Nueva ocupación de indigentes y grafiteros en el ruinoso cuartel Conde Ansúrez de Valladolid

Fachada posterior del edificio principal del antiguo cuartel Conde Ansúrez, escoltado por las torres de pisos de Arco de Ladrillo./J. S.
Fachada posterior del edificio principal del antiguo cuartel Conde Ansúrez, escoltado por las torres de pisos de Arco de Ladrillo. / J. S.

El derribo del portón trasero y un boquete en la fachada facilitan el acceso al antiguo recinto militar de Arco de Ladrillo, catalogado por su valor histórico

J. Sanz
J. SANZValladolid

Poco o nada queda ya por desvalijar de los restos del antiguo cuartel Conde Ansúrez, una joya militar construida en los albores del siglo XX y abandonada a su mala suerte desde hace dieciocho años, cuando el recinto del paseo del Arco de Ladrillo, que fue inaugurado en 1902 por Alfonso XII, cerró sus puertas para siempre y dio paso a un salvaje proceso de expolio y vandalismo que causó el desplome de seis de sus edificios catalogados y que dejó tocados de muerte a los quince restantes. Así que no es de extrañar que su interior presente hoy un estado más que lamentable de conservación, además de peligroso, que vuelve a ser visitable a raíz de la reciente apertura de un boquete en la fachada principal y del derribo del portón del patio, que facilita el acceso por el parque de la Paz.

Tantas facilidades han vuelto a convertir los restos del acuartelamiento en el blanco de los pintores de brocha gorda, cuyas obras, en forma de grafitis, han vuelto a florecer en cada rincón de sus maltrechos muros. Su presencia, al igual que la de visitantes esporádicos, desde vecinos del entorno hasta jóvenes e indigentes, supone un riesgo más que evidente si se tiene en cuenta que la mayoría de los inmuebles carecen de cubierta –fueron desmontadas literalmente por los chatarreros entre 2002 y 2008– y sus paredes escupen cascotes, en algunos casos, de un tamaño más que considerable. Eso al margen del riesgo de desplome de las edificaciones que a duras penas se mantienen en pie y del mal estado de las descarnadas escalinatas hacia las plantas superiores tanto del edificio principal como de los pabellones de la tropa.

Un conjunto catalogado

Los peligros de pasear por las amplias instalaciones abandonadas, que ocupan una manzana entera entre el paseo de Arco de Ladrillo, las calles Transición y General Shelly y Arca Real (por el parque de la Paz), resultan más que evidentes e, incluso, llevó a los grupos de indigentes que tradicionalmente ocupaban algunos de sus edificios a desistir de hacerlo hace más de ocho años y a mudarse al también abandonado cuartel General Monasterio, que fue definitivamente desalojado, tapiado y vallado hace tres años.

Algunas imágenes del cuartel Conde Ansúrez. / J.S.

Más tiempo llevaba cerrado el cuartel Conde Ansúrez hasta que a finales del año pasado comenzaron a colarse los primeros grafiteros antes de que sus puertas se abrieran de par en par hace unos días. Algunos indigentes, en paralelo, han vuelto a ocupar tímidamente algunos cuartuchos del más que ruinoso edificio principal. Su estado, y el del conjunto del recinto, están pidiendo a gritos una intervención urgente para evitar accidentes y proteger en la medida de lo posible lo poco que queda en pie de un conjunto arquitectónico más que centenario que sobre el papel, al menos, goza del máximo grado de catalogación por su valor histórico. Sus dueños, en teoría, están obligados a conservarlo y las administraciones, también en teoría, a velar por que lo hagan.

La paralización del plan parcial aprobado en el año 2007, que permitía la construcción de 839 pisos en los terrenos de los cuarteles de Arco de Ladrillo, que están en manos privadas desde 2003, supuso su abandono definitivo.

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