El Norte como ejemplo de «empresa vallisoletana» junto a otros 19 supervivientes

Alejandro Royo-Villanova, presidente del consejo de administración de El Norte de Castilla, recoge el galardón.
Alejandro Royo-Villanova, presidente del consejo de administración de El Norte de Castilla, recoge el galardón. / Ramón Gómez

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASVALLADOLID

Eran veinte empresas pero, sobre todo, eran 1.211 años de la historia económica de Valladolid. Puestos allí, sobre el escenario, representaban la evolución del empresariado provincial, muchas veces nacidas de un negocio familiar para, en muchas ocasiones, acabar formando parte de grandes conglomerados. De las veinte galardonadas –19 presentes en la foto, faltó Indal Philips– 14 son más veteranas que la propia Confederación Vallisoletana de Empresarios.

Dos de ellas nacieron en el siglo XIX, Vega Sicilia y El Norte de Castilla.

Y entre ellas, El Norte puede servir como ejemplo perfecto de lo que significa ser «empresa» y «vallisoletana».

«Es divertido cuando empiezas», explicó José Luis Jambrina, de Cárnicas Poniente, que habló en nombre de los galardonados. Cuando El Norte nació, en el sótano de una imprenta con una prensa de mano y muchos más cajistas que redactores, seguro que el reto de no ser un periódico efímero más era, en cierto sentido, divertido. «Luego vas creciendo, que también está bien», siguió Jambrina. Y eso significa más máquinas, nuevas instalaciones, más personal, máquinas diferentes, nuevo personal, otro local, otras alianzas, y más máquinas y otro tipo de personal... En un vídeo proyectado en la pantalla del salón de actos, empresarios vallisoletanos hablaban de los nuevos retos a los que se enfrentan: tecnología, digitalización, ciberseguridad, reconversión a nuevas formas de producción y venta.

Lo dicho. Nuevas máquinas, y nuevo personal, y nuevas formas de vender...

«Pero cuando llegan las crisis, como esta última, dices ¿cómo salimos de esta? Pues trabajando, no hay otra forma», dijo entonces Jambrina. Y reinventándose._Otra vez. Aunque para eso hace falta apoyo, claro. Y el propio Jambrina, sin querer meterse en reivindicaciones extemporáneas en un acto de celebración, no pudo reprimir una petición con aire de queja. «Eso es lo que pedimos a la Confederación Vallisoletana de Empresarios y a las primeras filas –con el alcalde, el presidente de la Diputación, consejero de Empleo, secretario de Estado de la Seguridad Social, presidenta de las Cortes–, trabajar. No todos somos grandes, no todos podemos con todas las cosas a las que nos obliga la administración y necesitamos un poco de poder funcionar. Los que no podemos tener todas esas grandes estructuras tenemos que vivir». Y un aplauso espontáneo interrumpió su alocución.

Porque al fin y al cabo lo que más abundaba en la sala eran empresarios. De los que han sobrevivido hasta ahora, algunos incluso a más crisis. «Nosotros nos dirigimos a ellos como lo que somos, empresarios», reivindicó Ángela de Miguel, que en su discurso tenía escrita la palabra con mayúsculas, «EMPRESARIOS», para enfatizar aún más el significado de un acto como el de ayer. «No es necesario identificarles a través de nuevas palabras como autónomos o emprendedores. Reivindicamos y seguiremos reivindicando la figura del empresario».

Y, como Jambrina, dejó su recado a las instituciones públicas. «Vivimos en un mundo de cambio, y el que no se adapte rápido será expulsado, y las administraciones deben darnos las herramientas que nos permitan esa adaptación, o por lo menos, no estorbar», les arengó. Y sobre el escenario la arropaban 1.211 años de saber hacer empresa.

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