Numeroso público en el primer encierro de las fiestas de Olmedo

Primer encierro tradicional durante la jornada inaugural de las fiestas de Olmedo. / C. C.

Cohetes, música y toros se aúnan en las fiestas patronales de la villa

C. CATALINAOlmedo

Cientos de olmedanos ataviados con la indumentaria peñista se dieron cita ayer en la Plaza Mayor de la localidad a primera hora de la tarde de ayer para asistir al acto inaugural de las fiestas patronales en honor a San Miguel y San Jerónimo, animado por la banda de la Asociación Musical Villa de Olmedo y la charanga local Botarate Chow, que abrieron el alcalde, Alfonso Centeno, junto dos ediles de su equipo de gobierno y la portavoz del grupo socialista, quienes izaron a los sones del himno nacional las enseñas nacional, autonómica, provincial y local.

Después, ya en el balcón consistorial, el protagonismo fue para la reina de las fiestas, Lydia Ferrero, y sus tres damas de honor, Juliana Riaño, Desirée Núñez y Alicia Fernández. Las cuatro, acompañadas por el concejal de Festejos, Sindo Valero, se encargaron de prender los cinco potentes cohetes anunciadores del inicio de las fiestas y de efectuar la suelta de globos ante los presentes.

Tras el almuerzo y la sobremesa, daba comienzo en los corrales de la dehesa el primero de los encierros tradicionales al estilo de la villa, declarados de Interés Turístico Regional desde 2009, con miles de personas apostadas a lo largo de las talanqueras. Un festejo en el que se soltaron cuatro novillos de la ganadería cacereña de los Hermanos Sánchez Urbina, acompañados por media docena de cabestros, que fueron conducidos por los dos centenares y medio de caballistas autorizados desde los corrales hasta el Mirador del Hontanar, donde se sitúa el embudo que desemboca en el recorrido urbano hasta el coso.

El encierro comenzó con algo más de minutos de retraso y no culminó con toda la manada unida, ya que se disgregó apenas superó el paso por la carretera de Matapozuelos, lo que hizo que los bravos, que en varias ocasiones derrotaron contra el vallado, fueran entrado de uno en uno en intervalos de diez minutos merced a la pericia y el trabajo de los aficionados a pie. Haciéndolo por último arropados por medio centenar de jinetes los tres cabestros restantes, ya que los otros tres lo hicieron junto a un novillo.

Tras el festejo, los aficionados taurinos más valientes se acercaron a la plaza de toros para disfrutar de una probadilla con varios novillos utreros de la ganadería francesa Los Galos, que protagonizarán el encierro de mañana, festividad de San Miguel, por la tarde. Allí los más puestos en tauromaquia popular a cuerpo limpio deleitaron al público con sus cortes, quiebros y saltos ante los astados.

La fiesta continuó después en el patio aledaño a la iglesia de San Pedro, convertida hace años en Centro de Artes Escénicas, donde la reina de las fiestas y sus damas de honor invitaron a los peñistas y vecinos a limonada y pastas, así como a bailar al ritmo de la charanga.

Ya por la noche, tuvo lugar el segundo festejo taurino de la jornada, una suelta de vacas de la ganadería Cantoblanco por el recorrido urbano, a la que siguió una capea en la plaza de toros. El broche al primer día de las fiestas en honor a San Miguel y San Jerónimo lo puso en la gran carpa instalada en la plaza de Santa María una verbena amenizada por la orquesta pontevedresa Tango.

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