José Luis Arrese, el ministro que quiso poner a la Falange en el camino del Rey

Arrese, a la izquierda del arzobispo García Goldáraz, visitando las casas construidas por la Obra Sindical del Hogar, el 4 de marzo de 1956/Archivo histórico provincial
Arrese, a la izquierda del arzobispo García Goldáraz, visitando las casas construidas por la Obra Sindical del Hogar, el 4 de marzo de 1956 / Archivo histórico provincial

Avanzó en un discurso en el Teatro Calderón, en 1956, su proyecto político de reforzar a los falangistas frente a monárquicos y católicos

Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

En esa familia política no siempre tan bien avenida que sustentaba el poder omnímodo del general Franco, el falangista José Luis Arrese ejerció un papel relevante en épocas clave: en la inmediata postguerra,traicionando su propio ideario para poner a la Falange a los pies de Franco,y a mediados de los años 50, con los tecnócratas al acecho, tratando de hacer del partido único el centro del sistema político. Mientras su éxito en lo primero–la depuración de falangistas ‘rebeldes’– suele pasar más desapercibido en los libros de historia, su fracaso a la hora de reforzar el papel político de Falange es lugar común en todos los relatos sobre lo acontecido en los años 50. Pocos saben, además, que Valladolid tuvo también su protagonismo en esta última operación política.

Arrese, como ministro secretario general del Movimiento, entregando los títulos de beneficiarios de las viviendas sociales ‘José Solís’, el 4 de marzo de 1956
Arrese, como ministro secretario general del Movimiento, entregando los títulos de beneficiarios de las viviendas sociales ‘José Solís’, el 4 de marzo de 1956 / Archivo histórico provincial

Para entenderlo hay que viajar en el tiempo hasta el 4 de marzo de 1956, algunos días después de que Arrese fuera nombrado, por segunda vez, ministro secretario general del Movimiento. Aquel día, en efecto, este arquitecto nacido en Bilbao en 1905, casado con la prima hermana de José Antonio Primo de Rivera, llegó al Teatro Calderón para celebrar la efeméride de la fusión de Falange Española con las JONS, acontecida en dicho escenario el 4 de marzo de 1934. Aquel llamamiento a la «Unidad» en mayúsculas, a «ganar la calle y estructurar jurídicamente el Régimen», era su primer discurso como ministro secretario general del Movimiento; y ya anunciaba su intención de reforzar el papel político de Falange, pues, según sus propias palabras, «si estamos insatisfechos los falangistas es porque muchas de nuestras ambiciones revolucionarias están aún pendientes de realizar y porque la sociedad que nos circunda tiene mucho de injusta y mucho de sucia».

Lo que Arrese pretendía era aprobar un nuevo conjunto de Leyes Fundamentales que, entre otras cosas, evitara la posible concentración de poderes del futuro monarca, otorgando al Movimiento, controlado por el falangismo ortodoxo, un papel político clave. En plena pugna entre monárquicos, católicos y falangistas, el proyecto de Arrese terminó naufragando –la oposición de la jerarquía eclesiástica fue especialmente dura– y precipitando su cese, materializado en febrero de 1957. Era la hora de los tecnócratas, apadrinados por Carrero Blanco y liderados por Laureano López-Rodó.

El bilbaíno cerraba así su segundo mandato como ministro secretario general del partido único, muchísimo más breve que el iniciado en mayo de 1941, aquel en el que tanto empeño puso en liquidar al izquierdismo falangista. Entonces, en plena postguerra española, Arrese no solo domesticó a la Falange para ponerla al servicio de Franco, sino que disputó el poder al cuñadísimo Serrano Suñery trató de conseguir la intervención de España en la Segunda Guerra Mundial al lado de la Alemania nazi. Como era de esperar, la derrota de las potencias fascistas y el lavado de imagen del Régimen, con los católicos en Asuntos Exteriores, provocó su primer cese. Era julio de 1945. Dos meses antes había tenido la oportunidad de acompañar a Franco en su visita a Valladolid, asistiendo, desde el balcón del Ayuntamiento, a la multitudinaria afirmación patriótica organizada en su honor.

El Caudillo le dio la tercera oportunidad a finales de 1957, poniéndole al frente del recién creado Ministerio de la Vivienda. Impulsor de los famosos planes de «Urgencia Social» en Madrid, que luego extendería a capitales como Bilbao y Barcelona, en 1959 reactivó el plan de urbanización de lo que años más tarde sería la Huerta del Rey, que desde 1974 le honra con una Avenida a su nombre. Además, como titular de la cartera de Vivienda asistió, de nuevo junto a Franco, a la inauguración del barrio del 4 de Marzo, verificada el 29 de octubre de 1959.

Acreditado teórico del nacionalsindicalismo, colaborador del ejército sublevado en Granada y gobernador civil de Málaga entre 1939 y 1941, su tercer cese como ministro, el 17 de marzo de 1960, marcaría su definitivo declive político, pese a seguir como procurador en las Cortes franquistas y consejero del Reino. José Luis Arrese falleció en su casa de la localidad navarra de Corella el 6 de abril de 1986.

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