Real Valladolid

El difícil reto de alcanzar la felicidad

Verónica, Puri, Juan y Roberto, en una sala de Fundación Personas.
Verónica, Puri, Juan y Roberto, en una sala de Fundación Personas. / ALEJANDRO LEONARDO
  • Cuatro empleados en Fundación Personas cuentan los principales objetivos que se fijaron en sus vidas... y cómo los consiguieron

Hay mañanas de ayuno en las que Juan Antonio de Torre (Salamanca, 1984) se levanta con ganas de comerse el mundo.

–Yesos días, ¿qué haces?

–¿Mi consejo? Te pones frente al espejo y te miras. Fijamente. Yo lo he hecho.Parece una tontería, pero funciona. Te miras y dices: ‘Este va a ser mi gran día’.

Y al final lo es. Basta con marcarse un reto (luego otro, otro después)y luchar para conseguirlo. «Yo sé que si pongo un poco más de mi parte, lo consigo. Con esfuerzo se logran las cosas».

–¿Cuál ha sido tu gran reto, Juan?

–Aceptar que tengo una discapacidad... y sonreírle a la vida.

Cuenta que el cole le costaba, que necesitaba más horas de estudio, que había días en los que el pupitre era tortura. «Me hicieron una valoración. Me dijeron que tenía un retraso mental leve. Y entonces te vienen las dudas. No es miedo. Son dudas. Si eso te va afectar, si te va a ir bien la vida, si conocerás a gente nueva...».

–¿Y lo de la sonrisa?

–Cuando estoy triste me gusta alegrar a los demás. Aunque yo lo esté pasando mal, sé que si animo a otras personas, yo me animaré también.

Juan –apasionado del heavy metal, fan de Iron Maiden– trabaja en un taller ocupacional de carpintería en la Fundación Personas. Por gente como él –con sus retos, sus objetivos cumplidos– es por la que cientos de vallisoletanos saldrán a caminar el próximo 7 de mayo, en la marcha que recaudará fondos para financiar la labor cotidiana de Asprona Valladolid. Después de la aceptación, de la sonrisa, vinieron otros desafíos. Juan quiso adelgazar y se quitó 16 kilos. De 93 a 77. Ha tenido que cambiar la talla de pantalón. «Basta con cuidar un poco la comida y hacer algo de ejercicio». Él sale todas las tardes a compartir kilómetros con su perra Mika.

–¿Y cuál es tu reto ahora?

–Más que un reto es un deseo. Que la gente que tiene discapacidad pueda vivir feliz en pareja. Cuando me falten mis padres, en vez de ir a un piso tutelado, me gustaría vivir con mi novia, casarme con ella.

Ella se llama Esther. Llevan juntos seis años. Se conocieron en una merienda con amigos en el Campo Grande. Esther trabaja también en los talleres de Fundación Personas.

«Gracias a ella soy más feliz».

Pelear por lo que se quiere

Juan no es el único usuario de Asprona que apunta al amor cuando se le pregunta por el mayor logro de su vida. Purificación Moyano(Tudela de Duero, 1963)dice que su felicidad se llama Manolo, su marido desde hace 19 años. Él trabajaba en los talleres de carpintería metálica. Ella en los de encuadernación. Se miraron, se gustaron. Pasado el tiempo se casaron. «Es el amor de mi vida. Gracias a él he visto mundo. Antes vivía más hacia adentro. En mi casa, sin salir, casi. Y ahora...». Puri se quita el anillo dorado que luce en su mano derecha. Hay dos fechas grabadas:14 de febrero de 1993 («el día que me regaló el anillo»), 30 de agosto de 1997. La boda. «Nuestro objetivo es seguir siendo felices hasta que la muerte nos separe».

–No todo el mundo consigue lo que quiere.

–Ya. Santiago, que fue mi monitor de encuadernación, siempre nos decía:‘El que la sigue, la consigue’. Hay que pelear por ello.

Puri explica que esta receta que aprendió de joven no solo sirve para las grandes metas vitales, sino que puede emplearse también en las minucias de lo cotidiano, en las migajas de la rutina. Como si fuera el espejo de Juan, reflejarse ahí para decirse a uno mismo que es capaz y que si pone tesón, las cosas saldrán bien. Ella lo aplica en su trabajo –sacar comida del horno, servirla, limpiar la mesa, preparar cinco tortillas de patata los miércoles, «me salen riquísimas»– en la cafetería que Fundación Personas tiene en su sede de Fernández Ladreda (polígono de Argales). Pero también en su vida en pareja, con Manolo (él trabaja en Macrolibros), y con sus hermanas, la madre, la cuñada.«No he podido encontrar familia mejor», dice Puri.

Las buenas personas

Roberto Gijón (Oviedo, 1969) imaginaba que su futuro seguiría las huellas que dejó su padre como visitador médico. Verónica Álvarez (Valladolid, 1976)pensaba de niña, cuando iba al colegio de Educación Especial de la calle Tórtola, que su trabajo serviría para dibujar la última sonrisa de los cadáveres, maquillar a los muertos antes del viaje final. «Mi madre me decía que para eso había que estudiar mucho, así que lo olvidé», dice Verónica.

–¿Lo echas de menos?

–No. Porque he conseguido otras cosas.

–¿Por ejemplo?

–Ser feliz.

Lo dice con una rotundidad que descoloca. Como si fuera sencillo, ¿verdad? Fácil, ¿no?

Ser feliz.

–¿Eso cómo se consigue?

–No sé. Yo quería vivir con mi pareja, con Roberto. Él está tutelado, pero lo hemos conseguido. Al principio solo los fines de semana, para irnos conociendo, ver cómo funcionaba. Se lo propusimos al tutor y... ahora queremos casarnos. Hay que intentarlo. Cuando nos preguntan, siempre decimos lo mismo. Si quieren hacer lo que nosotros, que luchen. Hay que luchar por lo que uno quiere. Yhacer caso a las personas que te quieren. Pero solo de las que te quieren. Al resto, no.

–¿Y cómo distinguir a unas de las otras?

–Eso es complicado. Amí me pasó–, dice Roberto–.Cuando falleció mi padre, me apoyé en personas que decían que eran mis amigos pero no lo eran. Solo querían quedarse con el dinero de mi padre. Pero siempre hay gente buena. Son esos que están en lo bueno y en lo malo. Que te ayudan de verdad.Amí me ayudó el párroco, una serie de personas, la fundación que me tutela cuando me incapacitaron...

Roberto y Verónica viven juntos desde hace dos años. Comparten trabajo en talleres de retractilado. Él, los viernes, además, completa ingresos en una empresa de cátering. «La convivencia a veces es complicada. Pero todo se resuelve si se hablan las cosas y se buscan soluciones», dice la pareja que se fijó (y logró) el difícil reto de alcanzar la felicidad.