Mis gustos? Hay actores nacionales muy buenos: me gustaba mucho [Josep Maria] Flotats. Y nuestras actrices: Lola Herrera, Concha [Velasco], que hizo una Reina Juana descomunal. También me gusta mucho Corsario, para mí la mejor compañía de teatro clásico que queda en España. En los últimos tiempos me ha impresionado Carmelo Gómez en 'El alcalde de Zalamea'. Estaba muy bien en ese papel».

Ficha de El avaro

Autoría:
Molière
Adaptación:
Enrique Llovet
Dirección:
Juan Antonio Quintana
Escenografía y vestuario
Mery Maroto
Iluminación:
David Val
Música:
selección de Vivaldi, Corelli y Pergolesi.
Intérpretes:
Juan Antonio Quintana, Ricardo Vicente Alonso, Pilar Castelao, Óscar Puente, Lucía Quintana, Eduardo Usillos, Esther Izquierdo, Ángel Rojo, José María Noci, José A. Cantalapiedra, Diego del Pozo, Carlos Martín, Eva Hernández y Santos Ucero.

Los aplausos y ovaciones aún resuenan en el pasado como actor de Óscar Puente. «He pisado prácticamente todas las tablas de España y he pisado Francia y Portugal, donde interpreté Don Duardos en el María II de Lisboa, uno de los teatros más importantes de Europa. Y qué suerte tuvimos con 'El avaro'. Cayó tan bien... Por ejemplo, aquellas noches en Salamanca, con un público fabuloso, estudiantil, entregado, cómplice, con risas, del que oías hasta los comentarios. Lo que vivimos entonces fue increíble. Unos años de magia. Antes no era consciente, pero ahora echas la vista atrás y te das cuenta del privilegio que supuso todo aquello»..

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos