Memoria Histórica reclama fondos para identificar cuerpos de las fosas del Carmen

El equipo de arqueólogos y biólogos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica inicia sus trabajos en el cementerio del Carmen / Henar Sastre

La asociación emprende la nueva campaña para exhumar cadáveres de represaliados de la Guerra Civil

Víctor Vela
VÍCTOR VELAValladolid

Las manos enguantadas de la arqueóloga Marta Escribano recorren lo que parece ser el murete de la cuarta gran fosa del cementerio del Carmen cuando, entre cantos y tierra removida, algo llama su atención. «¡Aquí!», dice. «¡Un hueso!», anuncia. Las mirada de sus compañeros se dirigen todas al mismo lugar. Sí, es un hueso, del talón de un pie, sin duda, con restos de zapatos alrededor. Ya hay un hilo del que empezar a tirar.

Son las doce de la mañana del primer día de excavaciones en el cementerio del Carmen y el equipo de trabajo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ya empieza a obtener resultados. Es verdad que es pronto para sacar conclusiones.

Es cierto que serán necesarios días para reconstruir los secretos que oculta esta cuarta fosa común del cementerio del Carmen (la de mayor tamaño), pero la primera mañana ya permite diseñar el trabajo que este grupo de expertos tiene por delante para desentrañar este agosto el misterio de este enterramiento de represaliados de la Guerra Civil.

«Lo primero es limpiar el área de intervención y delimitar la fosa», explica Julio del Olmo, presidente del colectivo en Valladolid y el director de las excavaciones. La tarea no ha sido sencilla. Primero, porque se han encontrado la superficie llena de escombros (resultado de alguna obra en algún panteón cercano) y segundo, porque hay que establecer el perímetro exacto de la fosa para fijar el área de trabajo.

De entrada, parece que esta es la de mayor tamaño de las cuatro que se han hallado en el cementerio. Las tres primeras se vaciaron durante la campaña del pasado verano. En la primera se recuperaron 75 cadáveres, perfectamente colocados por los asesinos y enterradores para aprovechar mejor el espacio.

En la segunda no se tuvo tanto cuidado, los cadáveres se fueron lanzando según llegaban al camposanto, y se sepultaron 52 cuerpos.De la tercera fosa se exhumaron 58 cadáveres, con restos de seis cuerpos que confían en recuperar este año, ya que el verano anterior no tuvieron tiempo para hacerlo porque se toparon con un árbol y una acera que complicaron las tareas.

Durante este agosto esperan rematar el trabajo en esta tercera fosa, una vez que concluyan la ardua labor que tienen por delante en la cuarta, con unos «niveles de enterramiento más bajos y unos límites más indefinidos».

«En principio no parece que haya más fosas. Durante este invierno hemos efectuado catas y prospecciones en los caminos cercanos sin que se obtuvieran resultados», reconoce Del Olmo, quien apunta que existe la certeza de que al menos mil represaliados de la Guerra Civil fueron enterrados en el cementerio del Carmen, de acuerdo con los registros.

Hueso del talón

El problema es que muchos de esos cuerpos se encuentran, sin duda, bajo los enterramientos posteriores y será complicada, por no decir imposible, su recuperación. Habrá que ver, por lo tanto, qué depara esta cuarta fosa, que ayer por la mañana ya empezó a ofrecer sorpresas. Por ese hueso de talón en uno de los extremos del perímetro... pero también por otros huesos (de un tobillo y una costilla) hallados en otro punto del enterramiento.

El Ayuntamiento colabora este verano con 10.000 euros para afrontar estos trabajos de exhumación (el año pasado fueron 25.000), pero la asociación se enfrenta después a una evidente falta de fondos para continuar su trabajo.

Porque este no acaba, ni mucho menos, con las excavaciones. Hay mucho tajo después, con la investigación de documentos y el análisis de los cadáveres que permitan su identificación. ¿Quiénes son esas personas que están ahí enterradas?

Conocer la identidad de todas y cada una de ellas (cuando se trata de fosas tan grandes, con tantos restos) será muy complicado, y así lo advierten desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Quizá es más fácil en cadáveres de jóvenes o mujeres (no tan numerosos).

«La intención es recuperar los cuerpos y luego construir un memorial para que reciban un enterramiento digno». Si hay suerte, se podrá incluso determinar el nombre y apellidos de cada uno de los cadáveres allí enterrados. Hay veces en las que ese golpe de fortuna existe. Como en el caso de Lina Neira.

Su cuerpo fue hallado en la fosa número dos, en una capa de superficie en la que había 17 cadáveres. El destino quiso que Lina fuera enterrada con unos alfileres para moños y dos medallas, una de ellas de la cofradía de la Virgen de Castromocho, un pueblo de Palencia.

Dio la casualidad de que llevaba encima esa medalla porque fue apresada, junto con otras catorce personas, durante las fiestas de la localidad, en septiembre de 1936. Los documentos y testimonios de vecinos, conocidos y familiares (su hija sigue viva y tiene 93 años) permitieron reconstruir la escena.

Las pruebas de ADN (en un laboratorio forense de Verín, Orense) han logrado confirmar la identidad. Y es muy posible que entre los 17 cadáveres de esa capa exhumada de la fosa dos se encuentren los otros 14 vecinos de Castromocho que fueron fusilados a finales del verano de 1936.

Pruebas de ADN

«En estos casos -en los que hay posibilidad de contraste- sí que se podrían llevar a cabo pruebas de ADN para determinarlo», explica Julio del Olmo. El problema al que se enfrenta la asociación es la falta de fondos. Cada prueba de ADN cuesta cerca de 600 euros... y el colectivo no dispone de presupuesto suficiente para llevarlo a cabo.

Por eso reclaman una mayor implicación de las administraciones públicas para, con la base de la Ley de Memoria Histórica, financiar estos trabajos mediante líneas de ayudas. «En fosas más pequeñas, como en las que hemos trabajado en muchos pueblos de Valladolid y Palencia, donde se recuperan cinco u ocho cadáveres, es más sencilla la identificación».

En enterramientos más grandes, como estos del Carmen, la tarea se complica mucho y se vuelve casi imposible. Y eso, pese a que las labores para tratar de identificar los cadáveres comienza mucho antes.

Petición de descendientes

Las primeras pistas suelen llegar, en la mayor parte de los casos, a partir de la petición de los descendientes. «Suelen dirigirse a la asociación para que intentemos encontrar los cuerpos de sus familiares». A partir de ahí, el colectivo emprende una ardua tarea de recolección de datos, a través de testimonios y archivos.

«Vamos a las zonas donde creen que pudieron ser llevados y allí preguntamos a los vecinos si saben dónde hay fosas, si conocían a las personas, si saben qué pudo pasar». Una vez localizados los posibles lugares de enterramiento -con la confirmación por catas- comienzan las intervenciones arqueológicas y la exhumación de los cadáveres.

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