Ocho cardenales beatifican en Madrid a 60 mártires de la Guerra, entre ellos a tres vallisoletanos

El cardenal Angelo Amato (c), prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, ha oficiado la ceremonia de beatificación de 60 mártires de la Familia Vicenciana asesinados durante la guerra civil española, hoy en el Palacio de Vistalegre ante más de 3.000 fieles./Efe
El cardenal Angelo Amato (c), prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, ha oficiado la ceremonia de beatificación de 60 mártires de la Familia Vicenciana asesinados durante la guerra civil española, hoy en el Palacio de Vistalegre ante más de 3.000 fieles. / Efe

El cardenal Angelo Amato invita a recordar a los mártires de la Guerra Civil para no repetir «el terror de esos años»

El Norte
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El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, el cardenal Angelo Amato, ha invitado este sábado a recordar a los mártires de la Guerra Civil española -entre ellos, los 60 que han sido beatificados este sábado 11 de noviembre en Madrid- para que no se repita «el terror de aquellos años oscuros».

«Con frecuencia en España se realizan beatificaciones de mártires de la fatídica persecución religiosa de los años 36 al 39. La Iglesia celebra estos eventos con un doble propósito: para invitar a los fieles a permanecer firmes en la fe y para exhortar a todos a evitar el terror de aquellos años oscuros que cubrieron vuestra hermosa patria de la sangre de personas inocentes e indefensas», ha indicado durante la ceremonia de beatificación de 60 mártires de la Guerra Civil española, pertenecientes a la familia vicenciana y que ha tenido lugar en el Palacio de Vistalegre de Madrid.

En este sentido, ha insistido en que «no se puede ni se debe olvidar esa trágica historia, un ejemplo de heroísmo cristiano pero también una página oscura de crueldad gratuita contra personas indefensas e inocentes», para «que no se repita una oleada similar de odio fraticida».

Entre los mártires beatificados este sábado, hay tres de Valladolid, 39 de Madrid, seis de Cataluña, tres de la Comunidad Valenciana y doce de la diócesis de Cartagena-Murcia. La ceremonia coincide con los 400 años del comienzo del carisma vicenciano (de San Vicente de Paúl).

Los nuevos beatos de la diócesis (que ya cuenta con seis santos y 26 beatos nacidos en su actual territorio) son Ponciano Nieto Asensio (1875-1936), Laureano Pérez Carrascal (1876-1936) y Victoriano Reguero Velasco(1902-1936). Los tres murieron entre septiembre y noviembre de 1936 y dos de ellos (Laureano y Victoriano) fueron ejecutados en Paracuellos del Jarama. Ponciano había nacido en Valverde de Campos, aunque su padre era de Tudela de Duero.Laureano procedía de la parroquia de San Martín (su padre fue vecino de Peñaflor)y Victoriano fue bautizado en la parroquia de San Nicolás (aunque su familia paterna descendía de Villavicencio de los Caballeros).

Según ha precisado el cardenal Amato, en la documentación de la causa de beatificación se evidencia que la única razón de sus asesinatos fue «el hecho de ser católicos».

En concreto, ha indicado que en aquellos años, «en muchas regiones españolas reinaba el hostigamiento y la arbitrariedad más absoluta con el único objetivo de aniquilar a la Iglesia católica» y ha lamentado que «los lugares de culto fueron incendiados, los conventos clausurados, las escuelas ocupadas y la gente encarcelada y asesinada».

«Ola de vandalismo ciego e ignorante»

«Esta ola de vandalismo ciego e ignorante destruyó objetos y monumentos del pasado, precioso patrimonio artístico de España. No hubo ningún respeto a la libertad y dignidad de las personas, fue una tormenta que azotó violentamente a la nación cubriéndola de polvo, de humo, de sangre y de cadáveres; fue una macabra exaltación del mal y del odio», ha zanjado.

Por ello, ha puntualizado que celebrar a los mártires de la persecución religiosa es al mismo tiempo «celebrar el misterio del amor absoluto de Dios» y «acercarse al misterio del mal absoluto causado por el enemigo de Dios».

«Los mártires nos introducen en el luminoso horizonte de la auténtica humanidad, sus verdugos por el contrario, en las tinieblas del corazón humano. Los primeros nos edifican, los segundos nos obligan a repudiar sus malvadas acciones», ha matizado.

En cualquier caso, ha ensalzado el coraje y la firmeza en la fe con la que estos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos católicos respondieron a esta «persecución ciega e inhumana».

En concreto, ha puesto algunos ejemplos como el del padre Vicente Queralt, «un sacerdote culto, buen orador, que distribuía entre los necesitados todo lo que recibía de su familia», que fue capturado y fusilado el mismo día; el de los jóvenes Manuel Trachiner Montañana y Vicente Cecilia Gallardo, capturados en la carretera de Canillas al ser encontrados llevando en sus maletas la sotana y el crucifijo; o el del religioso paúl José Ibáñez, que tras ser detenido cuando iba a celebrar misa en un hospital madrileño, «fue obligado a caminar desnudo, fusilado, abandonado y descuartizado».

«Estos son solo algunos ejemplos de los atroces sufrimientos, ellos son testigos de la vida buena del Evangelio, sus asesinos no honran la dignidad de ser humano», ha indicado Amato. No obstante, ha añadido que los cristianos también deben «orar por los verdugos» y «perdonar» como lo hicieron los propios mártires cuando iban a ser asesinados.

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