Real Valladolid

Melanie y Tania, ejemplo del voluntariado que ayuda a mejorar Asprona

Melanie Blanco y Tania Gangoso, voluntarias en las propuestas de ocio de Asprona.
Melanie Blanco y Tania Gangoso, voluntarias en las propuestas de ocio de Asprona. / ALEJANDRO LEONARDO
  • Los colaboradores contribuyen a mejorar, sobre todo, la calidad del ocio de las personas con discapacidad intelectual

Las horas que Melanie Blanco (24 años) dedica al voluntariado en Asprona tienen más de 60 minutos. «Yo lo veo así: es un tiempo que regalas a los demás para obtener mucho más a cambio. Lo poco que das, te lo devuelven multiplicado. Te enseñan una nueva forma de vivir. Y sobre todo, te obsequian con su alegría». El tiempo que Tania Gangoso (25 años) presta a los usuarios de la Fundación Personas no alcanza a medirse con reloj porque nadie inventó aún un cronómetro para los sentimientos. «¿Tú sabes la cantidad de vivencias que descubres a su lado? La satisfacción con la que vuelves a casa después de pasar una tarde con ellos es enorme».

Melanie y Tania son dos de las 150 voluntarias que colaboran de forma activa con Asprona, la entidad que trabaja en Valladolid con personas con discapacidad intelectual y que convoca todos los años la marcha solidaria, caminata que recauda fondos para financiar los proyectos de la institución. Pero, además de la colaboración andariega (más de 400 personas ayudarán el próximo 7 de mayo en el buen desarrollo de la jornada), hay otras formas de echar una mano a Asprona a lo largo del año. Por ejemplo, a través de sus proyectos de voluntariado.

Dice Melanie que ella empezó a colaborar en enero de 2013, cuando remataba sus estudios de Trabajo Social. «Pero conozco la labor de Asprona desde pequeña. Cuando estudiaba en el colegio José Zorrilla, hacíamos jornadas de intercambio con el centro del Obregón». Así que, cuando supo de la necesidad de voluntarios, Melanie no tuvo dudas.

«Cualquier persona puede colaborar», explica Rebeca Sanz, responsable del servicio de ocio de Asprona y coordinadora del programa de voluntariado. «Aquellos que colaboran con nosotros reciben un seguro de responsabilidad civil y por accidente. Además, se les ofrecen alternativas de formación sobre las tareas que van a desarrollar, talleres de risoterapia, trabajo en equipo, primeros auxilios o redes sociales».

«El disfrute del ocio es un derecho de todas las personas, pero es verdad que hay ciertos colectivos que lo tienen más complicado para acceder a determinadas actividades». Como ir al cine. A la discoteca. Ode vacaciones. Muchas de estas acciones se organizan a través del programa Pandillas, que todos los fines de semana agrupa a usuarios de Asprona en función de su edad. Yprograman juegos, actividades deportivas, salidas al cine o al karaoke. «También a la discoteca. Les encanta la música. Bailar. Lo que pasa es que salimos a las 19:00 horas y no hay muchos sitios abiertos a esa hora», indica. «Es el momento que pasan con sus amigos, que están sin sus padres... por eso es tan importante para ellos». Y no solo los fines de semana, sino también durante las vacaciones, con los viajes de diez días que suelen hacer en verano acompañados por profesionales y voluntarios. «Este año –dice Melanie– a ver cómo me lo monto. He empezado a trabajar y no sé si podré acompañarles».

Algo parecido le ha pasado a Tania. Hace cinco años se enroló como voluntaria en el programa Pandillas. Este año ha encontrado un empleo los fines de semana y no puede pasar tanto tiempo como quisiera con el grupo del que era voluntaria. «La ventaja que te ofrecen en Asprona es que hay mucha disponibilidad de horarios para colaborar». Ahora, su labor solidaria tiene lugar los martes (con el grupo de teatro de Asprona) y los jueves, con un servicio de atención temprana, en el que cuida y juega con niños de hasta 8 años, mientras sus padres acuden a los talleres.

«Son personas simpáticas, amables, que te dan cariño a poco que les entregues. Yeso no te lo encuentras siempre por la calle», indica Tania. Tanto ella como Melanie lamentan que todavía existan «barreras invisibles» a la hora de tratar a las personas con discapacidad.

«Las actitudes han mejorado mucho, pero aún nos encontramos con situaciones desagradables, con sitios que son reticentes a recibirnos. Por ejemplo, si vamos de vacaciones con un grupo a un hotel, hay otros clientes que a veces no tienen una actitud positiva», indica Melanie. «Cada vez son menos. Y afortunadamente, también se dan los casos contrarios –están creciendo– en los que todo son ayudas. Siempre decimos que la sociedad ha avanzado mucho en la integración, pero que lo importante ahora es la inclusión», concluyen las voluntarias que regalan su tiempo, esas horas que valen más de 60 minutos, a Asprona Valladolid.

El programa de voluntariado tiene su sede en la calle Expósitos, 4.